EL CINE DE ZACK SNYDER (2): CONVERGENCIA SIMBÓLICA

Tradición judeocristiana, mitología e iconografía pop

Hablábamos anteriormente de que el cine de Zack Snyder es épica moderna, una suerte de composiciones que claman a la renovación de un heroísmo clásico que toma derivas ideológicas en defensa de la individualidad. Dentro de la glorificación de sus héroes, se resalta su aspecto humano para volver a poner los pies en la tierra de alguna forma afable. En tanto que las películas de las que hablamos se sustentan en relatos ahora tradicionales cuyos personajes se enfrentan (o dan lugar) a acontecimientos prodigiosos en el mundo contemporáneo, podría decirse también que el cine de Snyder es mítico y legendario en cuanto se ubica en un tiempo y lugar similar al de los miembros de una comunidad (Estados Unidos, en este caso) cuya visión del mundo acepta elementos sobrenaturales, como milagros o criaturas feéricas (si contemplamos los alienígenas como una adaptación de estos seres mágicos antiguos, además de las amazonas y los atlantes).

Snyder. Revista Mutaciones
Los héroes en La Liga de la Justicia

Bebiendo sobre todo de la mitología que rodea a los personajes de los cómics DC, los cuales contemplan a sus superhéroes como dioses olímpicos modernos —Superman/Helios, Aquaman/Poseidón, Flash/Hermes, Wonder Woman/Atenea, Batman/Hércules y Cyborg/Efesto— Snyder se vale de los propios mitos griegos, siempre de manera superficial, uniéndolos a una tradición judeocristiana (también somera) para conformar una narrativa basada en la presentación de símbolos y su posterior iconoclastia. La Teogonía y los Trabajos y días de Hesíodo se unifican en una visión absolutamente popular y contemporánea de la condición humano-divina narrada en la mitología a modo de resumen. Y es que el cine de Snyder se basa, no en la adulación incondicional de uno o varios seres superiores sino en la lucha que enfrenta a quienes desean destruir los falsos dioses (Batman contra Superman, Leónidas contra Xerxes) con la representación de la humanidad de los mismos. Más allá de las mencionadas alegorías del Crucificado sugeridas a partir de las figuras todopoderosas de los protagonistas de sus películas (Leónidas, el Dr. Manhattan, Ozymandias, Superman) que funcionarían al mismo tiempo como una manifestación de poder y una aceptación del destino, la dicotomía entre lo que ven los demás y lo que realmente se es, surge como el ejemplo de desprestigiar a los que vuelan demasiado alto al igual que engrandecer a los humildes.  Frente a las demostraciones de que Xerxes y Superman no son dioses por el hecho de hacerlos sangrar, se encuentran los «desinfles» de Superman y Manhattan a ojos del espectador. Porque mientras que en los dos primeros casos es necesaria una prueba de su humanidad,  de su vulnerabilidad, en los segundos es la confirmación de que son humanos lo que acaba con su divinización. Al margen de que sigan siendo casi omnipotentes, Superman y Manhattan son el paradigma de lo que la cultura de masas entiende por Dios: una entidad que puede ser tan destructora como salvadora (Antiguo Testamento frente al Nuevo) y que en determinado momento se hace carne para morir por nuestros pecados. En los casos de Superman y Manhattan, el primero abraza su humanidad por encima de todo mientras que el segundo la rechaza al final de forma inevitable. Estos símbolos de la «Segunda Venida» no podrían ser más dispares, tanto en sus orígenes como en sus finales al representar lo que Snyder propone como un falso mesías, una imagen resplandeciente (literal) que parece poder con todo pero que se quiebra fácilmente.

Snyder 3. Revista Mutaciones

El rechazo de la humanidad que el Dr. Manhattan manifiesta supone también una interesante premisa que termina por negar cualquier similitud real con Jesucristo. El superhéroe azul de Watchmen (2009) abandona la Tierra porque ya no le queda nada allí, no hace ningún sacrificio, sino que se lamenta por no ser ya capaz de amar. El amor romántico que sentía por Espectro de Seda se acabó, al igual que el amor de Superman por Lois Lane también llegará a su fin (de manera totalmente distinta). Si tenemos en cuenta que la figura de Cristo no tuvo amantes y se valió de sus parábolas para enseñar y unificar pueblos mientras que, tanto para Manhattan como Superman, sus parejas románticas son esenciales y evitan cualquier tipo de discurso (porque no lo tienen) podremos ver que la imagen divina que se les atribuye depende tanto de cómo los percibe y ve la población como, lógicamente y sobre todo, de cómo los muestra Snyder.  Su juego iconográfico e iconoclasta alcanza su culmen  en La Liga de la Justicia de Zack Snyder (Zack Snyder’s Justice League, 2021), tras la demostración de que tanto el totalitarismo de Batman como la paranoia americana eran la vía correcta… La prevención que se debería haber tomado con Superman hubiese acabado con un futuro postapocalíptico que aparece en algunas escenas tanto de Justice League como de Batman v Superman: El amanecer de la justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice, 2016).

