MADONNA Y DAVID FINCHER

La consagración del mito y la eclosión del talento

1989 fue un año fundamental para las carreras de Madonna y David Fincher. La cantante estrenaba su cuarto álbum de estudio, Like a Prayer, tras el éxito consecutivo de sus tres trabajos previos, Madonna, Like a Virgin y True Blue. Entre medias, Madonna se había convertido en uno de los iconos fundamentales del pop de los años 80 junto a Michael Jackson y Prince. Su estilo era imitado por las adolescentes occidentales y a su vez había dado el salto a Hollywood con trabajos tan heterogéneos como Buscando a Susan desesperadamente (Susan Seidelman, 1985), Who’s That Girl ( James Foley, 1987) o Shangai Surprise (Jim Goddard, 1986). Madonna era la camiseta de moda. Pero no quería ser algo pasajero. Quería ser un símbolo eterno y legendario. Like a Prayer, fue el trabajo que la consagró, su obra de madurez musical. Pero Madonna era y es mucho más que su música. Es el último gran icono pop de la pos-modernidad, algo que le ayudó a conseguir los videoclips realizados junto a David Fincher.

En 1989, Fincher era un exitoso director de spots y videoclips. Su mayor éxito hasta la fecha había sido el videoclip de Paula Abdul titulado Opposites Attracts, donde la cantante era integrada en un entorno urbano de luces de neon muy influenciado por el cine de Tony Scott -una constante de las atmósferas algo más efectistas tanto del Fincher pre-cinematográfico como de su primeros largometrajes- junto a un gato animado que casualidades de la vida coincidió en el tiempo con uno de los grandes triunfos cinematográficos de dicho año: ¿Quién engañó a Roger Rabbit? de Robert Zemeckis. En dicho videoclip, Fincher demostraba su habilidad para la integración de la técnica y los efectos especiales de una manera orgánica, consiguiendo que estos fueran un elemento más a su disposición sin ahogar el conjunto de su trabajo.

El primer single de Madonna salido de Like a Prayer fue la canción homónima con la que arrancaba el LP y daba sentido global al trabajo, una visión crítica de su relación con la religión católica y las contradicciones que ello conllevaba. El videoclip de dicha canción -realizado por la directora Mary Lambert- se estrenó rodeado de polémica. En él, una Madonna racial y de pelo azabache, imagen espejo de cualquier adolescente de la época, fusionaba su creencia religiosa y su relación interracial con una elegante escena amorosa entre su amante, transmutado en el santo al que devotamente rezaba, bajo la mirada de una iglesia que les servía de lugar de pasión y recogimiento. Superada la polémica, Madonna decidió un cambio de estética formal y sobre todo de su mutante imagen para Express Yourself, su siguiente videoclip. Imagen que sería no solo aquella que quedaría reflejada en la gira más importante de su carrera –The Blonde Ambition Tour- sino que sería la que quedaría grabada en el inconsciente de la cultura popular. Se trataba de reivindicar el empoderamiento femenino a través del control de su sexualidad, tanto como acto carnal como de proyección hacia los demás. Fincher recogió la idea de Madonna y su intención de reinterpretar la legendaria Metropolis de Fritz Lang -que había sido dado a conocer de nuevo a una nueva generación con la versión pop de Giorgio Moroder estrenada en 1984- convirtiendo a los obreros de la construcción en musculados y sudorosos hombres que desean a una Madonna inalcanzable, encerrada en una torre de marfil de la grandilocuente urbe de tonos azulados, más cercana a la elegancia y el tono de Ridley Scott que al de su hermano .

En contraposición a los tonos azulados de la totalitaria ciudad representada en el videoclip, Madonna es elevada a la categoría de mito a través de unos primeros y medios planos de tonos dorados y blancas luces quemadas que retrotraen al espectador a la luz y brillo de la época dorada de las divas de Hollywood, con Jean Harlow o Marlene Dietrich a la cabeza, pero sin las cortapisas de la censura impuesta por el código Hays en los años 30. El resultado, el videoclip que transformó a Madonna de símbolo teen rebelde en la inmortal diva posmoderna que ha continuado siendo hasta la actualidad.

