LAS NIÑAS

El silencio roto

Las niñas (Pilar Palomero, 2020) abre con una secuencia tan potente como para resumir el resto del metraje que está por venir. En apenas tres minutos, Pilar Palomero expone su tesis y reflexión, que posteriormente irá desgranando de manera más interna y meditada en una trama camuflada de coming of age. En un colegio de monjas, unas niñas practican a coro una canción religiosa. Este primer encontronazo con la España confesional, en lo que podría ser una apertura de presentación típica, tiene una particularidad metafórica de inmensa firmeza: todas las niñas cantan la canción sin emitir sonidos, solo moviendo los labios, mientras una profesora les da órdenes de cómo deben hacerlo para que no se note el silencio. Y todo ello porque una cuantas alumnas, elegidas a dedo por su condición de voces menores, no podrán mostrarla en la presentación escolar frente a los padres.

Las niñas. Revista Mutaciones

Al final de la escena, cuando casi todas las niñas se disponen, ahora sí, a cantar, Celia debe seguir moviendo solo los labios para no “estropear” la canción coral. Ese silencio al que debe someterse obligatoriamente, silencio que representa todos los secretos de una España profunda arrastrada desde la represión franquista, es el punto clave que atraviesa la ópera prima de Palomero. Una cinta que conecta en muchos puntos con ese nuevo cine español que han traído cineastas como Carla Simón, Celia Rico o Elena Trapé. Una corriente que habla de temas personales desde la mirada de la infancia o la adolescencia, con un lenguaje similar donde la cámara no abandona nunca a sus personajes. Quizá en este último sentido se acerca mucho más a Verano 1993 (Carla Simón, 2017) que a Viaje al cuarto de una madre (Celia Rico, 2018). Primero, por su situación temporal: los años 90. Segundo, por su utilización de la cámara en mano, que avanza libremente a través de unas pequeñas actrices cuya mirada en primera persona se descubre reveladora de secretos adultos.

Es imposible, por ello, no conectar las óperas primas de Simón y Palomero. En ellas se hace un retrato generacional donde temas comunes como el sida, la religión o la orfandad son pilares esenciales de la trama. Las niñas casi podría sentirse como una secuela espiritual de Verano 1993, donde la protagonista ha crecido un poco y sigue enfrentándose a muchos silencios de su vida pasada. En este sentido, la propuesta de la cineasta aragonesa se siente profundamente real y honesta en su concepción. Habla de una generación que ella misma ha vivido y lo hace deteniéndose en los detalles. Así, la multitud de referencias culturales y sociales se suceden: desde la aparición en televisión de series como Los Fruitis (Toni Babia & Antoni D’Ocón, 1990-1992), a programas como ¡Hola Raffaella! o canciones como «Viernes», de Niños del Brasil. Estos dos últimos ejemplos sirven, además, como potenciadores de un rupturismo que las niñas protagonistas empiezan a vivir. Su mundo sigue sometiéndose a una disciplina religiosa muy ordenada, pero también empiezan a asomarse al mundo de los adultos, donde las fiestas y el sexo andan cerca (mundo preservativo en pleno esplendor y normalización, como muestra la escena donde juegan con uno sin saber muy bien cual es su utilidad).

Las niñas. Revista Mutaciones

Las niñas tiene la valentía de ser silenciosa y hablar de los secretos desde el secretismo. Por ello nunca se adelanta al conocimiento de su protagonista. La mirada de Celia va descubriendo los detalles de la vida anterior de su madre, y de la ausencia de su padre, con calma y observación. Recuerda, nuevamente, a esos instantes del film de Carla Simón donde la pequeña Frida (Laia Artigas) escucha discutir a sus padres o siente el miedo de las familias de los otros niños cuando se hace una herida jugando en el parque. Son los pequeños detalles los que marcan el avance de ese profundo silencio que una España anterior todavía les obliga a guardar. Los miedos al qué dirán y a la decepción. Y siempre a través de puertas entreabiertas o conversaciones que se muestran desde el microuniverso de la joven protagonista.

Por desgracia, estos mismos elementos también rebajan impacto a la obra. Todo suena a terreno excesivamente conocido. Ya no son solo los temas, si no también las formas, las que acercan ambos debuts a un mismo punto. Del mismo modo que también se acerca, por nexos argumentales comunes de retrato generacional, al de Elena Trapé: Blog (2010), esa firme mirada a la adolescencia de un grupo de chicas. Las niñas no deja de ser, por ello, un film prometedor y certero, pero acumula demasiados tics formales que nos sitúan en ese nuevo y aplaudido cine español que corre el peligro de quedarse en marcado y repetitivo estilo. Por suerte, su escena final, que cierra el círculo que abre la primera, nos vuelve a mostrar todo lo que Palomero tiene y sabe decir. Una ruptura del silencio que la película va encontrando por sí misma y desemboca en un muy afortunado último plano donde la voz propia (de la cineasta y del personaje) son los que realmente se sitúan en primer término. Esta vez, sin necesidad de acudir a otras voces. Sin necesidad, al fin y al cabo, de repetir un patrón en silencio.


Las niñas (España, 2020)

Dirección: Pilar Palomero / Producción: Inicia Films, BTeam Pictures, Televisión Española (TVE), Movistar+, Aragón TV / Guion: Pilar Palomero / Música: Juan Carlos Naya / Fotografía: Daniela Cajías / Reparto: Andrea Fandós, Natalia de Molina, Carlota Gurpegui, Zoe Arnao, Julia Sierra, Francesca Piñón, Álvaro de Paz, Mercè Mariné, Eva Magaña, Jesusa Andany

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