SITGES 2018: LO MÁS INDIGNANTE

Todo festival tiene sus aciertos y sus errores. En el caso de la edición de este año del Festival de Sitges, donde han concurrido más de 250 películas, eso es todavía más cierto. Este artículo nos sirve para destacar tres títulos que, por razones diversas, nos parece que han destacado negativamente.


APOSTLE, de Gareth Evans

Algo ha pasado con Gareth Evans durante su paso por Netflix. La película no tiene ningún valor narrativo, escénico, creativo ni interpretativo, sencillamente no hay por dónde cogerla. Vemos un precioso plano inicial en el que se acerca un tren y al terminar la película muchos podemos pensar “¿por qué no nos montamos en aquel tren para librarnos de estas dos horas de gratuidad?”. Hay un par de momentos concretos en los que parece que toda esa densidad previa construida a partir de secuencias aisladas que fueron unidas sin ningún tipo de mimo, era en realidad un recurso para aumentar el impacto de su desenlace. No llega a ser así. Evans se siente cómodo en los momentos de acción, al fin y al cabo pudo experimentarlos desde diversos ángulos con las aclamadas Redada asesina (The Raid: Redemption, 2011) y Redada asesina 2 (The Raid II: Berandal, 2014), pero en esta ocasión parece evitar las coreografías para dar lugar a una forzada tensión.

Cuando la película está pidiendo acción Evans se la niega, cuando clama por una continuidad el director decide dar otro giro. Podría parecer que toda esta opinión viene dada por alguien que se esperaba una nueva entrega de The Raid, pero aquí tenéis a un servidor que no ha visto ninguna de las dos entregas y ha podido opinar sin ningún tipo de expectativa.

Igor Fernández

EDERLEZI RISING, de Lazar Brodoza

El apellido del director ya vaticinaba un juego de palabras acorde con la calidad de la película, pero la pornstar Stoya fue reclamo suficiente para entrar a la proyección a curiosear. El resultado, a pesar de disfrazarse de cinta de ciencia ficción existencialista, no se alejó mucho del cine porno mainstream más misógino. Al único tripulante de una misión espacial, Milutin, le imponen la presencia de una androide, creada según sus gustos. El astronauta la usa de esclava sexual, pero el software de su compañera es tan realista que éste piensa que a ella realmente le va ese rollito. Milutin consigue reiniciar a la androide liberándola de sus órdenes preinstaladas, dotándola de libre albedrío. La sorpresa viene cuando ella, dueña por fin de sus actos, le desprecia y rechaza cualquier contacto físico.

Él, que se considera su liberador, su salvador, su CREADOR, se indigna. No entiende este rechazo, y entre enfados y “depresiones” manipula psicológicamente a la androide hasta el suicidio. Y la cosa sigue, pero ya no vamos a desvelar más de la trama, no por respeto a los spoilers sino porque se torna cada vez más vergonzosa. Ederlezi Rising es machismo intergaláctico, disfrazar la ranciedad de modernidad.

Fran Chico

CLARA, de Akash Sherman

“El telescopio… Es un conducto hacia el cosmos”, dice el astrofísico Neil deGrasse Tyson. El conductor de la serie de divulgación científica Cosmos: A Space-Time Odyssey (2014), reactualización de Cosmos (1980) (serie creada por Carl Sagan), propone, en esta frase, la observación como la acción más pura hacia el descubrimiento de los secretos del universo. En la película Clara, un astrónomo observa el espacio exterior en busca de vida sin percatarse de que él mismo también es observado. La ópera prima de Akash Sherman presenta al protagonista dando clase en la universidad mediante un plano general. Los alumnos observan al hombre que observa el cielo. El científico pretende encontrar en el cosmos la vida sin sufrimiento (debido a la pérdida de una compañera sentimental) que la Tierra no le da. Y alguien más le observa. La aparición de una nueva mujer en su vida (aparentemente también científica) le hará confrontar la eterna pugna entre razón y religión.

Akash Sherman es también el responsable de un guion en el que los diálogos se acercan más a “el amor es lo único que trasciende el espacio y el tiempo” de Interstellar (2014), de Christopher Nolan, que al diálogo sobre el amor de El Simposio, de Platón. El enclaustramiento al que la puesta en escena somete a los personajes tampoco ayuda al entendimiento de la tensión constante de un científico que desea encontrar vida más allá de la Tierra pero que es incapaz de asomarse a esa otra vida que le rodea y le observa.

Carlos Rodríguez Martínez de Carneros

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