LA ISLA DEL DOCTOR MOREAU. LOST SOUL

Una industria de hienas

Como en un palimpsesto, hay dos películas en La isla del doctor Moreau (John Frankenheimer y Richard Stanley [no acreditado], 1996). La primera de ellas, la visible, es mala, muy mala, y no tiene gracia; la otra es una loca película de fantasmas. Tendiendo un puente entre ambas, se encuentra Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del Dr. Moreau (David Gregory, 2014). No es un gran documental, pero permite acceder a los entresijos de la producción y a aquella segunda película que no llegó a ser. Como dicen en un momento del documental, La isla del doctor Moreau fue producto de la crisis de identidad que sufría en los 90 su productora, New Line Cinema, que pasaba de hacer películas de serie B y underground como Pink Flamingos (John Waters, 1972), La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974) y Las tortugas ninja (Steve Barron, 1990) a apoyar a jóvenes talentos como David Fincher y Paul Thomas Anderson. Querían convertir La isla del doctor Moreau de Richard Stanley, originalmente un proyecto de mediano presupuesto (entre 5 y 7 millones de dólares), en una película arty de millones y millones de dólares.

Por La isla del doctor Moreau desfilaron Bruce Willis, que pensaba en un giro en su carrera como sería El sexto sentido (1999); James Woods; Rob Morrow, que tras varios días de rodaje llamó a su agente suplicando que le sacaran de ese infierno; Val Kilmer, que se encontraba en la breve cima de su carrera, terminó la película pese a hacer lo posible por boicotearla, propició el despido de Richard Stanley y fue un cretino; el escritor de la mejor crónica de Vietnam (Dispatches), Michael Herr, que dejó su impronta en el personaje del náufrago; el propio John ‘Tirano’ Frankenheimer que se ganó el odio de actores, estrellas, técnicos y nativos australianos; y, por supuesto, Marlon Brando. La novela de H.G. Wells y El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, se encuentran lo suficientemente enmarañadas -y tras el paso de Herr por ambas, unidas ante el fondo de Vietnam-, como para que Apocalypse Now se sumara al intertexto de la película y alguien tuviese la genial idea de llamar al actor más complicado del momento, con permiso de Val Kilmer. Cuentan en el documental que ambos se odiaron desde el primer instante y competían por quién saldría primero del tráiler mientras hacían esperar en el set al resto del equipo, con horas de maquillaje encima y un bochorno selvático.

La isla del doctor Moreau

Cuando Wells acusó a Conrad de plagiarle el personaje de Kurtz, él se excusó señalando al explorador Henry Morton Stanley como su modelo, con quien Richard Stanley asegura estar vinculado. Richard Stanley… Antes de fulminar su carrera con La isla del doctor Moreau, Stanley había dirigido pequeños títulos de culto como Hardware (1990). Desde pequeño había estado obsesionado con la novela de Wells y sus adaptaciones al cine, a las que quería contribuir recuperando de la novela la caracterización de Moreau como el creador benevolente de los “humanimales”, influido a partes iguales por Darwin y por Cristo, y poniendo el foco en las dificultades que afrontan las criaturas tras liberarse de su creador. Así lo explica en la entrevista que estructura Lost Soul, donde los demás entrevistados sirven de contrapunto y desarrollo de ella.

Richard Stanley

A pesar de su sombrero de ala ancha y de los medallones y ropajes de nativo americano, Richard Stanley parece un sensato conocedor de la novela y de todo lo que la rodea. Es cercano y amigable, tiene buenas ideas, amplios conocimientos de antropología y verdadero entusiasmo por los diseños artísticos de “su” película. Entonces comienza a relatar algunos detalles de esas ideas originales como quien explica una broma privada enormemente divertida: Montgomery (Val Kilmer), estaría profundamente familiarizado con los humanimales y perdería el pene por el bocado de una mujer-cerda; la mujer-pantera era atrapada por los hombres perros, asesinada, cocinada en una muestra de civilización y dada de comer al náufrago – serían descubiertos y castigados por Moreau, pero los perros, sin la memoria de los hombres, no recordarían el motivo; el náufrago descubriría el secreto de la mujer-pantera (mucho más pantera de lo que finalmente resultó) en una escena de cama, cuando le está besando los pezones y pasa de uno a otro, y a otro, y a otro y cuenta hasta seis pezones. Además, Stanley relata cómo recurrió a la brujería para mantenerse en el proyecto y ganarse el favor de Brando. O hace examen de lo sucedido, de por qué acabaron expulsándole, mezclando causas reales con señales oníricas y explicaciones paranormales.

