LOS 10 MEJORES CORTOS DE LOS LOONEY TUNES

Eso no era todo amigos

looney-tunes¿Por qué hablar de los Looney Tunes? Podríamos tirar por el facilón “¿Y por qué no?” y acabaríamos antes, pero no hay necesidad. La mayoría recordamos los diferentes cortometrajes de los Looney Tunes como un recuerdo lejano de la infancia o, simplemente, como parte de la cultura popular. Suponemos que están bien, “entretenidos”, sin más. Pero no parece que haya razón para pensar en ellos como parte esencial, mucho menos sobresaliente, de la historia del cine. Así, a secas, sin el especificativo “animado”. Mucho más adultos, metadiscursivos y gamberros que sus rivales de Disney, las obras que hacían directores como Chuck Jones o Tex Avery, los dos mayores genios de la compañía, rompían continuamente moldes. Guardaban un enorme juego referencial con la cultura popular y el arte y reflexionaban sobre su propia condición de cortometrajes animados para un público infantil, esquivando como podían el Código Hays de censura. Elementos culturales como la ópera o la literatura y sociales como la prostitución, el alcoholismo o la fiebre capitalista son la base de algunos sus relatos. Todo esto, claro, no lo veíamos con 6 años.

Estamos hablando de una serie numerosísima de cortometrajes que tuvo su comienzo en los años 30 por parte de la Warner, y que ha sido objeto de numerosas variantes, cuando no directamente remakes de la misma obra. Por tanto, para demostrar la asombrosa calidad de los Looney Tunes, por si no lo sabías, no lo recordabas o eras perfectamente consciente de ello pero te gusta regodearte en tus placeres, aquí van 10 obras maestras de los dibujos de la Warner. Podríamos haber hecho un tema extenso de cada uno de ellos, pero esta vez el objetivo es recordarlos. Y si es en plural, mejor. Una decena de cortometrajes sobresalientes que, tengas los años que tengas, hay que disfrutar.

10- El conejo de Sevilla (Chuck Jones, 1950)

Bugs Bunny finaliza este cortometraje diciendo ‘Next’. No es una referencia al viral videoclip de Ariana Grande Thank U, Next, sino su socarrona forma de acabar la enésima vez en que se libra de Elmer el cazador. Lo característico de este cortometraje es que toda la acción se realiza a través de la ópera El barbero de Sevilla de Gioachino Rossini, diálogos incluidos. A partir de este referente operístico, que podríamos identificar como característico de la alta cultura, se suceden multitud de gags que nos recuerdan a las mejores ideas visuales de Charlie Chaplin y los Hermanos Marx. Gracias a este corto ya sabemos cómo vencer a un cañón gigante. NEXT.

9- I Love to Singa (Tex Avery, 1936)

La Warner Bros. era una compañía en crisis hasta que el menor y más audaz de los ‘Bros’, Jack Warner, decidió apostar por algo llamado cine sonoro. El cantor del Jazz (Alan Crosland, 1927) salvó la compañía y precisamente de la parodia de ese éxito jazzístico nace este corto. Es básicamente la misma historia que la de Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018), solo que aquí en vez de en una familia de Tanzania, el hijo díscolo y cantarín nace en una familia de búhos de gran gusto por la música clásica. En 6 minutos pasaremos de la ruptura con la familia hasta la consecución del éxito (Bryan Singer lo hace en 134 minutos). Su única pega es que cantarás el I love to singa del buhito de americana roja el resto de tus días.

8- Pajareros anónimos (Friz Freleng, 1957)

Aunque si eres vegano quizás no te haga falta ver el lado metafórico de este cortometraje, lo cierto es que esta historia es una referencia al alcoholismo y la drogadicción. El gato Silvestre acude a ‘Pajareros anónimos’ para intentar resistir el impulso de devorar a Piolín. El resultado es un retrato del ‘mono’ y la dificultad para superar por completo una adicción que haría una buena sesión triple con Días sin huella (Billy Wilder, 1945) y Días de vino y rosas (Blake Edwards, 1962).

7- Who killed Who? (Tex Avery, 1943)

Tardaríamos más en escribir los grandes golpes de ingenio de este cortometraje en texto que viendo sus escasos siete minutos de relato detectivesco: unos ojos que no pueden entrar por la puertilla por la que asoman, un cuadro erótico que se viste, un reloj de cuco que suena a marcha fúnebre, un fantasma que se sonroja e, incluso, Papa Noel. Más allá del chiste de esta mezcla canina entre Edgar Allan Poe y Agatha Christie, Who Killed Who? es una de las grandes muestras de ese juego de capas narrativas que hacía tan complejos a los Looney Tunes. El narrador de carne y hueso nos introduce en la historia. El personaje que va a ser asesinado está leyendo un libro que es esta misma historia. Y sí, al final el asesino es el propio narrador no animado del cortometraje. Por no hablar del momento en el que un espectador se levanta en el cine hasta que el detective le ordena que vuelva a sentarse… Nolan, aprende.

