MONEYBOYS

Despegues de autor, desapegos de amor

Decía Michael Haneke que “las películas son 24 mentiras por segundo al servicio de la verdad, o al menos, al servicio del intento de hallar la verdad”. No es descabellado entonces pensar que su ex-alumno, C.B. Yi, haya buscado precisamente eso, la verdad, en su debut Moneyboys (2021). Con un argumento sencillo en su planteamiento: un chapero herido de amor (Fei) es seducido por un antiguo amigo recién llegado a la ciudad (Long), su ambiente escenifica una profunda complejidad en torno a la existencia, la culpa, el deseo o la felicidad. Es decir, en torno a la verdad. 

Moneyboys. Revista Mutaciones

Para armar su discurso, C.B. Yi dispone todo un alarde de sabiduría contenida, de incipiente maduración visual. Sus planos son plásticos y se componen rítmicamente a través de una honda profundidad de campo, de agudas líneas que rayan el espacio y reencuadran a los personajes y de múltiples objetos interpuestos que ocultan y revelan los focos de interés. Elementos todos que palpitan el ostracismo de Fei y su inmenso vacío existencial, que le separan a distancias insalvables de las sólidas paredes, ventanas y cielos de terrazas. Que transmiten la tensión de una determinante espera al aplastar al personaje entre dos sombras que convergen, o que consiguen narrar el descompás vital de los amantes con una vaporosa cortina interpuesta en mitad del cuadro. O, es más, ser capaz de denunciar con disimulo la hipocresía de la sociedad taiwanesa, que persigue la prostitución pero se aprovecha de ella, al esconder a Fei tras varias cabezas durante la cena familiar y repetirlo con significantes variaciones durante otra celebración posterior de amistades. 

Sin embargo, hay dos recursos que destacan especialmente. El primero se fundamenta en una sensación lumínica de completa visibilidad, casi siempre inclusiva de todos los objetos, personajes y escenarios; que perfila los rostros a base de luces neónicas alcanzando un grado supremo de belleza y sensualidad. Sumado además a una gama cromática que, aunque comienza en los pardos, rápidamente se traslada a los fríos turquesas, Moneyboys se percibe como un mundo de sentimientos reprimidos y dildos andantes, de humanos plastificados tristes y desconsolados. El segundo, el lenguaje simbólico-referencial de las alturas y las escalas de poder. Mientras que Fai vive en un ático precedido por unas interminables escaleras de acero, su pueblo existe rozando la orilla del mar. Es una práctica ilustración del estamento social y al mismo tiempo también del poder moral, de quienes ignoran desde el fango o perseveran en lo alto. Por eso quizás, justo antes de que emerjan los créditos, cuando Fei huye de su hogar, una larga y vertiginosa steady-cam desciende junto a él hasta la planta baja. No solo ha perdido todo su dinero, indicativo irrevocable de la categoría social, sino que ha cometido el acto impuro que le perseguirá toda la película, ha roto con cualquier dignidad moral al dejar a su amante atrás. Y eso que es prostituto.

Moneyboys 2. Revista Mutaciones

De este modo, entre los recovecos de su estética surgen los conflictos que conducen a pensar si la dignidad la otorga el trabajo, sea este de sol a sol en una fábrica o de gigoló, o más bien depende del trabajador. A su vez, sobre si la prostitución puede llegar a ser un acto de compasión, un beso tierno que se regala a quién ansía amar y no puede. También, sobre si se puede huir de la nostalgia, de sí se puede habitar un amor que no sea aquel que ya ha pasado y que nunca volverá. Y sobre si el deseo romántico es consecuencia directa de la voluntad, sobre si para querer hay que querer querer. 

Todas estas y posiblemente muchas más, son las vetas que abre sin un propósito unificador Moneyboys. Debates políticos, sociales y filosóficos incuestionablemente estimulantes que se superponen sin diapasón unos sobre otros. El tono, siempre sereno e impasible, no es capaz de hallar su equivalente en el trasfondo argumental hasta los últimos treinta minutos. Hasta ese momento, la indecisión del director por tomar un único camino, no excluyente pero sí principal, hace que la película deambule por el extenso mundo del dilema proxeneta; mareando la perdiz y vaciando de contenido el gran trabajo plástico-ambiental. 

Porque recordando las palabras de Haneke, en el cine hay 24 mentiras por segundo, pero puede que tan sólo sea para contar una única verdad. Moneyboys pretende abarcar más de lo que ningún maestro se atrevería, y peca de generosa. Quiere narrar la existencia absoluta, la verdad total, sin percatarse de que con sus maniobras pierde el norte y llega tarde a su verdadero destino: la agria historia de amor. Con todo, la película es un debut de gran altura, concienzudo, inteligente y por qué no decirlo, hermoso. Si C.B. Yi mantiene la virtuosidad estilística, la atención por los temas complejos y focaliza con precisión su punto de mira, será un autor al que no le perderé la pista. 


Moneyboys (Austria, 2021)

Dirección: C.B. Yi / Guion: C.B. Yi / Fotografía: Jean-Louis Vialard Montaje: Dieter Pichler / Música: Yun Xie-Loussignian / Reparto: Ko Kai, Chloe Maayan, Yufan Bai, J.C. Lin.

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