LO QUE ARDE CON EL FUEGO (WILDLIFE)

Lo que el fuego mata y regenera

Los momentos de felicidad son tan efímeros e inestables que sentimos la necesidad de capturarlos en fotografías para así conservarlos, motivados por el miedo a no retornar a ese estado. Bajo esta premisa metafórica Paul Dano estructura su opera prima Lo que arde con el fuego (2018), adaptación de la novela Incendios del escritor estadounidense Richard Ford.

El director novel, del que ya conocíamos sus habilidades actorales, dirige una película –coguionizada con la actriz Zoe Kazan−  contenida y centrada en plasmar las emociones de sus personajes. Para ello se rodea de un reparto a la altura de dichas exigencias, compuesto por Carey Mulligan, Ed Oxenbould, y el que ha sido su compañero de reparto en dos ocasiones: Jake Gyllenhaal.

Lo que arde con el fuego, ambientada en los años 60, mira a través de los ojos de un adolescente que presencia cómo el matrimonio de sus padres se deteriora a gran velocidad, al mismo tiempo que las llamas arrasan los bosques de Montana. El fuego, como símbolo ligado al desastre pero también a la purificación, funciona como hilo conductor de la historia.

Lo que arede con el fuego, de Paul Dano

El chico debe desprenderse de la inocencia y afrontar una situación en la que sus padres lo involucran atendiendo a una madurez que aún no ha llegado. Es inevitable no recordar al personaje de Antoine en Los 400 golpes (François Truffaut, 1959). Ambos lidian con la desatención por parte de sus padres; descubren la infidelidad de su madre a una edad similar, cuando aún no disponen de las herramientas para gestionar tal situación, y corren durante una larga secuencia intentando escapar de aquello que les hace daño.

La puesta en escena de Lo que arde con el fuego es aparentemente sencilla, sin pretensiones técnicas. La cámara se mantiene la mayor parte del film estática, otorgándole todo el protagonismo a las emociones de los actores mediante primeros planos que encierran sus expresiones y un uso algo repetitivo del plano/contraplano. Por otra parte, los planos generales nos ubican en una Norteamérica hostil tanto en el entorno natural como en el ámbito social.  Un gran acierto reseñable es el uso de una paleta de colores fríos y saturados tan precisa como elocuente, que llega a transmitir la atmósfera de angustia y la ausencia de la calidez del hogar.

Wildlife (Paul Dano, 2018)

Paul Dano no parece perseguir el sentimentalismo. El uso de la música es moderado, está presente en pocos momentos. Además, bordea continuamente una fina línea entre el desconcierto ante lo imprevisible de los personajes y la empatía que pueden suscitar. Genera emoción y tensión a partes iguales, y lo hace a través de esa contención y de unos diálogos que sentencian un futuro incierto y, en ocasiones, desesperanzador.

El chico se ve obligado a postergar su vida para madurar precipitadamente. Descuida sus estudios e incluso un interés romántico para buscar un trabajo y aportar cierta estabilidad a la familia, ya que la situación de sus padres le impide comportarse como el adolescente que es. Un crudo paso a la adultez que Dano evidencia como una luz que se apaga en la habitación dando paso a otra etapa. No sabemos si más o menos feliz, pero sabemos que el último atisbo de lo que para él parece lo más cercano a la felicidad y a la esperanza tangible quedará capturado para siempre.


Lo que arde con el fuego (Wildlife, Paul Dano, EEUU, 2018)

Dirección: Paul Dano  / Guion: Paul Dano y Zoe Kazan  / Producción: June Pictures, Nine Stories Productions, Sight Unseen Pictures / Fotografía: Diego García / Música: David Lang / Montaje: Louise Ford y Matthew Hannam/ Diseño de producción: Akin Mckenzie/ Reparto: Ed Oxenbould, Carey Mulligan, Jake Gyllenhaal, Travis W. Bruyer…

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