NO DEJES RASTRO (LEAVE NO TRACE)

Volver al hogar

Dicen que no se puede volver al hogar, pero los protagonistas de No dejes rastro lo intentan de muchas maneras. La última película de Debra Granik relata con delicadeza el viaje de un padre y una hija en busca de aquel lugar en que poder vivir en paz y el descubrimiento de que no se trata necesariamente del mismo para ambos. Este lugar parece encontrarse en los márgenes de la sociedad, en la naturaleza, y al comienzo se concreta en un bosque salvaje que es, en realidad, el parque nacional de Portland (Oregón); pero Will (el padre) y Tom (su hija) serán encontrados por las autoridades locales, que les harán saber que “no es un crimen no tener casa -muchas personas no la tienen- pero es ilegal vivir en una propiedad pública”. No hay opción a vivir al margen de la sociedad moderna, como quisiera Will, y mucho menos criando a una hija. Por algunos detalles, que la trama ofrece con sobrentendidos y sutileza, parece que Will es un excombatiente con problemas para reinsertarse en sociedad y que perdió a su mujer quedándose solo con Tom. Para él, volver al hogar significa volver a un tiempo anterior a todo el sufrimiento y el estrés postraumático que vino después; tanto en su vida como en la sociedad, según una hermosa tradición liberal americana que reivindica el regreso a una naturaleza utópica que tal vez nunca existió. Es una huida y algo más. Se trata también de una apuesta al estilo de Thoreau, quien vivió dos años, dos meses y dos días en una cabaña construida por él mismo junto al lago Walden, sin otra compañía que sus escritos ni otros recursos que los ofrecidos por la naturaleza, para demostrar que la verdadera vida en libertad se encuentra en la tierra, lejos de las servidumbres de la sociedad industrial. Debra Granik muestra esa vida en la naturaleza sin idealizarla, muy lejos del idealismo tontorrón de Captain Fantastic (Matt Ross, 2016), que miraba desde la burla y la gracia de lo exótico a sus personajes y sus ideas. Muestra las dificultades cotidianas de la supervivencia a la hora de encender un fuego con pedernal y pajas silvestres o de mantener los pies secos para seguir con vida, pero también el placer sencillo de la compañía y las tareas compartidas en que viven Will y Tom. La clase de vida en que Will se siente tranquilo, donde con trabajo y esfuerzo puede hacerse cargo por sí mismo de los problemas y criar una hija maravillosa. Su ideal es vivir apaciblemente sin hacer daño (ni que se lo hagan): sin dejar rastro.

Leave No Trace (No dejes rastro)

Pero Granik también muestra, en unos planos que no desmerecen en belleza a las telarañas del bosque iluminadas por el sol o a los helechos a contraluz [1], la dependencia actual de esa vida del resto de la sociedad mostrando cómo el bosque deviene en ciudad cuando los protagonistas acuden a ella por otros recursos básicos [2] o en el cálido contraste del color de una naranja entre los verdes del bosque [3]. Una vez las autoridades descubran a padre e hija, les separarán y someterán a distintos interrogatorios, que son también distintos modos -más amables o agresivos- de clasificarles y, finalmente, les reubicarán en una comunidad rural. Aunque Granik y la coguionista Anne Rosellini están muy lejos de demonizar a los asistentes sociales, a lo largo de este bloque sentimos la disciplina de una socialización forzada actuando sobre los protagonistas: el trabajo, la iglesia, la escuela. Una opresión que no por amable y bienintencionado es menos cierta. “Aun podemos pensar lo que queramos”, reivindica Will; pero lo cierto es que las nuevas condiciones en las que viven, con todas sus comodidades, también crean nuevas necesidades, como un teléfono móvil mediante el que comunicarse cuando Tom y él adopten rutinas distintas y ella sienta curiosidad por un chico aficionado a la cría de conejos. Will pretende resistir; Tom es partidaria de adaptarse. Pero en la práctica resulta imposible pertenecer a la sociedad a medias y Will emprenderá de nuevo la huida al bosque con su hija sin reconocer en sus ojos agua marina la necesidad de pertenecer a algún lugar, de dejar rastro.

No dejes rastro pertenece a esa estirpe de películas sencillas que no necesitan tratar grandes conflictos y mucho menos cargar las tintas dramáticas o hacerlas explícitas. El pasado de Will y su incapacidad para echar raíces o el desarrollo sentimental que paulatinamente se va gestando en Tom emergen directamente de las imágenes, de una puesta en escena impresionista en planos cortos con los que capturar cada detalle, gesto y mirada, y que nos transmiten empáticamente la vivencia de sus personajes. Sin palabras, aquí todo es puesta en escena y trabajo interpretativo. En la actuación de Ben Foster sentimos la fragilidad de su personaje, las secuelas del daño que lleva consigo, y también la resistencia de su voluntad (al fin y al cabo se llama Will) y de su capacidad de amar, y la paz que encuentra cuando solo tiene que preocuparse del día a día en el bosque. Sentimos también cómo, para él, el verdadero hogar y cura para su sufrimiento es el rostro y la compañía de Tom. Y es que en el trabajo de la actriz Thomasin McKenzie encontramos la misma naturalidad y belleza tranquila del bosque; tomen nota porque Granik ya catapultó la carrera de una joven Jennifer Lawrence. Aquí, Tom es una niña con la madurez y la inteligencia inscrita en sus ojos, a los que según avanza la película se asoman los anhelos y las incertidumbres del personaje. Con una capacidad de observación como esta y la sensibilidad de Debra Branik para captar aquellas formas de vida en los márgenes de la sociedad, ya demostrada en Winter’s Bone, no hace falta más. No dejes rastro posee la modestia de una película buena.

Leave No Trace (No dejes rastro)


No dejes rastro (Leave No Trace, EEUU, 2018)

Dirección: Debra Granik / Guion: Debra Granik y Anne Rosellini (Novela: Peter Rock) / Producción: Anne Harrison, Linda Reisman y Anne Rosellini  (para BRON Studios, Harrison Productions y Topic Studios) / Fotografía: Michael McDonough / Montaje: Jane Rizzo / Diseño de producción:  Chad Keith / Dirección de arte: Jonathan Guggenheim / Reparto:  Ben Foster, Thomasin McKenzie, Jeff Kober, Dale Dickey, Peter James DeLuca…

 

2 comentarios en «NO DEJES RASTRO (LEAVE NO TRACE)»

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