Partiendo de las escenas del futuro insertadas por Zack Snyder en La Liga de la Justicia podemos concluir que todo superhéroe puede pasar de salvador a amenaza o, en palabras de Lex Luthor, a demonio. Al morir Lois Lane a manos de Darkseid —y que se intuye, a partir de los flashforwards, por culpa indirecta de Batman—  Superman se unirá al villano afectado por el dolor y la pérdida e influido por la ecuación de la anti-vida para cambiar drásticamente su papel y devenir  en la amenaza predicha por el clarividente e histérico Luthor. Al igual que en Watchmen, el poder de Manhattan recreado por Ozymandias es el que acaba con la vida de «millones para evitar la de miles de millones», el símbolo de la esperanza que es Superman cambia de rumbo para convertirse en caudillo de guerra. De nuevo, lo totalitario e inevitable de un individualismo sin ataduras deviene fascismo por la quiebra de unos apoyos sentimentales que lo unan a la moralidad. Liberalismo que se torna dictadura ocasionada por la pérdida de esperanza y objetivos, además de un empujoncito al Lado Oscuro (ecos de La guerra de las galaxias. Episodio III: La venganza de los Sith de George Lucas, la tragedia griega de la cultura pop).

Es un hecho que la cultura occidental se ha basado en los mitos y leyendas para dar una serie de valores y principios a las generaciones jóvenes. En la época helenística eran Hércules y Aquiles; despué  ,la leyenda artúrica durante la Edad Media… Tras la expansión del cristianismo la concepción de «héroe» cambió considerablemente sustituyendo lo violento y grandioso por lo caritativo y amoroso hasta llegar a la época neoclásica y aunar los valores cristianos, la mitología griega y romana y el antropocentrismo de la Ilustración. La influencia de Snyder se situaría ahí, saltándose el impresionismo, el romanticismo y las vanguardias en términos de Historia del Arte, yendo  directamente a la nueva edad de los héroes, cuyos modelos para la juventud salen de las páginas de los tebeos. La cultura pop en el cine de Snyder se manifiesta de forma jamás vista con anterioridad en el cine. Su intento de llevar un bagaje milenario a caballo entre el producto de masas y una autoría que se manifiesta por medio del saber popular y la concatenación de elementos específicos de una cultura, una religión o un cómic eclipsa la fuerza casi violenta de sus imágenes y sonidos. El llamado fan service de La Liga de la Justicia funciona, no tanto como una serie de easter eggs para contentar a una minoría sino como la consagración de una épica expansiva y regresiva. Es decir, la construcción de un universo como el de Marvel Studios se ve truncada por la irrupción de una mastodóntica cinta que se mueve entre el presente, el pasado y el futuro para romper una cronología obvia y propia de una serie o saga típica. En lugar de presentar películas que culminen en una «gran unión» de las mismas, se crea una «gran» película que contenga todo lo necesario para que intuyamos que el universo es más grande de lo que parece. Los numerosos flashbacks y flashforwards de La Liga de la Justicia, que enriquecen los de Batman v Superman, concuerdan con el deseo de Snyder de solidificar su obra y hacerla líquida al mismo tiempo.

El ejemplo más notable de esta práctica es Watchmen, sin ninguna duda, pues en ella la mezcla de los tiempos y de los estilos visuales del cómic (recordemos los incisos del cortometraje Relatos del Navío Negro del «Ultimate Cut»1), a pesar de estar bastante compartimentados, sirven a un propósito de aunar toda una mitología compleja y voluptuosa en unas cuantas horas de metraje. Para bien o para mal, tanto en Watchmen como en La Liga de la Justicia, se abre una puerta hasta ahora no explorada en el blockbuster que deja paso a una ruptura de la linealidad didáctica y aburrida de otras películas corales para demostrar que no hace falta explicar todo y que con unos cuantos atisbos visuales de lo que fue o de lo que vendrá, integrados de manera tan brusca como precisa, basta. Para Zack Snyder más es más y la dificultad (no complejidad) que supone su cine para un público o una crítica acostumbrada al estandarizado modelo Marvel es sinónimo de progreso en un terreno como el del blockbuster.


  1. Hay tres versiones diferentes de Watchmen, lo que hace más difícil analizar la obra. Por un lado está la versión estrenada en cines, después el montaje del director y finalmente el «Ultimate Cut». La duración de cada una aumenta progresiva y considerablemente y, siendo el montaje del director el que Snyder prefiere, el Ultimate Cut ofrece la posibilidad de ver el cortometraje mencionado dividido en partes durante la película (algo excesivo que rompe con una dinámica ya de por sí algo caótica, pero que supone otro dato a reseñar)

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