RELIC

Tres mujeres y un monstruo

Para hablar del debut en el largometraje de la cineasta australiana Natalie Erika James, es indispensable desengranar su arranque. Al comienzo de Relic unas extrañas luces, algo así como manchas de color que surgen pautadamente de la oscuridad, van esclareciendo la visión de un árbol de Navidad. En ese planteamiento, el objeto a priori relacionado con buenas sensaciones, imágenes de familiaridad y calidez pierde su sentido amable para convertirse en un simulacro de él mismo, apenas una sombra siniestra. Lo mismo ocurre con una bañera, que se llena y rebosa, evidenciando que algo anda notoriamente mal. El agua se desliza bajando las escaleras de una casa oscurecida hasta llegar a los pies de Edna (Robyn Nevin), la cándida abuela de este relato. En su primera aparición, sin embargo, la vemos en cueros plantada en medio del comedor en plena noche, en silencio, mirando a la nada… ¿O mirando hacia algo que es invisible a nuestros ojos?

Relic, de Natalie Erika James

El terror está en cada una de esas figuras e imágenes, familiares y estremecedoras. Pero, por supuesto, queda especialmente reforzado por una oprimente y constante construcción sonora basada en una guturalidad visceral. Esta, aunque efectiva, no puede evitar recordar a toda una tendencia actual en el cine de terror en la que se confunde atmósfera con ruido. Se confía en demasía en perseverantes zumbidos para crear incomodidad en el espectador. Al final, son decisiones del cineasta (la cineasta, en este caso), pero no puedo evitar preguntarme si era necesario, con la potencia y contundencia de las imágenes iniciales – y las que seguirán -, subrayar la desazón con ahogo sonoro. Es evidente que de esta forma se pone el foco en el malestar físico y, al final, consigue transmitirlo, pero en el fondo acaba estandarizando ligeramente la propuesta, cuando podría apostar por un mayor rupturismo. En todo caso, esto es solamente un breve apunte sobre un filme que, realmente, es mucho más que este detalle.

Para empezar, Relic es un largometraje de terror de cámara. Escrito a cuatro manos para ser interpretado a seis, encontramos en pantalla a un trío de mujeres. Solventes actrices (Emily Mortimer, Bella Heathcote, la propia Robyn Nevin), en papeles igualmente convincentes. El vínculo entre ellas es el de la herencia – abuela, madre, hija -, en tres etapas consecutivas de la vida, distintas pero no incompatibles. Esa unión, la relación entre ellas, se va dibujando y desdibujando durante hora y media de metraje en la que, encerradas en una casa muy poco amable, se adivina un oscuro enigma. En realidad, tanto el planteamiento como las formas que usa Natalie Erika James para desarrollarlo son sobrias, herméticas incluso. El argumento es mínimo, apenas una línea de sinopsis alcanza a explicarlo. Trazas de demencia empiezan aparecer en la cotidianidad de Edna, lo que impulsa a su hija Kay y nieta Sam a mudarse una temporada a la casa familiar, ahora enajenada. A partir de ahí, se prende la mecha del relato. La verdadera complejidad del filme no se encuentra en el espacio habitable, como podría suponerse, sino entre paredes, lugares que esconden monstruos que no podemos ni empezar a imaginar. Y sí, podríamos decir que Relic es un filme sobre casas encantadas, incluso podríamos hablar de ella como una Home Invasion, cuyo allanamiento se perpetra por una amenaza no personificada. Pero al final se trasciende el género del terror, para entrar en el terreno del drama familiar. Uno teñido por presencias fantasmales que surgen en el propio seno de la familia y que, horrorizadas, las protagonistas no ven. Así, doblemente angustiante. Porque cuando no sabes a lo que te enfrentas, todo es alarmante y turbador.

La historia que plantea Natalie Erika James en su (¡no olvidemos!) debut es hipnótica, críptica. Y, como si de un laberinto se tratara, puede ser que a medida que nos vayamos acercando al final de Relic -o a su centro, según como lo veamos- surjan sensaciones encontradas. Por un lado, la frustración de no saber hacia dónde o hacia qué estamos avanzando. Si encontraremos alguna conclusión o estamos simplemente dando vueltas sobre nosotras mismas. Por otro lado, puede que adivinemos las intenciones ocultas de la cineasta para con sus personajes, el destino que les aguarda. Sea como sea, el término del filme provoca, tanto a nivel visual como a nivel conceptual, la conmoción más potente de todas. Lo cual, especialmente teniendo en cuenta como empezábamos este camino (alabando su poderoso preámbulo), dice mucho de una propuesta más bien discreta. Sin destripar el quid de la película, solo dejar en el aire la idea de que la directora entiende muy bien de donde surge el verdadero horror, así como sus matices y límites, y que lo verdaderamente terrorífico es que no haya salida.


Relic  (Australia, EEUU, 2020)

Dirección: Natalie Erika James / Guion: Natalie Erika James, Christian White / Producción: Co-production Australia-Estados Unidos; AGBO, Carver Films, Film Victoria, Nine Stories Productions, Screen Australia / Productores: Jake Gyllenhaal, Anthony Russo, Joe Russo / Fotografía: Charlie Sarroff / Diseño de producción: Steven Jones-Evans / Montaje: Denise Haratzis, Sean Lahiff / Música: Brian Reitzell / Reparto: Emily Mortimer, Bella Heathcote, Robyn Nevin, Steve Rodgers, Chris Bunton, Jeremy Stanford, Catherine Glavicic, Christina O’Neill, John Browning, Robin Northover

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