MÁRGENES 2017: SECCIÓN INFORMATIVA. EL PRESENTE

Una crónica de los cinco títulos que forman la nueva sección del Festival Márgenes

Decía Gonzalo de Pedro, director artístico del Festival Márgenes, que esta nueva sección llamada Informativa-El presente pretendía reunir una muestra de grandes títulos internacionales, pertinentes para el festival como algo más que pases especiales pero que, quizás por su largo recorrido, ya no tenían sentido en la Sección Oficial. Se reunían por tanto solo cinco títulos, diversos, pero capaz de conjugar un retrato internacional y plural de lo más destacado del cine de autor iberoamericano de la temporada.

imagen de TigreEl primero de todos ellos en exhibirse fue Tigre, dirigida por Ulises Porra y Silvana Schnicer, película argentina de gran fuerza evocadora a la que podrían adjudicarse la mayoría de los buenos atributos que esperamos del cine de Márgenes. Situada en el delta del Tigre, la selva inundada supone algo más que el fondo de una historia que sabe extraer el misterio y la magia de un paisaje a través de un retrato realista. En una vieja casa de las profundidades del lugar se forma una reunión intergeneracional de hombres y mujeres. Niños, adolescentes, madres, amigas, primos, amantes; todos conviven a través del deseo, la envidia y el miedo conjugando a la vez un relato generacional, de género y de clase.

2 imagen de Tigre

Con una cámara tranquila, que reposa su mirada en las actrices cuando éstas dialogan y avanza tras ellas cuando andan, corren o nadan, la presencia del dispositivo se siente como un personaje más, pero uno que nos acaba pareciendo invisible. El devenir de la historia, lleno de escenas largas donde las protagonistas dialogan de sus problemas, su pasado, sus hijos, sus penas o sus amores en grandes se ve salpicado por pequeñas secuencias mudas de un corte más poético. La mayoría de ellas corresponden a la niña del repartidor local, perdida voluntariamente en la selva con dos chicos, se insinúa que en una aventura de corte sexual y liberador pero también de ritual con atmósfera pagana. El relato fantástico de dos niños que intentarán rescatarla violentamente cual princesa secuestrada se intercala con las discusiones de la propiedad de la tierra que aún pertenecen a la anciana protagonista, de pasado y presente colonialista. Así, lo salvaje del lugar desata, tanto por medio de la ley como por el natural instinto infantil, las pasiones y el instinto de toda la casa en una bacanal final de liberación y unión femenina que no se libra de cierta oscuridad. Poderosas últimas imágenes de una película que alcanza a tratar adecuadamente todos los temas que podrían exigírsele y subyugar a  su vez con el misterio y belleza de sus imágenes.

imagen de MarianaPor otro lado, la sección siguió con Mariana, cinta colombiana dirigida por Chris Gude cuya selección se entiende más al conocer que el desarrollo del proyecto pasó por Márgenes Work (taller de desarrollo de proyectos del festival). Inconexa, caótica y de miras muy desperdigadas, la película podría ser un mala defensa para esgrimir contra aquellos que aún huyen del cine independiente por miedo a aburrirse y a no entender nada. Situada en la península de La Guajira, zona fronteriza entre Colombia y Venezuela, la película muestra mediante planos de gran duración varios momentos de esa zona de dos o de nadie según se quiera. La cita bíblica inicial y la leyenda de un barco fantasma salpican, no se sabe muy bien para qué, una historia donde destaca la extravagante actuación de un mago ante dos señores, en un teatro apestado de heces de rata, y el discurso radiofónico de Hugo Chávez sobre la última voluntad de Simón Bolivar. En definitiva, un conjunto con algunas partes dotadas de interés, incluso cierta belleza fotográfica, pero de unión ininteligible. Ausencia de cohesión o dirección que quizás, y puede que esto se me haya escapado, no tenga por qué ser necesaria.

