Sitges 2018

SITGES 2018: LO MÁS DESTACADO

Tras las decepciones, las rarezas, las indignaciones y las sorpresas, toca revisar las películas más destacadas de este Sitges 2018. Climax, la ganadora en Sección Oficial, tiene su crítica en profundidad aparte, así como La noche de Halloween (que coincidió en el festival con el concierto del maestro John Carpenter), Lazzaro feliz (3 galardones en el palmarés), Mandy (presentada por el actor y rey de los memes Nicolas Cage en persona), Maquia: una historia de amor inmortal (mejor película Fantàstic Discovery) y Burning (el retorno de Lee Chang-dong tras 8 años). Y aun así, todavía hay un montón de películas que han marcado una 51º edición del Festival de Sitges con un altísimo nivel cinematográfico. Como por ejemplo…


LA CASA DE JACK, de Lars von Trier

Desde hace algún tiempo, Lars von Trier es recibido mucho mejor en Sitges que en Cannes. La relación de amor-odio entre el cineasta danés y el festival francés vivió otro episodio destacable en la última edición del certamen, en mayo de este año, cuando The house that Jack built (posteriormente traducida para su próximo estreno español La casa de Jack) provocó el rechazo de gran parte del público y la crítica. Abucheos, abandonos y, sobre todo, una reacción de repugnancia invadía gran parte de la crítica más rancia (todo hay que decirlo) y chapada a la antigua. Y von Trier encantado, claro. Porque el polémico director había realizado su película, sobre cinco momentos en la vida de un asesino en serie (Matt Dillon) un tanto peculiar, con la intención de crear ese feedback. Von Trier troleó a Cannes (aprende, Wismichu), pero el público de Sitges se puso en sintonía enseguida con el tono cómico de La casa de Jack.

Y es que La casa de Jack es una comedia, sí, y de las clásicas. Cada segmento nos presenta personajes y situaciones arquetípicas del género, mezcladas con un aura macabra y provocadora dignas del autor que las dibuja. Una exageración de las herramientas audiovisuales más punzantes y viscerales que llega al cúlmen en el capítulo de los niños, un festival del humor negro ovacionado, como no podía ser menos, por los asistentes en el Retiro. Excesiva en todos los sentidos, La casa de Jack también tiene tiempo en sus dos horas y media de soltar varias «indirectas directas» sobre las acusaciones machistas que ha recibido su director en los últimos años, estableciendo un diálogo egocéntrico con el espectador a la altura del mejor Woody Allen.

Von Trier se lo pasaría en grande en Sitges. Y nosotros con él.

Fran Chico

SUSPIRIA, de Luca Guadagnino

Lo único cuestionable del Suspiria de Luca Guadagnino es su título. Invita a compararla con la obra magna de Argento cuando en realidad ambos títulos funcionan de forma independiente. Guadagnino ubica y aísla la acción más que Argento a la vez que decide prescindir de personajes masculinos dentro de la academia de danza (detalle que destaca cuando nos damos cuenta de que se ha prescindido del pianista ciego de la original y se le ha sustituido por una señora). Así, la academia irá fuertemente ligada a una oculta tradición, a su celebración y, sobretodo, a la feminidad. Guadagnino consigue con esta decisión resaltar la penetración de los personajes masculinos en la academia y la defensa extrema de sus guardianas por mantener en secreto dicha tradición, encubierta por medio de la danza.

Con un ritmo solemne llega al último de sus seis capítulos con una conclusión que permanecerá durante un tiempo en la retina del espectador y que recuerda al twist final de Hereditary (Ari Aster, 2018). Si algo queda claro al terminar la película es lo siguiente: Donde antes Argento ponía el ojo ahora Guadagnino pone las manos. Y funciona. A su manera.

Igor Fernández

NACIÓN SALVAJE, de Sam Levinson

Según el diccionario Oxford, Steve Tesich usó por primera vez el término posverdad en un ensayo de 1992 para el semanario The Nation. Tesich escribió: «Nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en algún mundo de posverdad». El término se extendió durante las elecciones a la Presidencia de Estados Unidos de 2016 que dieron comienzo a la América de Donald Trump. La película Assassination Nation nos sumerge en esa América profunda en la que la posverdad ha inundado cada rincón político-social.

