LA GRAN BELLEZA

Nostalgia de una existencia en ruinas

Si bien el mayor pecado de Paolo Sorrentino suele residir en el exceso del exabrupto estético desvinculado de una narrativa unificada y que, inevitablemente, puede llegar a sentirse fuera de lugar o injustificado, la constante digresión audiovisual del director italiano encuentra su medida ideal en La gran belleza (2013). Sin ningún miedo a la contemplación, siempre que esta provoque sensaciones genuinas, presenta una Roma que es al mismo tiempo decadente y esplendorosa. De esta manera, Sorrentino suscita un estado anímico, reflejo tanto de la totalidad de una sociedad como de su protagonista, en constante tensión entre lo banal y lo significativo. El binomio ruina-belleza, ininterrumpido a lo largo de todo el largometraje, se manifiesta a modo de contrastes: cultura, arte y literatura frente a la frivolidad y vacuidad de un modo de vida puerilmente elitista.

La gran belleza 3 - Revista Mutaciones

El cronista de este viaje es el periodista y escritor Jep Gambardella, destinado a la sensibilidad según sus propias palabras y, por tanto, ideal para mostrar a la audiencia el terrible desgaste de lo bello propiciado por la vana contemplación y el falso revestimiento del vacío existencial. Jep, interpretado por Toni Servillo, no es un personaje interesante o sugerente más dentro de la filmografía de Sorrentino. Si se piensa en el excéntrico Cheyenne en Un lugar donde quedarse (2011), el carismático Pío XIII en El joven papa (2016) o incluso en el Berlusconi de Silvio y los otros (2018), nos encontramos ante unos protagonistas cargados de excesos o minados por ciertas contradicciones sin resolver, más allá de su innegable magnetismo. No obstante, Gambardella encaja a la perfección en el espíritu del filme,  culto y extremadamente mordaz en sus argumentos, que desenmascara toda falsa pretensión de sentido, pero líder de esa conga hacia ningún lugar, con un comportamiento desesperadamente hedonista.

La muerte de su antigua novia y amor de juventud desencadena las reminiscencias de su pasado, mientras transcurren unos paseos interminables por la impasible Roma, a lo largo de los cuales queda en evidencia cómo la memoria de Jep está en plena consonancia con los escenarios por los que transita, desgastada y ruinosa pero aún merecedora del elogio. De hecho, la contraposición entre un arte revelador y otro insultantemente efectista y vacío se ejemplifica en la propia labor de Jep como crítico de una obra contemporánea a la que debe asistir. La búsqueda del sentido aquí se torna frustrante y se describe por Gambardella como un arroz recalentado de forma infame. El antídoto contra esta manera de entender el arte se encontraría al echar una mirada al pasado, considerando que “lo viejo es mejor que lo nuevo”. Sin embargo, cabe preguntarse pues qué esperanza pervive cuando el propio Gambardella considera su única novela un ejercicio de vanidad fútil e incluso Roma, en su progresiva decadencia, comienza a desilusionar, acrecentando la soledad y la angustia existencial de sus habitantes.

La gran belleza 2 - Revista Mutaciones

Por todo esto, La gran belleza es una cinta de un poder destructor espeluznante, al exponer mordazmente la problemática posmoderna por excelencia: desesperanza ante la falta de un sentido vital totalizador. Ni siquiera la anestesia sensorial generalizada que emana de la frenética vida nocturna romana es suficiente para afrontar una realidad vacía de significado, mientras que los grandes mecanismos epistemológicos como el arte y la religión ya no son satisfactorios. Todo parece fallar, hasta que Romano, compañero de Gambardella, hace una sincera apelación a la nostalgia como “lo único que nos queda a los que no tenemos fe en el futuro”. Sorrentino volvería a demostrar su interés por la nostalgia en La juventud (2015), pero ya aquí encuentra en su ejercicio una eficaz evocación de los destellos de felicidad de una vida pasada, lo único que precede a la muerte. Jep ha fracasado en su búsqueda de la gran belleza, consciente de que un solo individuo no puede comprender la dificultad de las cosas, pero finalmente descubre que merece la pena volver a escribir para plasmar las ráfagas de modesta belleza que marcaron su existencia más allá de toda la charlatanería. Los inconstantes destellos de una belleza apabullante que, a veces, se pueden presenciar en un cine.


La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)

Dirección: Paolo Sorrentino / Guion: Paolo Sorrentino, Umberto Contarello / Producción: Viola Prestieri, Nicola Giuliano, Francesca Cima, Vivien Aslanian / Fotografía: Luca Bigazzi / Música: Lele Marchitelli / Montaje: Cristiano Travaglioli / Reparto: Toni Servillo, Carlo Verdone, Sabrina Ferilli, Carlo Buccirosso, Iaia Forte, Pamela Villoresi, Galatea Ranzi, Franco Graziosi, Giorgio Pasotti.

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