LITTLE JOE

La flor que nos habita

Little Joe, la película que ha presentado Jessica Hausner en el D’A 2020, tiene algo de La pequeña tienda de los horrores (Roger Corman, 1960), algo de La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956) y algo de los thrillers familiares de Haneke, pero, al mismo tiempo, nos invita a un ambiente verdaderamente singular, cosa que hace que la película sea atractiva y no un refrito. Vayamos por partes. Emily Beecham (Alice), cuya actuación comedida le valió el premio a mejor actriz en el Festival de Cannes, interpreta a una ambiciosa ingeniera genética que ha “creado” una flor, “Little Joe”, que desprende unas toxinas capaces de hacer feliz a quien las huela. La impresión fría y colorida a la vez de los invernaderos repletos de flores, hermosos pero asépticos, compone el escenario ambiguo e inquietante que caracteriza el estilo de la directora.

Little Joe, de Jessica Hausner

Alice es una mujer recién divorciada que vive con Joe, su hijo preadolescente con el que no puede pasar el tiempo que querría a causa de su dedicación laboral. Así que el florecimiento exitoso de su experimento se cruza con un periodo de transición en su vida familiar. Cuando Joe y sus compañeros de trabajo huelen la flor, su comportamiento se vuelve distinto. El tono que adquieren sus comentarios y gestos es algo homogéneo, desenfadado y distante y, sobre todo, cargado de una súbita y sospechosa estima hacia las plantas Little Joe. Lo que nos mantiene en vilo es que todos los cambios en la conducta de los personajes pueden tener explicación: su hijo se echa una novia y quiere distanciarse del confortable hogar-útero, su ayudante no quiere poner en peligro el costoso proyecto, y, si los jefes del laboratorio se vuelven permisivos con los métodos genéticos no válidos que usó Alice, puede ser debido al éxito que tiene la flor en los test olfativos. El potencial carácter doble de la flor, ya sea fantástico, como verdadera colonizadora de cerebros humanos, o fantasmático, como proyección de los conflictos que la protagonista no se atreve a afrontar, nos traslada al territorio ambivalente de otros de los títulos de la directora, como el milagro sanador en Lourdes (2009), o la Bruja de los Bosques en Hotel (2004).

Little Joe, de Jessica Hausner

Así que nos encontramos frente a la clásica protagonista que ha descubierto la presencia de un agente externo y subyugador que no puede percibirse –o  por lo menos no como un intruso dañino–  estando infectado. Estamos, pues, en el ámbito metafórico que tantas veces ha usado el cine para referirse a la incomodidad que causa el descubrimiento de la violencia simbólica, aquella que aceptamos de manera ideológicamente tácita. A los personajes con el “cerebro lavado” se les ve de buen humor, eso sí, con una alegría turbadora, del estilo de las sonrisas que muestran los adeptos de una secta. Sólo parecen preguntarse “¿por qué se estará complicando la vida Alice?”

Lo que distingue a esta película de otras con una trama análoga es que las secuencias que vemos en Little Joe en ningún momento ratifican esa “toma de conciencia” frente a una realidad negada por los personajes que rodean a la protagonista, una trama archiexplotada en la ciencia-ficción, pero que no se aleja de otro tipo de películas sobre realidades simuladas estilo El show de Truman  (Peter Weir, 1998). Hausner no cierra la posibilidad de estar presentando un estadio psicótico de Alice, que sería incapaz de distinguir entre una nueva presencia secreta imaginada y la presencia simbólica que permite interactuar a la gente sin mayor sobresalto. La directora consigue hacerte dudar (intensificando la tensión en un ambiente proclive) de que todo sea una paranoia (la percepción de un otro dentro del Otro) fruto de los conflictos personales/profesionales de Alice proyectados en la flor-Cosa. Desde ese enfoque, el encanto de la película reside en cómo nos hace simpatizar con la que podría ser una percepción alterada del entorno. Un desorden debido a la enorme agitación de Alice frente a la posible revelación de que no deseaba lo que creía desear.

Little Joe, de Jessica Hausner

Little Joe no es una aterradora película de ciencia ficción como Matrix (Hnas. Wachowski, 1999) o La invasión de los ultracuerpos (Phillip Kaufman, 1978). Lo vemos en la puesta en escena que acompaña al desconcierto pretendido del filme. Los movimientos de la cámara, muy puntuales, pues Jessica Hausner mantiene un estilo casi pictórico, se limitan a algunos acercamientos que abandonan a los personajes que dialogan para mostrarnos un punto fijo donde no hay nada que pueda ser revelador. Como si la cámara te estuviese confesando que, efectivamente, aquí lo que hay que descubrir es precisamente la nada. La música inquietante, compuesta por unos tambores y unas flautas de estilo oriental, es abrupta hasta parecer ridícula (y más teniendo en cuenta que en sus filmes anteriores Hausner suele usar música diegética, que proviene de los instrumentos y aparatos musicales que aparecen en escena), conque, paradójicamente, parece que te esté avisando de que esa tensión sea ajena al plano narrativo de la película.

El valor distintivo de Little Joe se encuentra en su ambigüedad radical, en la medida en que hace pretendidamente explícita la ambivalencia intrínseca del cine, que siempre muestra unos sucesos que han pasado y no han pasado. Que la película sea de flores mutantes o de conflictos familiares, al final, es menos importante que su carácter permanentemente abierto a poder ser ambas cosas.

Little Joe, de Jessica Hausner


Little Joe (Austria-Reino Unido-Alemania, 2019)

Dirección: Jessica Hausner / Guion: Géraldine Bajard y Jessica Hausner / Producción: Coop 99 / The Bureau / Essential Filmproduktion / Fotografía: Martin Gschlacht / Montaje: Karina Ressler / Reparto: Emily Beecham, Ben Whishaw, Kerry Fox, Kit Connor.

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