LA CAMARISTA

De cielo y tierra

La camarista-Revista MutacionesLa camarista-Revista Mutaciones

En la escena inicial de La camarista, ópera prima de la mexicana Lila Avilés, Eve, una limpiadora de hotel, se sorprende al encontrarse entre las sábanas y tirado en el suelo a un hombre. Eve se asusta y el hombre se levanta tambaleándose. Con este sencillo comienzo, Avilés nos muestra las claves sobre las que funciona La camarista: las fugaces y extrañas relaciones que se establecen entre la limpiadora y los huéspedes del hotel articulan las diferencias sociales, económicas, étnicas y culturales entre dos mundos ajenos pero en constante vinculación. Con clara votación por documentar y reivindicar el trabajo de los empleados de la limpieza, pocas escenas aportan información de la vida privada de Eve. Más allá del hotel todo queda en fuera de campo, todos los datos que se van descubriendo son a raíz de las conversaciones de Eve con sus compañeros de trabajo y huéspedes o con las llamadas telefónicas que realiza a su familia.

La exigencia por dignificar el trabajo de la limpiadora conlleva planos de focales cortas en ambientes pequeños: las habitaciones, los cuartos de máquinas o el ascensor se convierten en lugares claustrofóbicos. Tan solo los amplios ventanales de las habitaciones nos permiten comprobar la magnitud del hotel en el que trabaja Eve. El aislamiento en un lugar que no le es familiar, la rutina laboral que a pesar de su monotonía permite situaciones extrañas y el deseo de poder trabajar más para ayudar a su familia estrangulan la vida de Eve. Los planos cerrados sugieren esa fricción entre el lugar y su protagonista.

Pero el uso de focales cortas también da cabida a escenas en las que apenas se puede reconocer a los interlocutores de Eve, en algunas ocasiones por quedar fuera de campo o en otras por quedar desenfocados. Así, por ejemplo, las promesas del ama de llaves a Eve para conseguir más trabajo o para que le entregue un vestido rojo de objetos perdidos son vanas. Son una voz amable que deniega los pedidos de Eve, pero que estimula su trabajo con falsas esperanzas.

La camarista-Revista Mutaciones

Si en La Nana (Sebastián Silva, Chile, 2009) se generaban situaciones de extrañamiento entre una familia y su empleada del hogar por el comportamiento tosco de esta y en Roma (Alfonso Cuarón, México, 2009) existía un inverosímil romanticismo en la relación entre una familia pudiente con su empleada del hogar, en La camarista hay una vocación clara por dignificar el trabajo de limpiadora sin concesiones ni condescendencias.

En ese sentido, la película convierte la rutina en su elemento insigne al mostrar de manera frecuente, pormenorizada y meticulosa el trabajo de Eve, pero, a su vez, La camarista se permite licencias que desbordan esa rutina. En un momento de estrés e ira Eve sube al helipuerto del hotel donde otea la enormidad de Ciudad de México. La cámara oscila desde la ruidosa ciudad terrestre hasta el silencio sepulcral del cielo. No es en vano el movimiento, es la comparación de dos realidades, como a las que se enfrenta Eve diariamente.

La camarista (México, 2018)

Dirección: Lila Avilés / Guion: Lila Avilés, Juan Carlos Marquéz / Reparto:   Gabriela Cartol, Teresa Sánchez, Agustina Quinci, Alán Uribe / Producción: La Panda. Distribuida por Alpha Violet / Fotografía: Carlos Rossini / Montaje: Omar Guzmán.

Un comentario en «LA CAMARISTA»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.