HAPPY! (T1)

Navidad contracultural

La Navidad es la época más feliz del año. Así, como ley natural. Lo hemos visto en el cine con películas como ¡Qué bello es vivir! (Frank Capra, 1948) que muestra ese clima dulzón dominado por el amor y la ilusión. También se respira la magia de la Navidad dedicada a los niños y creada por los adultos a través de los regalos, dulces y personalidades como Papá Noel, quien toma los límites del bien y el mal como moneda de cambio. Así que ya sabéis, mucho cuidado con vuestro comportamiento durante el año o puede que la dulce Navidad acabe convirtiéndose en carbón. La gran pantalla ha dado a conocer navidades dispares donde portarse mal está permitido, como la típica Solo en casa (Chris Columbus, 1990) donde Macaulay Culkin se enfrenta a un par de ladrones para proteger su hogar. Años atrás, Columbus escribió el guion de Gremlins (Joe Dante, 1984), el film que va más allá de “inocentes” travesuras narrando unas navidades con criaturas adorables que acaban convirtiéndose en violentos monstruos como protagonistas. Así es como Gremlins consigue aunar inocencia y violencia, cediendo un “espacio adulto” dentro de un mundo infantil. Algo parecido pasa con Happy! (Brian Taylor y David Petrarca, 2017).

Happy! es una adaptación de la novela gráfica homónima escrita por Grant Morrison. La serie presenta a Nick Sax, un policía retirado convertido en sicario al que se le empieza a aparecer Happy, un pequeño y extravagante unicornio azul que afirma ser el amigo invisible de Hailey, una niña que es secuestrada por un bizarro Papá Noel. Nos encontramos así con el antihéroe recurrente en los comics de Grant Morrison –muchos de sus trabajos reinterpretan personajes clásicos de cómics DC y Marvel como “All-Star Superman” o “New X-Men”,  donde tratan temas como las drogas, el sexo y la violencia-. En esta ocasión, los personajes a reinterpretar son los clásicos Disney.

La serie podría verse como un Pinocho contracultural donde a Nick Sax, que echó toda su vida por la borda, se le une Happy,  quien le encomienda una buena acción: salvar a Hailey, la niña secuestrada. Así es como Happy se convierte en su conciencia, en su Pepito Grillo, esa conciencia a la que sí escuchaba cuando era policía. Pinocho quería dejar de ser un muñeco para ser un niño de verdad y, en este caso, Sax responde ante una mafia que juega con él como si de una marioneta se tratase. El objetivo propuesto por Happy le hará recuperar su humanidad. La ilusión y confianza que deposita el unicornio azul en Sax recuerda a la relación entre Sancho Panza y Don Quijote. Happy acompañará a Sax en sus locuras y librará las batallas necesarias hasta encontrar a “Dulcinea”. Aún se puede ir más allá y encontrar en el relato a otro personaje clásico de Disney: el Papá Noel bizarro es el entrañable Peter Pan que, tras ser abandonado por su fiel compañera Campanilla, es desterrado del país de Nunca Jamás y obligado a crecer. Añorando a sus amigos sueña con volver a reunir a los Niños Perdidos y anclarse en la infancia para siempre.

Pese a ser una historia marginal, con personajes grotescos y despreciables, es interesante la visión que se nos da de los mismos personajes a través del uso de la cámara. En repetidas ocasiones se utilizan planos contrapicados (sobre todo de Sax), quedando por encima del espectador indicando esa forma de vida “por encima de la ley” que, conforme avanza la serie se va modificando. Las escenas donde se filman las alucinaciones causadas por el consumo de drogas o las apariciones de Happy; el movimiento de cámara acompaña al tono de la situación gracias al enfoque de sus planos que reducen la profundidad de campo resaltando las sensaciones del personaje ante los viajes psicotrópicos. Siguiendo con el tratamiento de las escenas, las más violentas no llegan a ser explicitas, dejando más espacio a las reacciones que despiertan en los demás personajes que mostrando el acto en sí, algo que también ocurre en la narración. No nos llegan a decir el porqué del secuestro de niños, vemos como tratan de convertirlos en objetos (niños marioneta como en Pinocho) y eso hace imaginarnos el perturbador fin que les espera.

La creatividad es otro punto fuerte de la serie, el juego de la fantasía iniciado con la aparición de Happy no reside sólo en el personaje azul, si no que llega a formar parte de ese universo. Los ritos, los zombies y ritos paranormales están en continua simbiosis con algunas de las realidades más crudas de la sociedad como la desprotección infantil o el abandono familiar entre otras. Estos conflictos sociales quedan muy bien representados en los dos protagonistas, Sax y Happy, cuya relación se basará en demostrar qué importa más: la violencia o la inocencia. Lo malo o lo bueno de la sociedad. Esta dicotomía envolverá a ambos protagonistas mostrándonos el lado más tierno de Sax y el más sádico de Happy. Tylor y Petrarca lo reflejan claramente en la escena del metro donde los amigos discuten sobre el espíritu navideño y que termina con Sax tumbándose en las vías para demostrar que los milagros navideños no existen, que a nadie le importa que muera. El tren entra en la estación a punto de arrollarlo y la escena nos recuerda al personaje de George Bailey en ¡Qué bello es vivir!, a punto de saltar por aquel puente el día de Navidad.


Happy! (Estados Unidos, 2017)

Creador: Grant Morrison y Brian Taylor / Dirección: Brian Taylor, David Petrarca y Wayne Yip / Guion: Grant Morrison, Brian Taylor y Darick Robertson / Producción: Russ Hammonds, Ashley Michel Hoban y Christopher Meloni / Música: Guillaume Roussel y Blair Mowat / Reparto: Christopher Meloni, Patton Oswald, Ritchie Coster, Lili Mirojnick, Bryce Lorenzo, Medina Senghore, Patrick Fischler, Joseph D. Reitman

 

 

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