NO KINGS

La pesca del pez bronceado

No Kings (Emilia Mello, 2020)

Bajo la herencia ineludible del mejor Robert J. Flaherty, aquel director interesado en trasladar los rincones más oscuros del planeta a las universales pantallas cinematográficas, Emilia Mello consigue contagiar su entusiasmo y curiosidad por una pequeña comunidad costera de la selva amazónica brasileña. Guerrillera armada en solitario, la directora se integra en su discurso y genera un dispositivo inclusivo, que no intrusivo, honesto y declaradamente intervencionista para seguir los pasos de una avispada niña, un romántico poeta y una infatigable madre. Tanto la imperfecta calidad técnica de No Kings como las espontáneas intervenciones de Mello, revelan que el peso y la huella que imprime el acto fílmico sobre el mundo y, en concreto, sobre su autora, testimonian sin ninguna duda de qué manera la película ha transformado sus vidas. Mello no es la utópica “mosca sobre la pared” que proponían las teorías de Bill Nichols en relación a Frederick Wiseman, sino un insecto que coacciona, influye y caza pensamientos.

Tampoco se trata de su persona. No hay un egocentrismo declarado ni se busca la exposición del “yo” de la autora, no. Emilia Mello sólo hace acto de presencia a través de la interpelación externa y, cuando se materializa, es gracias a la visión ajena tomada de una instantánea. La directora acompaña, navega y guía entre las rocas, cerrando el foco sobre los personajes para liberarlos en una yuxtaposición de confesiones y relatos dispares, elípticos y conexos. Pero sus formas de vida y sus métodos de pesca, a medio camino entre la ortodoxia de cazar cangrejos con un palo y la eficacia de salir al mar con barcos motorizados, deben más a la vigorosidad de los Hombres de Arán (Flaherty, 1934) que al mero seguimiento de Nanuk, el esquimal (Flaherty, 1926). El retrato es el sendero y no el destino, la esencia se halla en porqué viven aquellas personas a las que se filma y no en cómo lo hacen. Por lo que sería inconveniente definir la película como observación, vivencia, divulgación o doctrina.

No Kings (Emilia Mello, 2020)

La respuesta es más compleja y la vez más simple. La concepción sincera del relato de No Kings convierte el documental que propone Mello en un híbrido cuya catalogación es un acto tan estéril como privar a los indígenas de la genialidad suficiente como para escribir poemas, dudar de Dios, drogarse o enamorarse. La naturaleza, agresiva y poderosa, envuelve las atmósferas de maleza y helechos, de verdes y azules, de niebla. Y también envuelve el carácter de sus gentes en una afabilidad salvaje, con sonrisas desenfadadas y miradas penetrantes. La naturaleza, amenazada por el “progreso”, rompe con fuerza en los oídos y las conciencias. No es un estilo de vida lo que vemos, es una elección libre y sopesada.

La contundencia, sin embargo, es morosa y errabunda. La necesidad de No Kings de asentar firmemente el contexto y sus personajes peca de generosa y desconfía del espectador audaz, de un público capaz de llegar por su propio pie al final del camino. Mello parece querer ir paso a paso, secuencia a secuencia, pero este ritmo consecutivo, pausado y sistemático distrae y cae en redundancias más accesibles para aquella audiencia ingenua de inicios de siglo que acudía al cine en busca de sorpresas que para el descreído e impaciente espectador del Netflix actual. Con todo, se trata de un alegato cuya verdad sirve de anzuelo para picar la conciencia si se tiene paciencia y cuyos meandros desembocan, al final, en un sensible retrato de otros lejanos, y muy bronceados, seres humanos.


No Kings (Brasil, EEUU, Italia, 2020)

Dirección: Emilia Mello / Guion: Emilia Mello / Producción: Roberto Minervini, Denise Ping Lee, Emilia Mello (para Enciclopédia de Lugares Imaginários, Saboteur Media  y Pulpa Entertainment) / Montaje: Pierpaolo Filomeno / Fotografía: Emilia Mello / Reparto: Lucimara de Jesus Campo, Ismael José Costa, Aline da Costa Trindade, Kino Nascimento, Alexandre Toledo

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