LA SAGA SCREAM

El asesino está entre nosotros

Scream - Revista Mutaciones
Scream (Wes Craven, 1996)

Scream (Wes Craven, 1996) nació casi por casualidad. Kevin Williamson llevaba tiempo atascado con el guion que posteriormente se convertiría en Secuestrando a la señorita Tingle (Kevin Williamson, 1999). Por cambiar de tercio mientras encontraba soluciones a su guion problemático, decidió escribir una película de terror de las que quería ver y que ya no se estaban haciendo. Con el título genérico de Scary Movie, escribió los quince primeros minutos a toda velocidad y el resto de la historia surgió rápidamente. Los trabajos acelerados no suelen ser buenos, pero en este caso Williamson tenía la película tan clara que solo tuvo que vomitarla. El resultado fue no solo un trabajo que revitalizaría el slasher, sino uno que marcaría escuela. Nadie lo habría creído al principio, mucho menos él. El guion fue rechazado por todas las productoras hasta que llegó a Dimension Films, que proyectó llevarla a cabo como un pequeño proyecto de nicho. ¿El resultado? Un presupuesto de 14 millones y una recaudación de 173 millones. Se mantuvo en cartelera casi ocho meses y, hoy en día, sigue siendo el slasher más taquillero de la historia.

La primera película marcó la estructura de las que vendrían después. El clásico juego detectivesco de adivinar quién será el asesino aderezado con una sólida construcción de personajes y un humor autoconsciente y constante. Provocó, además, la revitalización del género, que llevaba de capa caída desde finales de los ochenta. Le siguieron multitud de imitadoras que copiaron, con mayor o menor fortuna, su fórmula.

Scream - Revista Mutaciones
Scream (Wes Craven, 1996)

Kevin Williamson conjugó con inteligencia la estructura del slasher ochentero con un whodunit propio del giallo y los escribió con la sensibilidad noventera que los había enterrado. El guion fue alabado por su originalidad y varios directores (entre ellos Robert Rodriguez y Quentin Tarantino) mostraron interés en rodarlo antes de acabar en manos de Wes Craven. Su estilo, crudo y a la vez festivo, retrotraía a la parte más oscura del slasher de la década pasada, mientras que sus diálogos y personajes eran puro fin de siglo. No solo en cuanto a estilo sino también en su subtexto. Scream se concibió a caballo entre el fin de la época analógica y el nacimiento de la era digital. Bebe de la cultura de masas, el despertar tecnológico y la histeria de los medios de comunicación. La película no solo atrajo a una nueva generación, fue provocadora y visionaria respecto a la imagen deformada que algunos jóvenes crearían de sí mismos en las redes.

Pero quizás el mayor aporte de la película de Craven y Williamson es el equilibrio que encuentra entre la ligereza y la tensión. El primer asesinato no solo es terrorífico, es divertido, involucra al espectador en un Trivial de terror que provoca dualidad. Por una parte, el reto y la diversión de estar jugando, de que la película hable directamente al público. Por otra, el momento está rodado con enorme crudeza y es bastante inquietante. Consigue que estemos del lado de la víctima emocionalmente, aunque intelectualmente provoque el oscuro deseo de que el juego continúe. La película mantiene todo el tiempo un pulso entre estados contrapuestos y en esta dualidad radica su encanto. Scream es una película de terror, un juego ligero y el espejo de una juventud egocéntrica y oscura. Retrata a una generación sobreprotegida pero criada en la cultura del horror; una juventud acomodada y perdida que ha encontrado en las pantallas el refugio que no les da su entorno familiar; que libera sus pulsiones recreando los horrores que ven en las mismas, y a una sociedad de adultos desconectada y embrutecida que prefiere pensar que el origen del mal está en esas pantallas. Ghostface es lo hipócrita y lo torcido de la sociedad del bienestar. Una sociedad que a menudo busca culpables fáciles en el exterior y a la que los árboles les impide ver el bosque.

