HATCHET: LA SAGA DE VICTOR CROWLEY

El rey del slasher en el s.XXI

El slasher en el siglo XXI ha seguido en activo gracias a secuelas desganadas y, sobre todo, remakes de las grandes sagas del género. Pero desde Scream (Wes Craven, 1996) y su asesino Ghostface no se ha visto un nuevo icono, un nuevo referente del género. La saga Hatchet (Adam Green, 2006-2017) no es un alarde de originalidad, pero con cariño y constancia declara su amor por el slasher de los 80 y a partir de lugares (muy) comunes del género, logra crear su propia mitología. Las 4 películas conforman una historia lineal, donde cada entrega termina justo en el punto donde terminaba la anterior. Todo comienza con un grupo de turistas atrapados en un pantano de Luisiana, donde son víctimas de un maniático deforme llamado Victor Crowley que fue asesinado a hachazos por su padre y ahora, como “fantasma”, busca venganza. 

Lo primero que viene a la cabeza durante el visionado de la primera parte es toda la franquicia de Viernes 13 (iniciada por Sean S. Cunningham en 1980), con un asesino muy similar a Jason. Los guiños y cameos de Robert Englund (alias Freddy Krueger) y Tony Todd (el legendario Candyman) al principio de la historia pueden reforzar la idea de que estamos ante una película que se contenta con que la nostalgia del espectador perdone un guion que cuenta lo mismo de siempre, sin aportar nada nuevo. Y es en ese momento en el que el espectador recibe un hachazo, porque cuando se entra en materia, Hatchet (hacha en inglés) destaca por su gore extremo y artesanal. Victor Crowley arranca brazos, dientes o columnas como si fueran de plastilina. Las muertes de los personajes son dignas de los fatalities más cafres del videojuego Mortal Kombat y se vuelven mucho más ingeniosas (y bestias) conforme avanza la saga. El responsable de las muertes, Victor Crowley, es interpretado por Kane Hodder, un actor que ha encarnado a Jason Voorhees hasta 4 veces en la saga de Viernes 13. Otro guiño a la nostalgia, pero bien aplicado, ya que su imponente figura es imprescindible para crear a un monstruo deforme que no lleva mascara y que ataca velozmente a los desprevenidos que vagan por su pantano. Su velocidad también es algo inusual en el género, acostumbrados a lentorros como Michael Myers. En cuanto los personajes, al principio son lo más tópicos posible (entre ellos un enamoradizo protagonista nerd, su mejor amigo afroamericano, una misteriosa chica y un grupo de estereotipos con patas), pero a medida que la saga avanza los personajes tienen más profundidad y te encariñas con ellos. Danielle Harris (reina del grito desde la saga Halloweense incorporó en la segunda entrega sustituyendo a la protagonista de la primera parte (interpretando al mismo personaje), evolucionando a la final girl definitva de la franquicia.

El gore extremo no es el único elemento diferencial de Hatchet. su constante humor negro hace que disfrutemos más de las muertes sin sentirnos culpables. Además, hace que sea muy recomendable verla en una sesión gamberra de un festival de cine o en el salón con los amigos. Nueva Orleans y su cultura esotérica también son un elemento fundamental de Hatchet, todo ello enfocado en el personaje de Tonny Todd, un sacerdote vudú de voz imponente. Otro de los puntos fuertes de Hatchet es que son películas directas, contundentes y a nivel de metraje son bastante cortas. Ninguna de las 4 películas llega a los 90 minutos. Además, cada parte termina siempre en medio de una escena y la secuela empieza en el momento justo donde terminó la anterior, con lo cual la saga parece estar diseñada para verla en una maratón cinéfaga. La saga llega a convencer incluso a los fans del cine de acción que no se suelen acercar mucho al slasher porque no se creen alguna de sus reglas. ¿Si los personajes tuvieran acceso a un montón de armas, estarían más seguros frente a un asesino con un hacha? Hatchet responde a la pregunta con tiroteos masivos, lanzacohetes, explosiones, etc. Pero nada. Victor Crowley demuestra que es el mejor en lo que hace… al menos en el siglo XXI. 

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