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RETORNO A SEÚL


La levedad identitaria

Tras su presencia en el pasado Festival de Cannes y con vistas a su distribución, se optó por retitular el tercer largometraje de Davy Chou como Retorno a Seúl (2022). Sin embargo, el regreso de Freddie (Park Ji-min) no es a la capital surcoreana en sí misma, sino al país entendido como tierra que la vio nacer y de donde fue adoptada por un matrimonio francés a temprana edad. La historia no se ve reducida a dicha ciudad y mucho menos el regreso de la protagonista gira en torno a la urbe; se trata principalmente de un reencuentro consigo misma y con sus raíces. Es así pues que su anterior título, All The People I’ll Never Be, despierta una conexión más directa con el tema central de la película: la identidad (y el consecuente vínculo individual con ella). 

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Consciente de ello, el director camboyano-francés arranca el film marcando las dimensiones de un viaje centrado en el individuo, sin afán de odisea, y comprendiendo que los viajes más reveladores son aquellos que se emprenden con uno mismo, desde el interior. Así que antes de mostrar cualquier título o contextualizar el relato y a sus personajes, un primer plano de Freddie se expone en la pantalla -acompañado del consiguiente contraplano de la recepcionista y eventual amiga, Tena (Guka Han)-. Es ese rostro propio y sus consecuentes rasgos los que, de forma inmediata, parecen ser definitorios de una identidad específica. Pero la protagonista lo tiene claro -al menos en un principio-, tal como indica en el documento de identidad: ella es francesa.

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En el transcurso de ocho años, Retorno a Seúl plantea una especie de estudio de personaje, en el que la protagonista se pierde en esa búsqueda impulsiva de sus orígenes y el impedimento lingüístico con sus progenitores. Durante ese tiempo se van produciendo distintos saltos temporales -de dos años, cinco años y un año respectivamente- que trazan la cronología de sus diferentes retornos y estancias en  Corea. Estas elipsis se sienten como desconexiones intermitentes que salen del relato para volver a entrar, dificultando una empatía directa y estable con los personajes. Aun así, se sienten acorde con la misma dificultad que tiene la protagonista por entenderse a sí misma; ¿cómo puede el espectador comprenderla y conocerla si ella misma se está intentando descubrir?

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Entre salto y salto, se van produciendo distintos cambios de tono y de ritmo, que se mimetizan con la interpretación de la debutante Park Ji-min. La energía de la actriz se fusiona con el carácter tonal de cada período, transitando por fases menos adversas y otras veladas por los neones de la oscura noche coreana. Ese sostén de los personajes se siente además en una primacía de primeros planos, plasmaciones de esos rostros que hablan de una persona y que la identifican con un ser, con un pasado, con un rol. Mientras más se acerca la cámara a los rostros, más se emborrona el fondo, reduciendo la profundidad de campo de unos entornos con los que a la propia Freddie le resulta complicado fusionarse: aquel país del que no tiene recuerdo. 

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A pesar de toda esta configuración de elementos, Davy Chou convierte a Retorno a Seúl en un eterno retorno, alargando el metraje sin llegar a profundizar en las cuestiones sugeridas. Se avanza hacia un estancamiento en el que, vistas las propuestas y entendido el planteamiento temático inicial, uno llega a preguntarse qué es lo que está por venir y no encuentra mucho más. Sin llegar a caer en la absoluta indiferencia, la película se desenvuelve en su lánguida redundancia hacia la esperada secuencia final -acaecida por necesidad argumental, más que por lógica alguna-. Ahí parece remontar con un reencuentro marcado por una Park Ji-min resolutamente emocional, un fondo borroso en el que se oculta una madre ausente y sus manos, como su única parte enfocada, acariciando el rostro de la hija. Tras ello, el epílogo, que mantiene esa brillantez, aterriza el viaje de regreso en una especie de reinicio donde, retirada consigo misma, es donde Freddie puede empezar a resolver todas las cuestiones sugeridas, como una melodía que comienza a sonar por decisión propia. Sin embargo, ese tierno y revelador broche conclusivo no impide que, a pesar de la corrección de la película, se caiga en una sensación de haber podido ir más allá y haberse perdido en el propio errar de la protagonista.

 


Retorno a Seúl (Alemania-Bélgica-Camboya-Corea del Sud-Francia-Qatar-Rumanía, 2022)

Dirección: Davy Chou / Guion: Davy Chou / Fotografía: Thomas Favel / Montaje: Dounia Sichov / Música: Jérémie Arcache, Christophe Musset / Productora: Aurora Films, Vandertastic Films, Farkas Productions, VOO, BE TV  / Reparto: Park Ji-min, Oh Kwang-rok, Guka Han, Kim Sun-young, Louis-Do de Lencquesaing, Yoann Zimmer, Hur Ouk-Sook, Son Seung-Beom, Emeline Briffaud, Dong Seok Kim, Lim Cheol-Hyun, Régine Vial

Un comentario en «RETORNO A SEÚL»

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