Scream 2 - Revista Mutaciones
Scream 2 (Wes Craven, 1997)

Tras el boom de la primera era evidente que la secuela no tardaría en llegar. Scream 2 (Wes Craven, 1997) se estrenó tan solo un año después y, quizás por el poco tiempo pasado, mantiene toda su frescura. Aunque carente del impacto social de la primera, Scream 2 no solo es eficaz en su autoconsciencia de secuela, en algunos aspectos es más redonda que la original. El guion mejora el tratamiento de los personajes, especialmente la relación de Courtney Cox y David Arquette, y el personaje de Neve Campbell desarrolla nuevas capas de fuerza. Y aunque Wes Craven no consigue un momento tan inquietante como el comienzo de la anterior, su planificación en conjunto es más eficiente e inspirada. Lo que la secuela pierde de horror lo gana de tensión. Las secuencias están más elaboradas y, de hecho, la persecución en la cabina de sonido es uno de los mejores momentos de la carrera del director. Por otro lado, el clásico whodunit de la serie está especialmente inspirado, alcanzando uno de los momentos más agudos en su crítica social y, a la vez, uno de los más divertidos en el juego metarreferencial.

Scream 3 (Wes Craven, 2000) llegó más de dos años después y coincidió con el final del revival que la primera había provocado. Pero esta vez Kevin Williamson se vio obligado a bajarse del barco debido a problemas de compatibilidad con otros proyectos (de nuevo, Secuestrando a la señorita Tingle). Aunque preparó un tratamiento, la labor de escribirlo recayó en Ehren Kruger, que no solo descartó la mayoría del material, fracasó entendiendo la misma base de la franquicia. El guion es deslucido, lleno de lugares comunes y sin una chispa del ingenio de las anteriores. La trama carece de tensión, las referencias se sienten forzadas y los personajes vagan como pollo sin cabeza por una historia rocambolesca. La película casi consigue ser una parodia gracias a sus sustos de parque temático y una caracterización de personajes que bordea lo cartoon. Solo la salva el nervio de Craven, que consigue sacarla del fracaso y convertirla en un divertimento extraño por su tono estrafalario, a medio camino entre un caso de Scooby Doo y un thriller policíaco trasnochado.

Scream 3 - Revista Mutaciones
Scream 3 (Wes Craven, 2000)

Torpezas aparte, uno de los motivos por los que Scream 3 se suavizó hasta convertirse en algo inane fue la masacre del instituto Columbine. Este suceso provocó un intenso debate sobre la influencia de los medios en los jóvenes y la película fue afectada por una ola de conservadurismo. Si lo timorato ya es triste de por sí, es aún más trágico en Scream, dado que parte de su discurso se centra en la exposición de los medios a los jóvenes. Esto provocó que el guion se blanquease cambiando a los adolescentes por adultos infantilizados y que con ello no solo perdiese su trasfondo oscuro, sino cualquier tipo de violencia explícita. Una oportunidad perdida de decir algo que con toda seguridad habría levantado ampollas pero que habría sido más relevante que nunca.

Así pasaron diez años, en los que la saga empezó a dormir el sueño de los justos. Y justo cuando la primera película empezaba a reivindicarse como un nuevo clásico, llegó Scream 4 (Wes Craven, 2011). Nadie lo esperaba y lo tenía todo para fallar: una secuela tardía de una trilogía cerrada de dos autores que hacía diez años que no bebían las mieles del éxito. La película olía a exploit por los cuatro costados, pero, contra todo pronóstico, fue mucho más. Supuso una revisitación al clásico escrita con la misma frescura pero más inteligencia. Era la vuelta a casa de un Kevin Williamson que había crecido y de un Wes Craven veterano que se creció ante el buen material. Al igual que la primera se construía sobre el slasher ochentero, el cuarto capítulo se edificó sobre la innumerable lista de remakes que plagaron la década. La película subió la apuesta en humor y aunque su terror resultó ser un poco demodé, su construcción de personajes y su inteligente trama la elevan muy por encima de la media. Scream 4, tan afilada como las dos primeras entregas, está de nuevo ubicada en un presente oscuro. El discurso de la América joven y venenosa encuentra en esta película su paroxismo y se transmite incluso con más fuerza. Todo había cambiado en el género en diez años, pero su guion se centraba en la idea de que, en el fondo, nada había cambiado tanto.

