LO QUE ESCONDE SILVER LAKE

Malasaña Sándwich Club

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Aunque cada año oímos la misma cantinela acerca de una nueva película de terror, lo cierto es que It Follows (2014) sí podría ser esa “gran obra del nuevo cine de terror” hípster, postmoderno y, aun así, original y sorprendente. Con tal precedente, el nuevo paso de su autor, David Robert Mitchell, era más que esperado. Lo primero que hay que decir de Lo que esconder Silver Lake es que no es una película de terror. De primeras, decepción, pero en realidad es una buena noticia. Parece que David Robert Mitchell quiere algo más que repetir fórmulas de éxito probado en su carrera. Lo cierto es que todo eso no se le puede negar; su tercer largometraje es arriesgado, ambicioso y ¿original?

La película está protagonizada por Andrew Garfield en el papel de un nini aburrido, fumado sin necesidad de drogas, encerrado en una espiral de ocio mitómano y de escasa lucidez mental. Vamos, el papel perfecto para Garfield. Su único interés en la vida aparece en la piscina de su urbanización, en la piel de una sensual y misteriosa mujer interpretada por Riley Keough que, como Garfield, tiene un personaje a su medida. La primera idea del protagonista es, lógicamente, conquistarla, pero tras el primer contacto, desaparece. Ahí es donde el ser desconectado de cualquier propósito vital intenta volver a la actividad en forma de un detective amateur cuyo pago sería, previsiblemente, acostarse con el tesoro que busca en una isla de mundanidad bajo el nombre de Los Ángeles.

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Robert Mitchell suspende su relato en el tiempo. Desde un vestuario indeterminado (aunque predomine lo ochentero), pasamos a referencias al cine mudo, música de los 60 y 90 y drones teledirigidos dignos del más moderno Silicon Valley. La moda y las referencias culturales sirven de base para crear una temporalidad confusa, base esencial para que la narración, intencionadamente, también lo sea. Lo que esconde Silver Lake es el contingente de una deriva absurda, la de un protagonista que se adentra en espacios misteriosos de la ciudad mientras se desconecta cada vez más de su realidad, su novia, sus deudas, su madre y el aviso de desahucio de su apartamento. Los referentes bombardean la estética de la película: Keough se convierte en Marilyn Monroe, los locales nocturnos y el adosado parecen sacados del Lynch de Mulholland Drive (2001), Garfield acaba siendo la versión porreta del Jake Gyllenhaal de Donnie Darko (Richard Kelly, 2001), un drone en la cámara de Brian de Palma, etc.

El problema de Lo que esconde Silver Lake es que su juego de referentes estéticos acaba convirtiendo su propuesta precisamente en eso, una adivinanza cultural para frikis postmodernos y ochenteros. El buscado “toque Lynch” (que no Lubitsch) de extrañeza, violencia y sensualidad, precisamente por buscado, acaba siendo más cercano a un Sorrentino de marcado sello Netflix; el caos, más que absorbente, resulta exasperante y la promesa de hallar a Riley Keough, cual Patricia Arquette de Carretera perdida (David Lynch, 1997), al final del camino resulta insuficiente.

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La paranoia cultural en forma de mensajes satánicos en vinilos escuchados del revés, de femmes fatales de cine negro, los paseos nocturnos del asesino de perros cuyas sombras en la noche recuerdan a La mujer pantera de Jacques Tourner (1942) y las citas a la belleza perdida que suponen las alusiones a Janet Gaynor en El séptimo cielo (Frank Borzage, 1927), son las partes más sabrosas de este “Malasaña Sándwich Club by David Robert Mitchell”.

De tono azulado bajo un sol que no acaba de contrastar la luz y una noche de luces con sombras como si fuese americana, este cóctel referencial sobre una deriva de buscada confusión hedonista podría ser una reflexión. Si la buscamos en segundos y terceros visionados, además de creernos más listos que ganando al Trivial encontrando más referencias, probablemente veamos que el tono, el resultado de este mix, es particularmente extraño, lo suficiente como para no despreciarlo de primeras ni de segundas. Insatisfactorio pese a contener mil cosas que apasionan, de arrebatadores momentos estéticos y, sin embargo, lejos de ser “bonita” visualmente, quizás David Robert Mitchell se ha inventado un género. O más bien ha transformado un adjetivo, un término descriptivo, en uno. Lo que esconde Silver Lake es del género “película de culto”. Ahora bien, que se convierta o no en una dependerá de que sus espectadores sepan encontrar lo que se esconde en ella. Yo aún no lo he conseguido.

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Lo que esconde Silver Lake (Under the Silver Lake, EEUU, 2018)

Dirección: David Robert Mitchell / Guión: David Robert Mitchell / Producción: Jake Weiner / Música:Rich Vreeland (Disasterpeace) / Fotografía: Mike Gioulakis / Montaje: Julio Perez / Reparto: Andrew Garfield, Riley Keough, Callie Hernandez, Topher Grace, Jimmi Simpson, Riki Lindhome, Summer Bishil, Zosia Mamet, Patrick Fischler, Laura-Leigh, Grace Van Patten, Allie MacDonald, Rex Linn.

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