JUMBO

Luces y emoción

Jumbo. Revista mutaciones

Dentro de la sección oficial internacional del Festival Audiovisual Jove de Barcelona, se pudo visionar a través de Filmin el primer largometraje de la belga Zoé Wittock, Jumbo. El filme, un drama con elementos de ciencia-ficción que invita a reflexionar sobre la libertad y la tolerancia, y al mismo tiempo hace un vistoso despliegue estético lleno de neones y colores.

Jeanne es una joven obsesionada con las luces y las atracciones del parque donde trabaja de noche limpiando. En su tiempo libre, pasa el tiempo con las maquetas a escala que ella misma ha construido de las máquinas del parque, creando una especie de refugio lleno de luces y cables en su habitación. Su madre, una camarera marcada por el abandono del padre de Jeanne, pero llena de vitalidad, es su única amiga y cómplice, sin embargo, está obsesionada con que Jeanne conozca un hombre. La protagonista no lleva bien las relaciones con humanos, introvertida y tímida, rehúye cualquier interacción con el sexo opuesto. Para Jeanne, los momentos felices son los que disfruta cada noche limpiando con mimo y delicadeza las atracciones y cada día perfeccionando sus maquetas. Una nueva incorporación en el parque a la que ella misma bautiza como Jumbo da un giro en su vida y pondrá a prueba sus creencias y su valor, así como el vínculo con su madre.

La primera parte de la opera prima de Wittock desprende sensaciones muy intensas y sorprende al espectador con cada paso que toma la trama. Llena de sugestión visual y con un halo fantástico embriagador, comienza a entretejerse una historia surrealista donde la fantasía y el realismo están separados por una línea muy fina. Sin embargo, a partir de cierto punto la acumulación de temas en una trama que de primeras era sencilla resulta apabullante e innecesario. La pretensión de racionalizar una premisa basada en la ciencia ficción hace que una historia que podría funcionar como metáfora acabe casi en comedia absurda.

 La dirección de fotografía y la artística destacan en una película en la que muchas veces la historia se sustenta en las imágenes y la interpretación de Jeanne por parte de Noémi Merlant. Como ya hizo en Retrato de una mujer en llamas (Céline Sciamma, 2019), la mirada de Merlant vuelve a acaparar la pantalla. En los ojos de la actriz se concentran los sentimientos de Jeanne, se esconde el dolor de una persona introvertida y se refleja la ilusión de conectar con algo por primera vez en la vida. Por su parte, la estética retro tan de moda actualmente desde el éxito de la serie Stranger Things (Matt Duffer, Ross Duffer, 2016) entre otras, funciona en Jumbo de una forma especial. Tanto los escenarios interiores de la casa de Jeanne y su madre como los exteriores del parque de atracciones destilan un estilo atemporal que hace casi imposible situar la historia. De esta forma, la cuestión de realismo queda más amparada ante imposibilidad de enmarcar con precisión el escenario en un tiempo contemporáneo.

El debut de Wittock es un filme que lleva a la reflexión y el cuestionamiento, no sin olvidar la total solvencia a nivel técnico y el gusto estético en la puesta en escena. Acompañada de una actriz en estado de gracia, la directora se lanza a la gran pantalla con un género que cuenta con escasos nombres femeninos.

Jumbo (Francia, Bélgica, Luxemburgo, 2020)

Dirección: Zoé Wittock / Guion: Zoé Wittock / Producción: Insolence Productions, Les Films Fauves, Kwassa Films / Fotografía: Thomas Buelens / Montaje: Thomas Fernandez / Música: Thomas Roussel / Reparto: Noémie Merlant, Emmanuelle Bercot, Bastien Bouillon, Sam Louwyck.

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