Dirigida por Sam Levinson, el filme se vale en su primer tercio de una puesta en escena alocada donde la pantalla dividida representa la fuerte fractura social que se está produciendo en Estados Unidos y los chocantes cortes de montaje sentencian a los personajes principales, cuatro chicas que podrían ser las nuevas brujas de Salem (la acción se desarrolla en este pueblo) de la generación Instagram. Levinson reivindica el feminismo más combativo y deja claro que la victoria contra el patriarcado se conseguirá con acciones de resistencia que llenarían de orgullo al grupo FEMEN.

Assassination Nation ha sido comparada con Spring Breakers (2012), de Harmony Korine, debido a su similar tono en el uso de los colores y su ritmo, solo en el primer tercio, videoclipero, pero en nada coinciden sus discursos. Mientras que en la cinta de Korine las cuatro chicas creían conseguir su libertad a través de su entrega al hombre, en la película de Sam Levinson se oponen directamente a su cosificación con una declaración tan directa del “solo se puede ser feminista para no ser machista”.

Carlos Rodríguez Martínez de Carneros

LO QUE ESCONDE SILVER LAKE, de David Robert Mitchell

«No da miedo», fue la frase que más escuché a la salida de la proyección de la tercera película de David Robert Mitchell. Posiblemente muchos se esperasen una continuación de lo explorado en It follows (2014). Sin embargo Mitchell en esta ocasión se adentra en una exploración con múltiples referencias al noir, destacando por ejemplo la secuencia voyeur en la que transformará de manera prodigiosa su esquema clásico. La sensación de estar ante una comedia es constante y la grandeza de Under the Silver Lake radica en que a pesar de las constantes situaciones cómicas, dicha comicidad se siente envuelta por una constante nube de misterio. No hay un género diferenciado en la película, la mezcla de Mitchell se siente fresca y novedosa cuando evoca al plano/contraplano más clásico o a las tramas románticas de Hitchcock.

Andrew Garfield está soberbio y ofrece la interpretación más desenfadada a la vez que prodigiosa de su carrera mezclando los arquetipos de bufón, galán y sus respectivas sombras. Sabe reírse de sí mismo y disfruta haciéndolo, sensación que traspasa la pantalla y llega al espectador.

Un producto extraño, viejo y nuevo a la vez, que transmite por alguna extraña razón sensaciones refrescantes.

Igor Fernández

DESENTERRANDO SAD HILL, de Guillermo de Oliveira

Ganadora de la sección Noves Visions, el documental de Guillermo de Oliveira parece hecha para un festival como el de Sitges. Una auténtica carta de amor a todos aquellos que sienten el cine casi como una religión. Y sin el casi.

En 2014, un grupo de fanáticos de El bueno, el feo y el malo (Sergio Leone, 1966) crearon la Asociación Cultural Sad Hill con una titánica tarea, prácticamente imposible, entre manos: restaurar la localización de la última escena del filme italoespañol, el cementerio de Sad Hill y sus 4000 tumbas, ubicada en el término municipal de Santo Domingo de Silos, Burgos. El documental nos muestra el maravilloso trabajo de estos «locos», las dificultades que han ido sobrepasando y la fiesta que celebraron en el cementerio en 2016 con motivo del 50 aniversario de la película. Pero no solo eso. Iremos conociendo cada detalle, cada milímetro, de la producción del buque insignia del spaghetti western de la mano de Christopher Frayling (biógrafo de Leone), Eugenio Alabiso (editor de la película), Tonino Delli Colli (director de fotografía), Carlo Simi  (diseño de producción), Ennio Morricone (compositor) y hasta del mismísimo protagonista, Clint Eastwood.

sadhill-mutaciones

Artistas de la talla de Joe Dante, James Hetfield y Álex de la Iglesia relatan la importancia que ha tenido El bueno, el feo y el malo en sus vidas, dando algo de contexto al sentimiento que todo cinéfilo siente por una película, una escena o un actor en concreto. Un amor a primera vista, un nexo para toda la vida que sentimos como único y que nos hace cometer locuras, peregrinar kilómetros de distancia y hasta poner en riesgo nuestra salud. Una experiencia religiosa como, por ejemplo, acudir a Sitges cada año a jalear la silueta de King Kong. Algo incomprensible para muchos, necesario para nosotros.

Fran Chico

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