SISTERS WITH TRANSISTORS

Sororidad sonora

Para los profanos en música electrónica, la perspectiva que ofrece un documental como Sisters with Transistors (Lisa Rovner, 2020) se sitúa a medio camino entre la exploración de territorio desconocido y un acto de fe ciega, consistente en asumir como cierto lo que se explica en él. Una impresión que se certifica a medias durante su visionado, en el que lo interesante de su forma se sobrepone, afortunadamente, a un fondo cuya denuncia de base feminista peca ocasionalmente de una relativa falta de profundidad que, a pesar de su interés, la sitúa a un paso del documental para conversos a la causa.

La historia que se narra en esta película dirigida y escrita por Rovner, igualmente responsable del ingente trabajo de documentación e investigación que la sustenta, resulta sencilla. Sobre el papel, Sisters with Transistors se limitaría a documentar la actividad profesional de las primeras mujeres que abrazaron la música electrónica durante la década de los cincuenta del siglo pasado, para desarrollar un retrato que alcanzaría a las generaciones posteriores hasta llegar prácticamente a la actualidad. Pioneras como la lituana Clara Rockmore, la estadounidense Bebe Barron, o las británicas Daphne Oram y Delia Derbyshire que desde diferentes puntos del globo allanaron el terreno para una nueva generación de creadoras, entre las que se encontraron la italiana Suzanne Ciani y las estadounidenses Laurie Spiegel, Pauline Oliveros o Maryane Amacher, entre tantas otras.

Sisters With Transistors. Revista Mutaciones

Diferentes mujeres cuyas voces, declaraciones y reflexiones, componen por sí solas el discurso histórico y personal que estructura cronológicamente este documental, reuniéndolas alrededor de un espacio compartido situado en los márgenes de una cultura oficial formulada desde lo masculino. Rockmore, de excelsa formación musical, abandonó su más que prometedora carrera como violinista para volcarse en el aprendizaje de un instrumento mucho más aparatoso, el theremín, que sin embargo le permitió encontrar su propio camino creativo, al margen de cualquier imposición. Oram, por su parte, se convirtió en la primera mujer que construyó su estudio personal de música electrónica y también la primera en diseñar y construir un instrumento de música electrónica desde la BBC Radiophonic Workshop. Mientras, Barron, junto a su esposo Louis, fue responsable de la que oficialmente se considera la primera banda sonora electrónica de la historia del cine: la de Planeta prohibido (Fred M. Wilcox, 1956), que fue acogida con temor por el sindicato de músicos cinematográficos, provocando con su rechazo que los Barron fueran condescendientemente acreditados en aquella película como los firmantes de sus “tonalidades electrónicas”.

Pero eso es solo, como se decía líneas atrás, sobre el papel y como parte de un catálogo de (buenas) intenciones. El planteamiento de Sisters with Transistors aúna la reivindicación de los orígenes de la música electrónica, condenada al ostracismo por instituciones culturales en general y musicales en particular, con una denuncia del machismo sistémico, erigido en guardián de las esencias de una cultura temerosa de perder su cuota de poder masculino. Dos líneas discursivas paralelas y hasta reflectantes la una de la otra, que en Sisters with Transistors desembocan en un retrato de aquellos primeros años de la música electrónica como un espacio histórico virgen en el que muchas mujeres pudieron desarrollarse como artistas liberadas de jerarquías y tradiciones culturales masculinizadas. Una consecuencia obvia, pero que afortunadamente se resuelve satisfactoriamente en su plasmación en pantalla durante la primera hora de la película.

