HORIZON

 El horizonte de los recuerdos

Decía el filósofo danés Søren Kierkegaard que vivir en el recuerdo es el modo de vida más perfecto, pero eso resulta casi imposible cuando el remordimiento y la culpa invaden el pasado. Eso parece opinar la directora georgiana Tinatin Kajrishvili. En su última película, llamada Horizon (2018), el pasado implacable persigue al protagonista para atormentarlo.

Horizonti, de Tinatin Kajrishvili

Tras la buena acogida entre la crítica que tuvo su ópera prima, Patardzlebi (2014), Kajrishvili cuenta la historia del final de un matrimonio desde la óptica del marido. Y lo hace sin aspavientos, con suma contención y sutileza. En los momentos narrativos álgidos, no hay exaltación de emociones, ni llantos, ni reproches. Cuando la pareja confirma su ruptura, o después de cada una de las desilusiones, solo existe una aparente frialdad entre los personajes. La directora solo permite dos momentos en los que los personajes se dejan llevar por sus emociones. Una es la escena que origina que el marido se marche de la ciudad en la que vive y la otra es el final. Pero a pesar de ello, no es una película distante en términos emocionales, sino todo lo contrario. Lo que no se cuenta de forma evidente, la realizadora lo hace de manera subrepticia a través de los silencios, la melancólica iluminación y sus puestas en escenas en ambientes tétricos. Especialmente, en ese lago que el protagonista utiliza como retiro cuando decide huir de la ciudad en la que convivía con su expareja.

Horizon, de Tinatin Kajrishvili

Cuando el protagonista decide escapar, elige un destino que muestra al exterior lo que él es incapaz de enseñar. Las localizaciones y los escenarios funcionan como metáfora emocional del protagonista. Las casas y los barcos en ruinas, así como el entorno, y la forma de retratarlas tienen ciertas reminiscencias con películas del director soviético Andréi Tarkovski, como por ejemplo El espejo (1975). La frialdad del ambiente y de las relaciones esconde una realidad muy diferente. La atmósfera muestra una desmesurada melancolía que atraviesa el casi hieratismo total del protagonista, que solo se permite una abatida mirada. Pero si todo esto funciona no es solo gracias a la dirección, sino que mucha de la culpa la tiene Giorgi Bochorishvili, actor que interpreta al personaje principal. No debe de ser fácil expresar emociones tan extremas de manera tan contenida y a la vez tener la inteligencia para saber ir de la mano de la propuesta  estética. Su interpretación delega el protagonismo en una puesta en escena que esclarece las emociones contenidas por el actor. Y, sin embargo, la calidad de su actuación no se resiente, sino que crece.

El marido huye e intenta formar una especie de nueva familia que le ayude a superar el final de la anterior. Nunca vemos esa vida conyugal que tanto anhela, porque en realidad ya no existe. Solo permanecen los malos recuerdos. Es por ello que la directora solo nos muestra, con un montaje en paralelo al presente narrativo, aquello que  atormenta al personaje.  Al contrario de lo que expresaba Kierkegaard, en Horizon los recuerdos se convierten en el modo de pesadilla más perfecto.


Horizon (Horizonti, Georgia, Suecia, 2018)

Dirección: Tinatin Kajrishvili  / Producción: Lasha Khalvashi y Tinatin Kajrishvili (para Artizm) / Fotografía: Irakli Akhalkatsi  / Música: George Khalvashi /  Montaje: Irakli Akhalkatsi / Reparto: Giorgi Bochorishvili, Ia Sukhitashvili, Jano Izoria, Ioseb Gogichaishvili, Beka Samadbegisvili, Lili Okroshidze

 

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