IT – ESO (1990)

El paso del tiempo

Todo el que haya oído algo de la relación de Stephen King con el cine sabe que el escritor repudia la versión que Stanley Kubrick realizó de El resplandor (1980). Se encuentra más cómodo con la versión realizada para televisión en 1997 por Mick Garris y de la que se encargó en solitario del guion. No sabemos si el reciente estreno de la nueva It (Andrés Muschietti) en cines supondrá un caso similar con el conocido telefilme de culto que realizó Tommy Lee Wallace en 1990 y que ocupa (si el director de Mama triunfa quizás habría que decir “ocupaba”) un lugar privilegiado en el imaginario cinematográfico del escritor.

Al igual que la nueva adaptación, cuya segunda parte (la referida a la vida adulta) llegará el año que viene, este telefilme de más de tres horas fue realizado para emitirse en dos mitades. La primera de ellas nos narra la infancia de siete personajes a través de flashbacks invitados por la llamada de uno de ellos. El mensaje es simple, “it is back”. Así conocemos a “El Club los Perdedores”, niños con diversos problemas cuya amistad y unión les protege de las recientes desapariciones y asesinatos de niños solitarios. Tras creer haber vencido a “Eso”, la aparición de nuevos asesinatos reúne a la pandilla treinta años después para acabar definitivamente con ese ente con apariencia de payaso que parece vivir a través de los miedos más profundos.

Lo cierto es que el aire de telefilme impregna toda la cinta hasta hacer parecer superficialmente vieja una película que, casi treinta años después, no puede evitar pecar de cierto aire cutre y simplón que podría echar por tierra sus virtudes en un primer vistazo. Pese a la imposibilidad de ignorar estos defectos, la cinta cuenta con una extrañeza singular que hace que su visionado siga siendo perturbador. Cierto es que el traje de payaso ahora nos parece demasiado ortodoxo pero su clasicismo como personaje circense puro hace más inquietantes sus carcajadas. La falta de medios beneficia esta apariencia, y la capacidad de movimiento y transformación de “Eso” se ve agraciada por una cámara que, quizás sin elección, hace de visión subjetiva de este monstruo singular que se mueve a través de rendijas y cloacas. El resultado provoca que su presencia sea más alargada, su magia más realista y su miedo más subterráneo y subconsciente.

Resalta la forma de provocar miedo de esta It, tan alejada de los cánones habituales del terror. Todo en la cinta de Wallace aparece iluminado, directo y anunciado. No hay golpes de efecto, ni visuales ni sonoros. It, tanto la película como el monstruo, avisa antes de aparecer y, cuando lo hace, llega sin esconderse. El susto que puede provocar no es inmediato, no es de sobresalto. La sensación es la de extrañeza y melancolía, un miedo oculto pero que se conoce y que cuando llega lo hace como un déjà vu.

Al fin y al cabo esta es la historia por partida doble de siete personajes enfrentándose juntos a sus miedos, y mientras lo hacen se aman, se quieren, el tiempo pasa y todo cambia a la vez que nada lo hace. Se dice que el monstruo vuelve cíclicamente cada treinta años, quizás It vaya precisamente de qué es lo que hay en ese salto de tres décadas. De nuevo, en el mundo de King están el escritor atormentado, los abusos, los matones y, sobre todo, las aventuras veraniegas de la infancia, ese innegable momento culmen de la libertad, la amistad, la felicidad y, en definitiva, de la vida. Aquí se encuentra la razón de las continuas resonancias, encadenados e insertos de montaje entre ambos momentos temporales de la historia. Herramientas que potencian este juego de llevar la infancia a la vida adulta y, con ello, de eternizar ese déjà vu, ese verano donde siete verdaderos amigos se enfrentaron a la muerte.

Antes del valeroso acto, los siete niños utilizan por turnos y de forma solemne el inhalador del asmático del grupo. Es su forma de sellar su unión, su igualdad ante el que creen que es su idealista deber de enfrentarse a la muerte. Años después, egoístas y desperdigados por el mundo y la vida real, ni ellos mismos pueden entender las razones que les hacen acudir de nuevo al peligro porque hace treinta años “se lo prometieron”. No es casual que el ente terrorífico sea entonces un payaso. Su presencia jovial y disparatada, alienada de lo que entendemos como vida adulta de traje y corbata, viene a funcionar como la presencia terrorífica ideal para un ente que ataca nuestros miedos. Y es que, si en It (1990) hay un terror, ese es el más grande de todos, el miedo al paso del tiempo cuyo reloj de arena empieza a vaciarse en aquel verano que acabó nuestra infancia.

Rafael S. Casademont


It – Eso (ESTADOS UNIDOS)

Dirección: Tommy Lee Wallace / Guion: Tommy Lee Wallace, Lawrence D. Cohen / Producción: Mark Bacino, Allen S. Epstein, Jim Green, Matthew O’Connor / Montaje: David Blangsted, Robert F. Shugrue / Fotografía: Richard Leiterman / Diseño de Producción: Douglas Higgins / Música: Richard Bellis / Reparto: Tim Curry, Harry Anderson, Dennis Christopher, Richard Masur, Annette O’Toole, Tim Reid, Jonathan Brandis, Brandon Crane, John Ritter, Richard Thomas, Adam Faraizl, Emily Perkins, Marlon Taylor, Seth Green, Ben Heller, Sheila Moore, Jarred Blancard

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