De Like a Prayer es también el segundo videoclip que dirigió Fincher para la ambición rubia: Oh, Father. Uno de los temas más personales y desconocidos de la obra de la cantante, que nos muestra a una Madonna frágil que trata de lidiar, tanto en la canción como en el videoclip con su tormentosa relación con un padre autoritario, mientras trata de superar la muerte de su madre a temprana edad. La imagen de la madre en manos de Fincher -en concreto su cadáver- con ese primer plano de los labios cosidos es quizá uno de los más turbulentos planos de la trayectoria del cineasta, emparentándolo con la tradición surrealista, en concreto con el primer Luis Buñuel o Maya Deren. El brumoso blanco y negro de la propuesta y su planteamiento basado en la amplia profundidad de campo y los claustrofóbicos límites del plano, ahondan en esa asfixia emocional de la que habla Madonna en las letras de la canción. Un ejemplo de cómo David Fincher comienza a mirar más allá de sus contemporáneos, abrazando la puesta en escena de directores clásicos como Orson Welles, en especial El cuarto mandamiento (1942).

El siguiente álbum de Madonna, I’m Breathless, publicado en 1990, fue una rara avis. Un álbum que era en parte soundtrack del Dick Tracy de Warren Beatty -donde ella interpretaba al personaje de Breathless Mahoney-, en parte canciones inspiradas en el filme y que no aparecían en él y para finalizar, un tema que no entroncaba en absoluto con el tono y el estilo del álbum, pero que acabó convirtiéndose en uno de sus hits e himnos más emblemáticos, Vogue. Gran parte del éxito de dicho tema vino condicionado por su videoclip, dirigido de nuevo por David Fincher y que a través de un blanco y negro contrastado y un diseño de producción inspirado en el Art Decó, transformaba a Madonna en la überdiva del audiovisual del siglo XX. Fincher transforma a Madonna a través de coreografías que nutrirían sus live shows desde The Blonde Ambition Tour hasta la actualidad donde la cantante homenajeaba y se apropiaba de todas y cada una de las divas del Hollywood clásico. La narrativa pasaba a un segundo plano en favor de un sofisticado ejercicio de estilo donde los negros y blancos arropaban a una Madonna bigger than life plasmada en primeros planos icónicos, rodeada de un diseño de producción minimalista, bailarines que se fundían con el escenario y el arte de Tamara de Lempicka, ya vislumbrado en el videoclip de Express Yourself y que trazaba una línea invisible entre ambos trabajos a través de su apropiación de la estética del Art Decó.

En 1992 Madonna entregó su trabajo más polémico y sexualizado y también el primero con el que tuvo que enfrentarse con el relativo fracaso tanto de crítica como de público: Erotica. Quizás por ello el último trabajo que compartieron David Fincher y Madonna no sea tan conocido como sus precedentes. Tercer single de Erotica, tras Erotica y Deeper and Deeper, Fincher llegó a la realización del mismo tras el rechazo de Tim Burton, director que Madonna eligió en primera instancia. Quizás la más cinematográfica y narrativa de todas las colaboraciones de la pareja creativa, En ella Madonna lleva al límite el mito de la femme fatale en una interpretación del icono cuasi crepuscular. Fincher recupera las influencias de sus orígenes con esa fotografía contrastada entre luz y oscuridad y una paleta cromática donde priman los azules gélidos tan representativos de los años 80 y sobre todo del cine de Tony Scott. Apoyado en el carisma de un reparto donde brilla especialmente un Christopher Walken transformado en empático ángel de la muerte, Fincher rompe la forma del videoclip en sus compases finales, pausando el tema musical -elemento principal del videoclip- para entregar una escena de una violencia implícita que preconizaba los horrores fuera de campo de trabajos posteriores como los largometrajes Seven (1995) o Zodiac (2007).

A partir de este momento, David Fincher arrancó su carrera cinematográfica de manera abrupta –Alien 3 se estrenó pocos meses antes del estreno de este último videoclip- pero nunca abandonó el terreno del videoclip con trabajos posteriores para grupos como Nine Inch Nails. Madonna continuó su carrera con nuevos álbumes, nuevos videoclips y nuevos realizadores como Jonas Akerlund. Pero la entente formada por ambos artistas dio como resultado no solo algunos de los videoclips más interesantes e influyentes de la historia del medio, sino que convirtió a Madonna en el icono inmortal del pop y sirvió para descubrir a un más que sólido realizador con una visión, una creación de atmósferas y una precisión formal y técnica que daría como resultado algunos de los títulos cinematográficos más fascinantes del cine posmoderno.

2 comentarios en «MADONNA Y DAVID FINCHER»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.