SEMINCI 2019 – SECCIONES PARALELAS Y CORTOMETRAJES

Otras realidades

Si la Sección Oficial de un festival justifica (o no) su existencia, de sus secciones paralelas depende el modo en que este se ancla a un lugar y una comunidad concretos. Las secciones paralelas son el espacio de las servidumbres y los reclamos ?para el público medio, el cinéfilo, la alfombra roja, los medios…? y de las reivindicaciones y los riesgos.

Carne (C), de Camila Kater – Sección Oficial
El cuerpo femenino nuevamente como expresión del feminismo y los derechos de la mujer. Cinco mujeres de distinta edad exponen sus vivencias en relación con su cuerpo y lo que ha supuesto el físico en la creación de su identidad. Así es Carne, cortometraje de animación coproducido entre España y Brasil que dirige la cineasta brasileña Camila Kater. A través de los distintos estados en los que puede encontrarse la carne destinada al consumo (cruda, poco hecha, al punto, hecha, muy hecha) se articulan los diferentes episodios que abordan los valores culturales que la sociedad posee sobre el cuerpo femenino. Un notable análisis con una dinámica y fascinante animación que tras su paso por Locarno y Toronto ha conseguido en Valladolid el premio al mejor cortometraje europeo de la Sección Oficial. “Primero, de niña, pensé que era mal negocio haber nacido mujer, porque aquel cuerpo limitaba claramente las libertades”, expresa una de las protagonistas de esta obra. (AdL)
Carne, de Camila Kater

La Semana Internacional de Cine de Valladolid mantiene un cuidadoso equilibrio entre estos aspectos. Junto a las secciones apadrinadas (Movistar+, Cambio climático, Castilla y León, Cine&Vino…), las habituales proyecciones especiales de aniversario (la recuperación de El bosque del lobo, de Pedro Olea, por su 50 aniversario. Bravo.) o los ciclos para pequeños y adolescentes (Miniminci y Seminci Joven, donde se proyectaron títulos nada complacientes y muy dados a la posterior discusión en clase como Girl), destacó el cuidado dedicado a la programación del ciclo Spanish Cinema. Allí se encontraban producciones nacionales a reivindicar (las interesantes Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Salvador Simó; Los días que vendrán, de Carlos Marques-Marcet o Litus, de Dani de la Orden; así como las imprescindibles La virgen de Agosto, de Jonas Trueba, u O Que Arde, de Oliver Laxe) junto a los más señalados estrenos por venir (La hija de un ladrón, de Belén Funes; La inocencia, de Lucía Alemany) o los cortos más destacados de la temporada (Suc de síndria, de Irene Moray; y Leyenda dorada, de Chema García Ibarra e Ion de Sosa).

Además, se sumaban dos importantes retrospectivas: una al cine georgiano, que confirma el compromiso de la Seminci con las cinematografías europeas no tan populares (alguna de las películas del ciclo como Soy un rayo de sol en la Tierra, de Elene Naveriani, ya había participado en la Sección Oficial del festival); y otra al cine chino del siglo XXI, donde uno agradece la presencia de películas menos conocidas como The Pluto Moment (Zhang Ming, 2018) o la recuperación de la película animada Have a Nice Day (Liu Jian, 2017) junto a la presencia ineludible de Wang Bing, Jia Zhang-ke, Diao Yinan y Bi Gan, o la magistral única obra de Hu Bo, An Elephant Sitting Still.

36 horas, de Néstor Mazzini – Punto de encuentro
36 horas es segundo largometraje de ficción del realizador argentino Néstor Mazzini tras Que lo pague la noche (2010). La película aborda con una atmósfera estresante, creada a partir de una agitada cámara y una sofocante música, la carrera a contrarreloj del propietario de una productora audiovisual para hacer frente a un importante pago. Absorbido por numerosas deudas, el protagonista tiene gran urgencia para conseguir el dinero en el tiempo que marca el título del filme, y esta es transmitida a través del frenético ritmo de la narración, donde incluso el día y la noche no parecen diferenciarse. Tragicomedia por momentos bastante oscura y por otros desternillantes que se detiene en la parte más sentimental de los personajes y que dirige su mirada hacia el machismo aún latente en la sociedad argentina. Al mismo tiempo expone otro de los males actuales del país latinoamericano como es el oscuro negocio de los prestamistas. (AdL)
36 horas, de Néstor Mazzini

