ROUBAIX, UNE LUMIÈRE

El espíritu humanista y su reverso

En Roubaix, municipio francés situado en la región de Alta Francia, el setenta y cinco por ciento de los barrios son calificados como “zonas calientes” donde el cuarenta y cinco por ciento de la población vive bajo el umbral de la pobreza. Arnaud Desplechin, originario de la región, adapta a la ficción el documental Roubaix, commissariat central (Mosco Boucault, 2007) para investigar el caso real de una anciana de ochenta y tres años que fue estrangulada en su propio domicilio. Con retazos de Falso culpable (Alfred Hitchcock, 1956) y en la senda de un cine noir camuflado de realismo crítico, Roubaix, une lumière parte de un estudio cuasi entomológico a partir de viñetas que narran la relación entre la policía local con presuntos criminales de la zona, para progresivamente centrar el foco en el solitario e insomne comisario Daoud (Roschdy Zem) y su investigación del caso central.

Roubaix, une lumière (Arnaud Desplechin, 2019)

Amante de las carreras de caballos, pero cuya ética intachable le impide apostar, el comisario parece un ser perfecto: duro pero misericordioso, sensible poseedor de una sabiduría absoluta sobre el ser humano y su campo de trabajo. Una especie de sacerdote ateo en busca de la salvación de almas extraviadas que, entre otras cosas, se permite aventurar el origen de la pulsión del mal en una joven localizándola en su supuesta fealdad de pequeña. Su compañero de baile, el novato teniente Louis (Antoine Reinartz), es un joven católico que, pese a su condición de personaje secundario, deleita al espectador en contadas ocasiones con una voz en off que describe en cartas a su padre la miserable situación de la ciudad. Como si los coches ardiendo, las violaciones o el trapicheo de drogas a la salida de los institutos no tuvieran la virtud de hablar por sí mismos.

Roubaix, une lumière acaba pareciendo el capítulo piloto de una serie de investigación criminal mucho más cercana a CSI (‎Anthony E. Zuiker, 2000-2015) que al realismo crudo de The Wire (David Simon, 2002). El nada novedoso juego de poli bueno/poli malo se subraya con motivos musicales que diferencian los momentos de tensión investigadora de los de recogimiento y compasión. La verosimilitud es endeble desde la elección de un reparto en el que cuesta admitir a la merecidamente multigalardonada Léa Seydoux en el papel de niña pobre y extraviada, o un dudoso elenco de agentes de la ley que nunca terminan de creerse la gravedad de las situaciones que enfrentan. La sensación es que Desplechin ha dejado escapar una gran cantidad de jugosos ingredientes, tales como la tortuosa relación entre las jóvenes acusadas de asesinato, el estudio de su desesperación, su lealtad o sus errores. El punto narrativo y estético del que parte el filme, seco y analítico, se diluye en ambiciones poéticas que poco aportan (como la relación del señor Daoud con los corceles) y tramas como la persecución de un violador en serie que, pese a su importancia dramática y social, se quedan por el camino sin ningún tipo de cierre.

Roubaix, une lumière (Arnaud Desplechin, 2019)

Como retrataba de forma audaz la novedosa y fiera Los Miserables (Ladj Ly) ese mismo año o los cientos de vídeos de móvil grabados por jóvenes durante los últimos meses de confinamiento, cada noche los barrios populares de los suburbios franceses se convierten en escenario de enfrentamientos entre vecinos y una policía cuya violencia no deja lugar a ningún tipo de ambigüedad. La película de Desplechin, sin embargo y probablemente de forma involuntaria, se pierde en su espíritu humanista y termina por convertirse en un lavado de cara de la policía francesa. Ni un mal gesto, ni un comentario fuera de tono por parte de las fuerzas de la ley de un país tan rico como desigual que ha hecho de la represión policial una seña de identidad durante los últimos años. Roubaix, une lumière habita en una zona caliente donde el esbozo de los errores garrafales de las víctimas de una sociedad sin horizontes se transforma en un retrato demasiado simpático sobre los encargados de su extinción.


Roubaix, une lumière (Francia, 2019)

Dirección: Arnaud Desplechin  / Guion: Mosco Boucault, Arnaud Desplechin/ Producción: Pascal Chauchetaux, Serge Hayat / Fotografía: Irina Lubtchansky / Música: Grégoire Hetzel/ Montaje: Laurence Briaud/ Diseño de producción: Nathalie Raoul/ Reparto: Roschdy Zem, Léa Seydoux, Sara Forestier, Antoine Reinartz

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