Decididamente, La isla del doctor Moreau adoptó un tamaño desproporcionado para la experiencia de Stanley, en especial con estrellas de un ego talla Val Kilmer, y nadie trató de ayudarle. Probablemente se volvió, aunque con motivo, demasiado paranoico y receloso de su proyecto y comenzó a encerrarse en sí mismo. También es verosímil que Stanley fuese un excéntrico desastre, empecinado en construir el set a una hora del hotel (dos horas perdidas en ida y vuelta para todo el equipo) en Cairns, la selva más lluviosa de Australia, para plantar allí nuevos árboles (plataneros) y poder mostrar la montaña más alta del continente al fondo del plano: cuenta el ayudante de dirección de Frankenheimer que entre todos los nublados días de rodaje esa montaña solo fue visible durante hora y media, y tuvieron que cavar un profundo foso donde enclavar la cámara para encuadrarla.

En cualquier caso, la producción fue una crisis constante que acabó con la expulsión de Stanley, la llegada de Frankenheimer, la conversión de un par de semanas de rodaje en muchos meses y la progresiva degeneración moral del equipo. Cuenta también el documental que Frankenheimer quiso aumentar el número de extras contratando a cualquier freak o descastado que hubiera pasado por la parada de los monstruos; el equipo, entre las peleas de las estrellas, los gritos del director y el bochorno, se entregó a las drogas y los excesos de manera no muy distinta a como lo hacían sus humanimales personajes; y Stanley pudo volver a frecuentar el set en secreto bajo un disfraz de mono. Quería ver por sí mismo cómo, sin interés por la película ni tiempo para entenderla, Frankenheimer y sus guionistas destruían aquello por la que tanto había luchado. Hoy podemos ver en la película al propio Stanley disfrazado, dando brincos como un poseso y paseándose con una antorcha junto a toneladas de gasolina (corría el rumor de que Stanley vagaba por el set e iba a destruirlo todo, y los responsables estaban verdaderamente asustados, pero Stanley no causó problemas aun cuando pudo).

Boceto de Richard Stanley
Boceto original de Richard Stanley para La isla del Dr. Moreau

¿Qué más queda de Richard Stanley en todo esto? Sabemos por Lost Soul que no mucho de las escenas de Brando, que se iban improvisando sobre la marcha para satisfacer a las demandas del actor, unas menos afortunadas que otras. Donde más visible son las ideas de Stanley es en el diseño de producción. Aunque tras ser expulsado trató de destruir todo el material que pudo de los bocetos y se confabuló con los aborígenes para dibujar una maldición con piedras en el plató, el casting, los diseños y las prótesis de los humanimales se crearon cuando él estaba al mando y fue a lo que dedico más tiempo y cariño, y todos sus conocimientos de antropología. También es probable que en algún grado se deban a él algunas de las escenas -para bien o para mal- más impresionantes, como aquella siniestra intervención quirúrgica a manos del buen doctor y sus asistentes caninos, donde resuenan algunos de los bocetos originales.

Hay dos películas en La isla del doctor Moreau. La visible es un desastre, pero se puede recorrer en busca de las huellas y las manifestaciones de la gloriosa catástrofe que fue su rodaje o de aquella otra película que Stanley quisiera haber rodado ? un trabajo que, con tan pocas imágenes de la película, Lost Soul deja incompleto. Un objeto de culto con que acceder al fantasmagórico mundo de las películas perdidas.


La isla del Dr. Moreau (The Island of Dr. Moreau, EEUU, 1996)

Dirección: John Frankenheimer  Richard Stanley (no acreditado) Guion: Richard Stanley, Michael Herr (no acreditado) y Walon Green (no acreditado) y Ron Hutchinson (Novela de H.G. Wells) Producción: Edward R. Pressman y Tim Zinnemann (para New Line Cinema) / Música: Gary Chang / Fotografía:  William A. Fraker / Montaje: Paul Rubell,  Adam P. Scott y Thom Noble  (no acreditado) / Diseño de producción:  Graham ‘Grace’ Walker / Diseño de arte: Ian Gracie / Reparto: Val Kilmer, Marlon Brando, Fairuza Balk, David Thewlis, Ron Perlman, Temuera Morrison, Mark Dacascos, Marco Hofschneider, Richard Stanley


Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del Dr. Moreau  (Lost Soul: The Doomed Journey of Richard Stanley’s Island of Dr. Moreau, EEUU, 2014)

Dirección: David Gregory Guion: David Gregory / Producción: David Gregory y Carl Daft (para Severin Films)Música: Mark Raskin / Fotografía: Jim Kunz Montaje: Douglas Buck / Entrevistados: Richard Stanley, Robert Shaye,  Edward R. Pressman, Tim Zinnemann,  Fairuza Balk, Marco Hofschneider, Rob Morrow, Fiona Mahl…

 

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