6- Un conejo para Bogart (Friz Freleng, 1947)

Si hay un cortometraje de los Looney Tunes lleno de referencias cinéfilas es este. De nuevo Elmer el cazador intenta cazar a Bugs Bunny, solo que esta vez la acción se sitúa en un animado local de Hollywood por donde desfilan multitud de estrellas. El problema para Elmer, ahora camarero, es que Humphrey Bogart quiere, a toda costa, cenar un conejo asado. Así, como en una película de los Hermanos Marx (que también hacen su aparición), el camarero y la comida juegan a vencerse. Bugs Bunny se resiste con la maestría habitual hasta que descubre que serviría de alimento para la mismísima Lauren Bacall. Lógicamente, va corriendo a ponerse en la bandeja.

5- Pato Aturdido ‘Duck Amuck’ (Chuck Jones, 1953)

Pocas obras juegan tanto y hasta tal extremo con la narrativa como esta aventura en la que el Pato Lucas intenta filmar una película mientras discute con su animador. El resultado es una sucesión de gags basados en la rotura de todos los elementos que se encuentran a disposición del creador de la obra. El sonido, el fondo, el color, el formato de imagen, la escala de planos o el mismo borde de la hoja son los objetos de la pelea entre el dibujo y el dibujante. Si llegáis al ‘The End’ (al segundo de ellos, ya que el primero es otro elemento de lucha que consigue apartar Lucas) descubriréis quién es el travieso animador que hace la vida imposible al protagonista.

4- One Froggy Evening (Chuck Jones, 1955)

Si se puede poner una pega a la obra de los Looney Tunes es su ritmo frenético y su narración barroca llena de elementos y gags. Por eso sorprende tanto la exquisita precisión de este cortometraje sobre una rana cantarina que llevará a la ruina a todo aquel que quiera hacer negocio con ella. Spielberg dijo de él: “No creo que haya ningún filme de animación comparable a One Froggy Evening […] jamás. Ninguno llega a parecérsele […]. Es el Ciudadano Kane de los cortometrajes animados”. Lo cierto es que, aunque el bueno de Steven es célebre por sus desmedidas afirmaciones positivas, si hay un corto animado capaz de reunir el viaje espaciotemporal por la soledad del sistema capitalista americano es este. Y oye, puestos a hablar de dibujos, la rana bailando con el sombrero y el bastón es un icono digno de tatuaje.

3- What’s Opera Doc? (Chuck Jones, 1957)

Considerado por amplio consenso como la obra maestra de Chuck Jones, así como de todos los Looney Tunes, What’s Opera Doc? llevó seis meses de trabajo. Se hizo todo lo necesario para despedir de forma magistral a un Bugs Bunny que, al fin, es asesinado por Elmer el cazador que, inmediatamente, se arrepiente de su fechoría. Los Looney Tunes vuelven a demostrar su habilidad por mezclar referencias y alta cultura en gags de slapstick a través de esta mezcla que junta la música de La cabalgata de las Valquirias de Richard Wagner, el ballet contemporáneo y cierta apropiación del barroquismo formal de la triunfante Fantasía (James Algar, Samuel Armstrong, Ford Beebe Jr., Norman Ferguson, Jim Handley, T. Hee, Wilfred Jackson, Hamilton Luske, Bill Roberts, Paul Satterfield, Ben Sharpsteen, 1940), de la compañía rival. El juego con la profundidad, las escalas de plano, las sombras, los cambios de iluminación y el último guiño de Bugs Bunny con la cuarta pared hicieron que este cortometraje animado fuera el primero en ser considerado “Culturalmente significativo para su conservación” por el Congreso de Estados Unidos. El descenso de Bugs Bunny con las coletas rubias de Krimilda a lomos de esa yegua obesa conquista a cualquiera.

2- Red Hot Riding Hood (Tex Avery, 1943)

¿Tiempos del #MeToo? Si aún no había quedado claro que los cortos animados de la Warner (por muy animados que fuesen), no iban destinados en exclusiva a un público infantil, valga este cortometraje como muestra irrefutable. Cuando el narrador comienza a contar la típica historia infantil de Caperucita roja, los personajes se rebelan para que el cuento cambie y se actualice. Pasamos a Hollywood, Caperucita es una sexy cabaretera, el lobo un dandy que no acepta un sonoro “no” por respuesta y la abuela toda una madame con aires de femme fatale trasnochada. El acosador acabará probando de su propia medicina y, sí, suicidándose en pleno cortometraje ¿infantil? Para la historia de la animación quedaron los silbidos, aullidos y ojos saltones del lobo como símbolo, de ahí en adelante, de admiración sexual. Si os parece poco, sabed que en el final original el lobo dejaba embarazada a la abuela…

1- Deberías hacer películas (Friz Freleng, 1940)

Auto homenaje al mundo de la animación, del cine y del cartoon, este es el corto más antiguo y también el único en blanco y negro de la lista pero, sin duda, el más especial. Mezcla de animación con fondos y actores reales, el cerdito tartamudo Porky sale del papel para, engañado por el Pato Lucas, dimitir de su trabajo como dibujo animado y probar suerte en el cine. Más allá de las obras maestras de Jones y Avery, este temprano homenaje al puro cartoon frente al cine de la gran pantalla, de Fred Astaire y Greta Garbo, condensa todos los objetivos de esta pequeña lista. El cine de John Ford, Yasujiro Ozu, Ingmar Bergman o Satyajit Ray es genial, sí, pero no nos olvidemos de los Looney Tunes. Y, por Dios, démosle un aumento de sueldo a Porky.

 

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