HERENCIA

Cosmogonía

Herencia, el documental de Ana Hurtado, da un paso más allá del lugar en el que Buena Vista Social Club (Win Wenders, 1999) y Calle 54 (Fernando Trueba, 2000) nos dejaban. La música también es importante en este trabajo, que se abre con la canción Brikamo a Papa Efo, interpretada por Juan Campos Cárdenas “Chan” en lengua yoruba. A partir de ese momento, la película se mueve con gran soltura por los meandros de la etnografía y la antropología gracias a los testimonios de intelectuales, deportistas, músicos, artistas, y sus respectivas vinculaciones con el crisol cultural y religioso cubano.

Herencia - Revista mutaciones

Herencia persigue y rastrea, a través de sus imágenes, el legado africano en el pueblo cubano: en sus ritmos y en sus ritos, en su filosofía y en su economía. Es, en definitiva, el genoma de un pueblo y de una raza que pervive y se hace visible en una nación que tiene una deuda más profunda y ancestral con África que con España. El documental, que se desliza entre lo testimonial y lo didáctico, dentro del aparente desorden de sus materiales (entrevistas, conciertos y estampas cotidianas de la vida cubana), deja un regusto muy suave, una sensación de calidez por la facilidad con que su directora sabe transmitir algo tan complejo como el alma de un pueblo. Es evidente que a la cámara de Hurtado le preocupa más el contenido de la entrevista, los espacios, los rostros, las texturas, las imágenes captadas casi por casualidad que el preciosismo de la fotografía del país. Estamos ante una película que se aparta del encuadre del turista para indagar en los orígenes de un pueblo singular, humilde y solidario.

Nos sorprenden sus sonidos. Su música (la percusión, estableciendo un mantra que descodifica un lenguaje atávico de comunicación espiritual) y sus palabras, con expresiones que, si no hemos dejado de lado, en muchos casos, hemos desprovisto de valor: “hermano”, “espiritualidad”, “cubanía”, “bailadora”. “Cuba hace un esfuerzo gigantesco a pesar de las limitaciones de carácter económico que tenemos” dice el músico José Loyola, uno de los entrevistados, más por resaltar el carácter luchador de su pueblo que por el resentimiento hacia una potencia que lleva apretando la tenaza económica desde hace seis décadas. Porque también el legado ideológico y político de Fidel Castro es una herencia que puede rastrearse en esas mujeres y hombres de la antigua URSS que decidieron vincularse con el caribe y dar lugar a un curioso acento mezclado por la nieve moscovita y el mar antillano.

Somos dueños de una cosmogonía. Eso es un atributo que no todos los países poseen” dice en la película el intelectual Miguel Barnet, presidente de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), y esa cosmogonía se vislumbra a lo largo del visionado de Herencia que permite una panorámica breve, pero muy acertada, sobre la forma en la que el pueblo cubano celebra (a través de sus ritos, de su música, de su cultura, de su forma de relacionarse) sus orígenes africanos en un modelo convivencial que evita la trascendencia hasta en sus aspectos religiosos, y que tiene en la música el aliado perfecto para el sustento de su alma, llevándonos a repensar el verso de Shakespeare: “si la música es el alimento del amor, seguid tocando”. Un trabajo de Ana Hurtado que se disfruta con suavidad, como el ritmo de una guajira.

Herencia (España, 2019)

Dirección: Ana Hurtado / Producido por: Pacho Poch, Ana Hurtado, José Luís Lobato / Fotografía: Camilo Widmaier / Montaje: Pere Marzo / Guion: Ana Hurtado, Pere Marzo / Sonido: Hamid El Himimdi Martín.

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