KILL BILL VOL.2

El homenaje y el subgénero

Quentin Tarantino, mucho antes de ser (para muchos) el reputado director de cine actual, era un humilde trabajador de un videoclub de barrio. Allí se había convertido en un consumidor voraz de cine de toda clase, desde clásicos inmortales hasta cualquier producto de serie Z. Este empacho cinematográfico significó un punto de partida en su propia carrera fílmica. Ha supuesto desde entonces, un inagotable motivo de inspiración para sus películas. Las referencias han sido constantes y sobre todo, muy dispares, con atributos pertenecientes al cine negro y a la Nouvelle Vague y la fragmentación en la narración que ha derivado de ello, por ejemplo, han sido fuentes inagotables de influencia fílmica en títulos como Reservoir Dogs (1992) o Pulp Fiction (1995). Tan grande ha sido y es el bagaje cinematográfico de este director, que continuaría inspirando a más títulos como es el caso del díptico (inicialmente fue incubado como una sola película) de Kill Bill (2003-2004). La primera mitad, el llamado Vol.1, es un reflejo de lo que ha supuesto para Quentin Tarantino la influencia del cine de artes marciales, tanto hongkonés como japonés y ejemplificado en filmes como Juego de la muerte (Game of death, Bruce Lee, 1978) o Samurai Fiction (Hiroyuki Nakano, 1998), o como en el anime y la cultura neopop que inunda Asia.

Para la segunda mitad, el Vol.2, la manera de escoger las texturas, tono y estilo cambia. Los recursos utilizados en la primera parte, como el intencionado desorden narrativo o uso del flashback esencialmente; las grandes secuencias de luchas marciales o la brusquedad a la hora de recurrir al zoom, entre otros, permanecen en ésta, si bien su uso es reducido en comparación al Vol.1. Pero a grosso modo toda la atmósfera en las escenas de esta segunda parte constituye un conjunto referencial completamente nuevo, abierto a horizontes cinematográficos más clásicos y de relevancia más generacional visto desde la influencia entre directores a lo largo del tiempo, o como también la influencia del spaguetti western de Leone (entre otros) y no tanto con ese espíritu gamberro y pop de la primera. Fuera de toda duda, la referencia más exacta a partir de ahora es el western, tanto en su tono, más sobrio y más asentado en un género, como en su estilo grandilocuente en sus imágenes, pero adaptadas a una puesta en escena macerada por referencias más actuales y encajando en una promoción que ha ayudado a construir una variante llamada neowestern. Kill Bill Vol.2 pertenece a ésta. Se compone una película tan redonda como ambiciosa y se presenta como un ejercicio de narración no lineal formado por un conjunto de escenas que, si es cierto que están conectadas narrativamente unas con otras, también lo es que sus puestas en escenas son diferentes entre sí. Ese es otro de los méritos de adaptar sus constantes influencias y convertirlos en homenajes casi en cada escena y que la diferencia estilística durante la transición de una a otra, no descosa el tono general de la película. Quentin Tarantino como gran espectador y consumidor de cine que es lo demuestra en un festival de homenajes que abarca clásicos del oeste como Salario para matar (The Mercenary, Sergio Corbucci, 1968), cinta en la que aparece una lista igual a la que utiliza La Novia en el díptico; spaguettis de Leone, donde Tarantino calca el plano inicial de Henry Fonda en Hasta que llegó su hora (Once Upon a Time In The West, 1968) en uno de Uma Thurman. Los recursos estilísticos están completamente adscritos al western , y, de hecho, el cineasta se encarga de materializarlos continuamente como las grandes panorámicas que parecen emular al Monument Valley de John Ford, por ejemplo. Los duelos son rodados con el mismo tono y estilo crepuscular de algunas de estas cintas, como el duelo final entre La Novia y Bill. Muchos son los ejemplos evolucionados e insertados, pero, paradójicamente, no solo del western vive el neowestern, sino que puede permitirse adaptar situaciones de carácter actual en escenas como la lucha en la caravana con un estilo más refinado y, sobre todo, cerrado en planos y duración de montaje.

El reciclaje de imágenes que ofrece Tarantino en Kill Bill Vol.2 es buena prueba de ello y permite la reinterpretación de clásicos y ponerlos en bandeja hacia una futura comparación con estos títulos (re)formulados mediante de la disparidad de influencias introducidas sobre sus imágenes sin dejar de definir un estilo. Lo conseguido es una creación de un director y una persona, ambas, que viven únicamente por y para el cine.


Kill Bill Vol.2 (Estados Unidos, 2004)

Dirección: Quentin Tarantino / Producción: Miramax / Band Apart / Guion: Quentin Tarantino  / Música: Robert Rodríguez, Ennio Morricone / Fotografía: Robert Richardson / Montaje: Sally Menke/ Diseño de producción: David Wasco / Reparto:  Uma Thurman, David Carradine, Lucy Liu, Vivica A. Fox, Chia Hui Liu, Michael Madsen, Daryl Hannah, Michael Parks, James Parks, Bo Svenson, Jeannie Epper, Stephanie L. Moore, Shana Stein, Caitlin Keats, Christopher Allen Nelson, Samuel L. Jackson, Laura Cayouette, Clark Middleton

3 comentarios en «KILL BILL VOL.2»

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