A lo largo de este primer tramo, Sisters with Transistors se sustenta, y más que bien, sobre una combinación de testimonios, entrevistas e imágenes de archivo de sus protagonistas con otras instantáneas y reflexiones sobre sucesos históricos ocasionalmente recontextualizados, tan aparentemente inconexa en su causalidad como coherente en su capacidad para generar asociaciones de ideas y sensaciones,  y además muy beneficiada por la ausencia de una narración omnisciente que unifique su discurso, que se dispersa en varias direcciones sin por ello perder interés. Al contrario: la película se desarrolla a través de un intrincado collage de imágenes y sonidos (armonizados, todos ellos, por providencial trabajo de los montadores Michael Aaglund, Mariko Montpetit y Kara Blake y de Martha Salogni, diseñadora de sonido del filme) que la sitúan, a placer en un punto medio entre el reportaje y el ensayo audiovisual en el que casi todo cabe. Al menos durante una parte importante de su metraje, Sisters with Transistors funciona como estilizada caja de resonancia en la que coexisten desde digresiones sarcásticas como la que afirma que las mujeres se hicieron momentáneamente con el control tras la Segunda Guerra Mundial, a cuyo frente fueron enviados muchos hombres que jamás regresaron, dejando a las mujeres al mando de la maquinaria de las sociedades industriales implicadas en el conflicto, con la descripción, próxima  a una epifanía, de la revelación que supuso para todas estas pioneras la toma de conciencia de las oportunidades creativas que les ofrecía el sonido, aparentemente banal, de las máquinas que les rodeaban. Retazos unidos en su fondo por la condición común de mujeres de sus enunciadoras que se ofrecen a ojos del público cosidos por una atmósfera audiovisual muy sugestiva, capaz de componer un cuerpo fílmico tan interesante como amorfo.

Sisters With Transistors. Revista Mutaciones

Lo que, a su vez, provoca una desigualdad considerable entre el interés de Sisters with Transistors como película en sí misma considerada y sus ansias de denunciar el machismo más o menos oculto tras la amnesia histórica retratada por Rovner en calidad de directora y guionista. Su sugerente puesta en escena vacía en parte la capacidad de denuncia del filme, en cuanto su apuesta estética y, sobre todo, su corta duración, hace casi imposible el retrato histórico, de ayer y de hoy, al que parece aspirar. Sisters with Transistots obvia explicar cómo y porqué funcionan las diferentes sociedades, y sus respectivos mecanismos de opresión, que provocaron que todas estas mujeres se refugiaran en la música electrónica para solazar y desarrollar su creatividad al margen de un mundo hecho a medida de los hombres que lo gobernaban y aún lo gobiernan. Una vez ha sido construida esta causalidad, la falta de profundidad de Sisters with Transistors en este aspecto deja en manos del público que resulte válida o no. O, por decirlo de otra forma, la denuncia que vehicula parte del filme de Rovner será rellenada de contenido por los y las conversas a su causa, pero a duras penas convencerá a los escépticos. Por fortuna, la primera hora de la película resulta lo suficientemente interesante en su descripción (y plasmación visual y sonora) del proceso y evolución creativas de todas estas mujeres como para funcionar de forma autónoma respecto a su denuncia, que se ve reducida a un empero efectivo solapamiento del rechazo a la música electrónica por parte de la cultura oficial con su reapropiación en clave feminista.

Sin embargo, el último tercio del filme, paradójicamente el más próximo a nuestros días, acaba por convertirse en una colección de aforismos que denuncian como este espacio de libertad ha perdido su marginalidad, siendo víctima de su estandarización y posterior masculinización (hasta la exclusión femenina) por parte de las instituciones e industria culturales, que pasaron de convertirlo en un instrumento musical, y no en el lenguaje propio al que pudo aspirar. Pero, para más inri, esta derrota (sonora y de género) toma cuerpo desde una perspectiva formal tan aséptica y pulida -en las antípodas de la vivificante atmósfera que desprende el primer tramo del filme, compuesto por imágenes y sonidos de archivo- dejando al desnudo la escasa profundidad de su denuncia. Llegado ese punto de la película, Sisters with Transistors abandona las herramientas que le permitían paliar las flaquezas de un discurso que tal vez habría merecido un metraje mucho más extenso, o incluso de un formato como el serializado, para poder desarrollar plenamente su discurso. Un retrato a priori interesante y necesario que aquí, y pese al innegable interés documental y fílmico de la propuesta, se ve convertido en la punta de un iceberg que cuenta entre sus mayores peligros el que nunca llega a mostrarse en toda su magnitud.


Sisters with Transistors (Reino Unido, 2020)

Dirección y guion: Lisa Rovner / Producción: Anna Lena Vaney, Marcus Werner Hed y Elizabeth Benjamin / Montaje: Michael Aaglund, Mariko Montpetit y Kara Blake / Reparto: Clara Rockmore, Daphne Oram, Bebe Barron, Delia Derbyshire, Maryanne Amacher, Pauline Oliveros, Wendy Carlos, Eliane Radigue, Suzanne Ciani, Laurie Spiegel, Laurie Anderson.

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