JUPITER’S MOON

El predicador de Europa

La literatura popular nos ha acostumbrado a que toda crisis tiene su predicador. Ahí está, feliz, es su momento. Subido en una cesta de la fruta se complace y regodea en los males de este mundo. Nos acusa. Nos exige que creamos en otro. Que miremos al cielo. Jupiter’s Moon comienza señalando a la luna del título. La única de las cerca de 70 lunas de Júpiter que podría albergar vida pese a las miserables condiciones que la rodean. Se llama Europa. Un cielo, que comienza como metáfora de nuestro continente, inmerso en la crisis de los refugiados, pero que pronto irá más allá cuando la película comience a hablar de la existencia o no de los ángeles, de la fe y el miedo a los milagros y a llenarse de ínfulas de transcendencia. Pero mucho antes del final uno deja de preguntarse si ese cielo del predicador con sus milagros, ángeles y demonios sigue siendo una metáfora laica o se trata de una reaccionaria respuesta religiosa al presente, porque Jupiter’s Moon está tan autosatisfecha de su relevancia que no importa lo que el espectador piense.

Jupiter's Moon, de Kornél Mundruczó (2017)

Probablemente la imagen de un predicador autosatisfecho, que tan bien se ajusta a la actitud del director Kornél Mundruzcó hacia el tema de los refugiados, sea lo único de cultura popular que tenga Jupiter’s Moon. No debía ser así. Aryan es un refugiado sirio que es disparado al llegar a Europa (Hungría) y adquiere milagrosos superpoderes, escapa del campo de refugiados y da con un médico de moral dudosa que comienza queriendo explotarlo y termina viendo en él la oportunidad redimir sus pecados. Pero el modelo de superhéroe en Jupiter’s Moon se parece más al de aquel de hace 2017 años en que se inspirara Superman que a los del cómic.

Más que volar, Aryan levita. Levita sobre las aguas amarillas de una piscina, levita sobre el sucio asfalto de Hungría, levita sobre ese país-muro contra los refugiados del Este (como España en el sur de Europa). Aunque Aryan está buscando aus padre, éste (carpintero, para más señas) murió el mismo día que él recibió sus tres heridas, cuando llegaron a Europa en busca de esperanza y sin saber que aquí Dios estaba muerto y la esperanza la traían ellos. O eso parece decir la película, aunque tal y como está narrada nunca queda claro qué quiere decir realmente. Tiene, eso sí, unas deformaciones digitales y algunas escenas de acción muy impresionantes (una de ellas incluye una persecución en plano secuencia desde el plano subjetivo de un coche).

Jupiter's Moon, de Kornél Mundruczó (2017)

El caso es que donde hay un cielo tiene que haber un infierno; donde hay ángeles, demonios. Y allí donde hay un refugiado bueno existe su doble malvado, que en el elaborado mundo de Mundruczó es un terrorista. ¿En qué lugar quedan aquí Hungría y Europa? Sin duda en uno en el que tienen que ser salvadas. Desde el personaje del doctor Stern hasta la paleta de colores amarillos para interiores, todo en Jupiter’s Moon subraya la miseria económica y moral en que nos encontramos. Recreándose en el miserabilismo, la represión, el caos y la violencia, basta con que Aryan levite para que todos tengamos que mirar al cielo.

Jupiter’s Moon le importa tanto elevarse hasta la trascendencia que pierde la capacidad de decir nada concreto. Como si no entendiera que la crisis de los refugiados es un problema de este mundo y no el púlpito urbano para transmitir la palabra del otro.

(Recuperamos esta crítica realizada durante el Festival de Sitges 2017)


Jupiter’s Moon (Jupiter holdja, Hungría, Alemania, Francia, 2017)

Dirección: Kornél Mundruczó / Guion: Kornél Mundruczó y Kata Wéber / Música: Jed Kurzel / Producción: Viola Fügen, Michel Merkt, Viktória Petrányi y Michael Weber (para Proton Cinema, Match Factory Productions, KNM) / Fotografía: Marcell Rév / Montaje: Dávid Jancsó / Diseño de producción: Márton Ágh / Reparto:  Zsombor Jéger, Mónika Balsai, Merab Ninidze, György Cserhalmi

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