ONODA, 10.000 NOCHES EN LA JUNGLA

Onoda: El mundo en uno mismo

El cine, aún en su faceta más líquida y mutable, sigue basando gran parte de su potencial en la fuerza épica de los grandes relatos, que emanan en muchas ocasiones de las apasionantes trayectorias biográficas de personalidades singulares. Vidas más sorprendentes que cualquier ficción y que, sin embargo, acostumbran a ser retratadas en la gran pantalla desde los mismos esquemas y fórmulas rígidas. Por contra, el título que nos ocupa se aproxima a la apasionante vida de su figura histórica desde unas coordenadas alejadas de los manuales de estilo del biopic: Onoda, 10.000 días en la jungla (Arthur Harari, 2021), el homenaje a la historia del Teniente Hiro Onoda que abrió la sección Un certain regard de la edición del 2021 del Festival de Cannes.

Onoda, 10.000 días en la jungla: una aventura bélica en la selva prolongada en el tiempo que auguraba toda una experiencia sensorial evocadora para los espectadores más valientes. Exponente de cine indómito anacrónico que hace justicia a la figura de origen con un virtuoso y medido ejercicio de eficiencia y criterio cinematográfico. Un ambicioso trabajo tan grandioso en su expansión temporal y en su dimensión histórica cómo íntimo y minimalista en su paisaje emocional. Un título que merece toda la atención que pueda recibir y al que este crítico intentará hacer tanta justicia como esté capacitado.

Allí donde el cine bélico ha recreado el conflicto armado de la Segunda Guerra Mundial como un evento que moldea y devasta nuestro mundo, en el recorrido del teniente Hiro Onoda la contienda supuso una excusa para aislarse en un mundo alineado, incrustado dentro de los confines del campo de batalla de la guerra pero desgajado de su contexto humano. La guerra en el drama de Harari es una cruzada privada, una cuestión moral, un código de valores inquebrantable. Un camino a andar en solitario y en el que no cabe desviación ni escape posible. La metodología nipona de la guerra secreta como estrategia de guerrillas callada, donde no cabe rendirse ni fallecer, fue la excusa perfecta para que los mandos militares hicieran estragos con algunas cabezas, pero el impacto que dejaron en la psique de Onoda es un fenómeno en sí mismo.

El fundamentalista héroe invierte la totalidad del metraje mostrándose impertérrito ante los estímulos y tentaciones de una realidad exterior que niega, pese a que durante años la posibilidad de acabar con su martirio está al alcance de su mano. La película nos ata mediante la puesta en escena a este purgatorio íntimo con el que nos implicamos plenamente a nivel psicológico. El uso de la música lírica, los planos detalles y las elipsis nos sumergen en la percepción heroica que Onoda tiene de sus décadas oculto en la jungla. Los permanentes flashbacks dibujan visualmente que otro futuro o presente no es posible para un hombre que vive delineado por su pasado. La guerra secreta no acaba hasta que así se enuncia, y no hay otro sonido o imagen posible que convenza al soldado de lo contrario.

Onoda. Revista Mutaciones 2

Como no podía ser de otra manera, la densa y asfixiante selva es prácticamente un personaje más, determinante a la hora de tejer el tono solemne de esta cruda pero sensible propuesta. El factor del escenario, junto al sofisticado uso de la música y su cariz de película-río, dotan al filme de un aura seductora de cine clásico de aventuras. Un anacronismo que apuntala su evolución dramática sobre dos pilares: la fascinación cultural y tecnológica ante un mundo exterior a la burbuja considerado mascarada, y el afecto mutable de la amistad entre Onoda y los soldados que le acompañan en su rutina, más propia por momentos de scouts que de soldados del siglo XX. Amigos y compañeros acuciados por un amplio abanico de detalles formales cuya sutileza elevan el filme a otro nivel: la hondura acústica de la lluvia, las cigarras o el calor selvático, los leves y estilizados movimientos de cámara frontales o laterales o el contacto directo o de costado de los reflejos del sol anegan al filme de textura, rodean al sacrificado Onoda de un envoltorio de belleza y fascinación que a su vez sirve tanto de muro contra su propio código moral como de reflejo material de la nobleza pura de su convicción. Una travesía de dolor, transformación y distanciamiento desacompasado hombre-realidad que perfectamente podría haber firmado Werner Herzog, quien, paradójicamente, ha publicado este año un libro sobre las hazañas de Onoda.

Harari propone en Onoda, 10.000 días en la jungla una producción en registros poco comunes en el cine contemporáneo cuyo extenso metraje y sereno tempo supondrán un desafío para muchos espectadores. Pero todos aquellos que acepten el reto no abandonarán la proyección en el mismo punto anímico en el que se encontraban al iniciarla.


Onoda, 10.000 nuits dans la jungle (Francia, 2021)

Dirección: Arthur Harari / Guion: Arthur Harari, Vincent Poymiro / Producción: Bathysphère Productions, To Be Continued, Pandora Film, Frakas Productions, Ascent Film, RAI Cinema, arte France Cinéma Fotografía: Laurent Sénéchal / Montaje: Lee Chatametikool / Música: Olivier Marguerit, Enrico Gabrielli / Intérpretes: Yuya Endo, Kanji Tsuda, Yûya Matsuura, Tetsuya Chiba, Shinsuke Kato

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