Rafael S. Casademont

 

Cocote

En el coloquio posterior a Cocote, Nelson Carlo de los Santos Arias planteaba las bases políticas de su cine en términos lingüísticos. Su película renuncia a traducir la cultura las clases populares y pobres de República Dominicana, centrada especialmente en lo que refiere a sus creencias religiosas y a los ritos funerarios de los misterios, del mismo modo qu la cultura hegemónica, la maistream, no debe traducirse en cada film; pero Cocote sobre todo se enfrenta y rechaza el lenguaje cinematográfico, especialmente la idea de que cada decisión de formato y de lenguaje deba tener una justificación narrativa. Decía en la crítica de la película que el resultado era una pesadilla para el semiótico, pero en este enfrentamiento y rechazo con el lenguaje Nelson Carlo de los Santos Arias encuentra también una inmensa sensación de realidad y una enorme coherencia para su película en base a la naturaleza de lo mulato.

Europa (2017)En este sentido, Europa, de Miguel Ángel Pérez Blanco, pone de manifiesto la diversidad de la sección y del cine en español como el anverso de Cocote. Se trata de una película que cree absolutamente en el lenguaje y en la posproducción, aun cuando deba saldarse con una sensación de realidad infinitamente menor. Tampoco es que pretenda ser realista. Europa es una película onírica -el director confesó que surge de un sueño de hace cuatro años- y tiene lugar en un tiempo incierto entre 1999 y 2018. Más que mostrar una realidad o contar una historia, lo que pretende es recrear cierto estado de ánimo de una generación de europeos que quienes hayan crecido antes de la crisis y vivido el cambio de milenio reconocerán muy bien. Esa sensación sonámbula de vivir en una fiesta perpetua y opresiva, deambulando entre raves en busca de un cambio y una esperanza.

Europa es el descenso a este sueño, a este sentimiento y a esta fiesta espectral que se mantiene en todo momento fuera de campo; solo vemos cuerpos deambulando al ritmo de la música y de un elaborado diseño sonoro que pertenece siempre al contracampo. En este descenso se encuentran dos amantes de nacionalidades distintas y repiten sus nombres en voz alta. El cuidado por los cuerpos y la escena de los amantes recuerda a Hiroshima mon amour y, como en ella, pretende transitar de la pareja a la colectividad. Es igual de plomiza en el tono, pero Europa no alcanza el aliento poético que hizo del film de Alain Resnais y Marguerite Duras un milagro irrepetible; y no será porque no lo intenta en cada plano hasta asfixiarlo. El sentimiento en Europa es demasiado monolítico y, pese a apostar por la atmósfera y las sensaciones, juega sus mejores bazas en el plano lingüístico. Allí a través de las repeticiones y de las pequeñas variaciones, a la manera de la música electrónica, se radiografían las distintas esperanzas y libertades de una generación que se sentía atrapada en un fiesta pesadillesca e interminable.

Como clausura, A fábrica de nada es muy distinta a todas las demás. Sencillamente, lo mejor del festival y tal vez del año. Una película firmada por todos los que trabajaron en ella; realista, neorrealista incluso, sin renunciar al artificio o al género musical; narrativa -los obreros de una fábrica de ascensores descubren que la empresa trata de desmantelarla secretamente por las noches para su deslocalización y tratan de resistir- sin prescindir de la inserción de citas, reflexiones y entrevistas que hacen de ella una película autorreflexiva, política en cada uno de sus aspectos sin caer nunca en un film abstracto y de “conceptos” y la mejor reflexión en torno a esta crisis que se ha convertido en estado de excepción perpetuo que puede realizar el cine moderno.

Habrá que volver a ella con motivo de su estreno, de momento baste decir que sus tres horas de duración están en mutación constante; desde el drama social al doméstico y de allí al musical, con elementos del documental atravesándola por los cuatro costados. Y es que la película piensa cómo afrontar (y vivir en) la crisis en toda su complejidad: en los espacios públicos con la autogestión como meditada apuesta política, en el ámbito doméstico, en el cine y desde el mismo tono y sensibilidad. A fábrica de nada es una lección de que no se tratan de compartimentos estancos, sino que todos ellos conviven y se pueden fusionar en una película que apuesta siempre por el futuro, que es la colectividad.

A fábrica de nada

Alberto Hernando

 

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