LIBÉRANOS DEL MAL

Peligrosos en Bangkok

Libéranos del mal. Revista Mutaciones

La última película de Hong Won-chan, Libéranos del mal (2020) puede verse como una secuela espiritual de The Chaser (Na Hong-jin, 2008), su proyecto debut como guionista. Híbrido del noir y escenas de acción a la orden del día, moviéndose entre un descarado entretenimiento pulp, y el drama más personal, ambientadas en escenarios turbios del crimen asiático. Unas combinaciones que, en especial con esta nueva película, funcionan en mayor medida.

In-nam, un asesino a sueldo a punto de retirarse, viaja a Bangkok para rescatar a su hija secuestrada mientras es perseguido por un sanguinario yakuza en busca de venganza por la muerte de su hermano. Libéranos del mal es una película oscura. La puesta en escena es urbana, polvorienta, las sombras prevalecen y se dibujan sobre unos personajes crueles y violentos, cubiertos en todo momento de sudor y sangre. El drama se antoja algo lejano, rodado con una pasividad que no se encuentra en las secuencias de acción, turbulentas y con una cámara más rocambolesca que no tiene miedo de crear imágenes extrañas y angulaciones amplias, aunque bastante distanciadas entre sí en el montaje. Sin embargo, pueden verse detalles que dejan marca en sus momentos más tristes, como una imagen a través de un cristal en la que una madre contempla un tablón lleno de carteles de niños desaparecidos. Gestos premonitorios de una tragedia a punto de ocurrir.

Libéranos del mal. Revista Mutaciones

Es en esta disyuntiva entre géneros y tonos donde Hong Won-chan termina por crear una experiencia particular, propia. Se aleja del thriller más convencional de sus anteriores trabajos como guionista para implementar secuencias de acción propias de una película de artes marciales al uso, con intención de sorprender y romper con la constante sensación de malestar. Son los momentos más memorables de la película los que comparten In-nam y Ray, el yakuza, en los que se desenvuelve una persecución de gato y ratón que bien podría haber sido el eje vertebral de la película. El resultado de esta curiosa mezcla de drama familiar, social y cine de artes marciales de exhibición es lo que le da ese gusto tan específico, apropiado para una película de género, pero que no deja de tener alguna costura al aire.

Tras haber relatado con minucioso detalle el ambiente del crimen callejero que se ve en su guion de The Yellow Sea (Na Hong-jin, 2010), Hong Won-chan pasa muy por encima del mundillo criminal de Bangkok que pretende presentar, sin entrar del todo en conversación con las atrocidades que pone en pantalla. Hay una clara intención de denuncia social o documentación de la realidad en las calles de Tailandia que, o nunca termina de arrancar, o se lleva a cabo de manera algo desafortunada. Especialmente con un personaje transgénero que apenas es relegado a un puesto de alivio cómico.

Libéranos del mal es una venganza familiar muy bien planteada, con ocasionales tramos de espectacular gun-fu, tiroteos y artes marciales. Pretende contar más de lo que consigue abordar, pero triunfa más cuando se recrea en su violencia. Hong Won-chan está agusto rodando sus peleas y, si bien se pueden encontrar instantes de inspiración visual en sus momentos más pausados, es en las escenas de acción  donde película brilla como la salvajada de género que podría haber sido en su totalidad.


Libéranos del mal (Daman Akeseo Goohasoseo. Corea del Sur, 2020)

Dirección:  Won-Chan Hong / Producción:  William Kim, Kim Chul-yong y Kang Kwan-ho / Guion:  Won-Chan Hong / Música: Mowg / Fotografía:  Hong Kyung-pyo / Montaje:  Kim Hyung-ju / Reparto: Hwang Jung-min, Lee Jung-jae y Park Jung-min

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