Scream 4 - Revista Mutaciones
Scream 4 (Wes Craven, 2011)

Posteriormente, Kevin Williamson confirmó que su intención era realizar una nueva trilogía que abarcaría hasta Scream 6. Por desgracia, la discreta taquilla de la cuarta entrega y, posteriormente, la muerte de Wes Craven sentenciaron a las secuelas al olvido. Ya solo queda fantasear con lo que la pareja tendría pensado para el futuro de Sidney Prescott. Poco después, Scream acabó resucitando de nuevo por sorpresa en la televisión de mano de la MTV, sin la participación de Williamson ni Craven. No hay mucho que decir sobre la serie más allá de que intenta tanto ser Scream que acaba subrayando lo mucho que no puede serlo. El miedo a encontrar su propio tono y de alejarse demasiado del original dejan un regusto a plato medio cocinado que se olvida con rapidez. No termina de ser terrorífica, ni divertida ni de entender el corazón de las películas. En el fondo no es más que uno de los clones que la película produjo. Aunque un clon decente, eso sí.

La historia de la franquicia llega hasta aquí. Lo que el futuro le pueda augurar es un misterio de momento (más allá del reboot confirmado de la serie). Lo que está claro es que encontrarán un modo de revivirla, dado que el público mantiene viva a la saga. La clave de su éxito probablemente siga en su frescura y, al mismo tiempo, lo terrorífico de su idea central: desde su acercamiento pop, Scream habla de la cercanía del horror. De un terror realista y posible. Ni siquiera hay un asesino de aspecto monstruoso que te distancie de lo que ves (como Freddy, Jason o Leatherface). Ghostface es solo una máscara con el encanto de lo rudimentario (reflejo directo de Michael Myers, homenajeado en la primera película). La máscara no se diseñó como encarnación del horror, era un objeto vulgar y preexistente al que se le ha conseguido dar el estatus de horror. Pero lo distintivo de Ghostface es que debajo puede estar cualquiera. El mal puede estar dentro de cada uno porque los jóvenes están constantemente escondidos tras una máscara literal y metafórica. El mal a la vuelta de la esquina es un tema recurrente en la visión iniciática de Wes Craven (La última casa a la izquierda o Las colinas tienen ojos) y aquí se desarrolla con mucho más tino.

Scream TV - Revista Mutaciones
Scream: La serie de televisión (Jay Beattie, Jill E. Blotevogel y Dan Dworkin, 2015- )

Por supuesto hay películas que han conseguido un acercamiento más realista y aterrador a este concepto (Funny Games o Los extraños entre muchas otras) pero Scream se mueve en otras coordenadas más juveniles. Su torrente de referencias y su icónico asesino se han convertido en parte de la cultura pop. Sin embargo, a pesar de su ligereza, el eco que produce es tan fuerte que se han documentado al menos cuatro casos de crímenes inspirados en la saga. Scream resuena en los jóvenes porque retrata fielmente sus relaciones y sus fantasías y, quizás, su ligereza es lo que la convierte en un objeto más terrorífico. El humor y la oscuridad juntos retratan una imagen más frívola del mundo adolescente, aunque, irónicamente, también más realista: un mundo en el que el mal no es abstracto, determinista ni forzosamente trágico. En el que la risa se combina con el odio y la ligereza con la crueldad más vacía. Un mundo lleno de humor negro y sangre, en el que no conocemos del todo a quienes nos rodean y en el que nos tomamos a guasa la tragedia ajena. Un mundo de adolescentes de egos torcidos o luchadores que se niegan a convertirse en víctimas. Es decir, un universo juvenil tan verosímil y atractivo que es propenso a que algún joven se pierda en él y los árboles le impidan ver el bosque.

Scream 4 - Revista Mutaciones
Scream 4 (Wes Craven, 2011)

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