Sin embargo, corresponde a la selección de cortometrajes y a las secciones de Punto de encuentro’ y ‘Tiempo de historia’ ir más allá de esta recuperación de títulos y poner en circulación y conocimiento aquellas películas y autores que merecen nuestra atención. Entre los cortometrajes, incluidos indistintamente en una u otra sección pero separados en la competición de los largometrajes, hay que destacar Carne, de Camila Kater (comentado por Álvaro de Luna en esta misma entrada), y Community Gardens, de Vytautas Katkus (Lituania), fascinante retrato de un entorno que es capaz de captar la canícula en los aspectos más sensibles de la fotografía y de radiografiar cómo la relación de un padre y un hijo se ve afectada por ese clima de indiferencia. En conjunto, selección irregular de cortometrajes, que incluía otros trabajos tan destacables como Permaneced despiertos, estad preparados (Pham Thien An, Vietnam) o, reminiscente de Ulrich Seidl, All Cats Are Grey In The Dark (Lasse Linder, Suiza) y otros efectistas cuando no morbosos y autosatisfechos como All Inclusive (Lasse Linder, Finlandia). Lo mismo sucedió entre los cortometrajes animados. Algunos demasiado insulsos (Per Aspera Ad Astra, de Franck Dion, Francia) y otros, los peores, más apropiados para una escuela de marketing en la que encontrar un concepto ingenioso basta (Matches, de Géza M. Tóth, Hungría). Con todo, sería injusto no destacar la magia de The Physics of Sorrow (Theodore Ushev, Canadá), que con un dibujo impresionista que remite a Van Gogh representa en pantalla una narración inadaptable sin temer al desafío de dar forma a sentimientos y conceptos abstractos.

Fin de siglo, de Lucio Castro – Punto de encuentro
Mediante un encuentro sexual fugaz, Ocho y Javi cruzan sus caminos en un apartamento de Airbnb en Barcelona, aunque no tardan en percibir que ya se conocían. Hace veinte años, cuando el fin de siglo se acercaba y ambos eran unos veinteañeros dispuestos a comerse el mundo, se encontraron por primera vez. Así inicia Fin de siglo la relación que entrelaza, deshace, y reconstruye las vidas de Ocho y Javi. Un viaje en el que el pasado, el presente y las expectativas futuras se funden en un único relato, y que sirve de comparación entre la ilusión veinteañera y la estabilidad de la madurez. Las expectativas juveniles de cómo serían sus vidas, hoy se han convertido en desengaños reales. El recuerdo del pasado jovial se adapta a sus éxitos y fracasos actuales. ¿Es Fin de siglo una construcción de las hipotéticas vidas de dos veinteañeros en el siglo XX o es la modificación de los recuerdos de dos cuarentones? (BGL)
Fin de siglo, de Lucio Castro

Dado que la inclusión de una película en la sección ‘Punto de encuentro’ o ‘Tiempo de historia’ responde meramente al criterio, por fortuna en desuso, de separar rígidamente ficción de documental, podemos hablar de ambas en conjunto y de sus títulos indistintamente. Ambas secciones sirven como acercamiento a otras latitudes y entornos desconocidos. Oray, de Mehmet Akif Büyükatalay (Alemania), toma como protagonista a un musulmán de segunda generación, gitano-macedonio de origen otomano, para mostrar sin juicios los conflictos, esperanzas y matices religiosos del islam (y cómo cambian de una a otra comunidad) vistos desde dentro. Más coral, pero con una estética igual de inmediata, O fim do Mundo (Basil da Cunha, Suiza), muestra la vida en un barrio muy pobre de Lisboa en un afán por retratar sus gentes. Se tratan de películas que permiten asomarnos a realidades desconocidas y entenderlas desde dentro, con una puesta en escena casi documental que prioriza ante todo la inmediatez de sus imágenes y su honestidad; y esa es su principal virtud. No muy distinta a la labor que asume el documental Colectiv (Alexander Nanau, Rumania-Luxemburgo) sobre la mortal y corrupta gestión sanitaria tras el incendio de un club que, en 2015, causó 27 muertos y 180 heridos en Bucarest.

Entre estas películas, necesarios retratos de nuestro presente, encontramos otras de mayores medios y pretensiones. Frente a la inmediatez de estas ficciones y documentales, A Son (Mehdi M. Barsaoui, Túnez-Francia-Líbano-Catar) se sirve de un relato extremadamente dramático en todos los sentidos de la palabra para participar también de la crítica social y del testimonio histórico. La película marroquí The Unknown Saint (Alaa Eddine Aljem, Marruecos-Francia-Catar) en cambio va por derroteros más alegóricos. Con una puesta en escena minimalista, que muestra abiertamente su artificio, el director logra producir un extrañamiento cómico similar al de Bruno Dumont para hablar de la fe, del choque entre tradición y modernidad y de las dificultades de la vida en medio del desierto.

Palmarés
  • Mejor Largometraje Punto de Encuentro. O fim do mundo, de Basil Da Cunha.
  • Premio del Público Punto de Encuentro. A Son, de Mehdi M. Barsaoui.
  • Mejor Cortometraje Extranjero Punto de Encuentro. Permaneced despiertos, estad preparados, de Pham Thien An.
  • Premio ‘La Noche del corto Español’. Solsticio de verano, de Carlota González-Adrio.
  • Primer Premio Tiempo de Historia. The Cave, de Feras Fayyad.
  • Segundo Premio Tiempo de Historia. Colectiv, de Alexander Nanau.
  • Mejor Cortometraje Tiempo de Historia. El cosquilleo del amor, de Maxence Stamatiadis.
O Fim Do Mundo

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