GUERRA DE MENTIRAS

El color de la burocracia

Guerra de mentiras (Johannes Naber, 2020)

«¿Qué es la verdad?», se pregunta Guerra de mentiras (Johannes Naber, 2020) en sus primeros minutos de metraje. La película no busca una respuesta filosófica a la pregunta, ni ofrece un análisis detallado de las causas y las mentiras que rodearon la invasión de Irak en 2003. Lo que proporciona es más bien un retrato de la impunidad de los gobiernos y de la manipulación de la verdad por quienes trabajan para ellos al amparo del secreto de Estado. Del peor tipo de manipulación, el que cuesta cientos de miles de vidas. Y el que involucra a los funcionarios de los servicios secretos de varios Estados que compiten ¿por qué? Por conseguir las pruebas (reales o inventadas) que justifiquen una nueva guerra con Irak. El director alemán, Johannes Naber, vuelve a tratar los fallos y la deshumanización del sistema, como ya hacía en su primer largometraje, The Albanian (2010), un drama sobre la inmigración, o en Tiempo de caníbales (2014), sobre la falta de escrúpulos del capitalismo.

La historia comienza en 1997, cuando el doctor Arndt Wolf, experto en armas biológicas, regresa de Irak sin haber encontrado rastro de armamento de destrucción masiva. Todo cambia cuando un refugiado político iraquí afirma haber participado en su producción, circunstancia que el servicio de inteligencia federal alemán aprovecha para tratar de impresionar a la CIA y al gobierno estadounidense. A través de una sucesión de situaciones grotescas e irrisorias, Guerra de mentiras muestra las altas cotas que puede alcanzar la estupidez humana. Desde un interrogatorio en el que se consumen docenas de latas de Coca-Cola y Pepsi, hasta una persecución inverosímil en trineo, pasando por la simulación de envenenamiento por ántrax de los dignatarios invitados a una fiesta y el falso secuestro del informante iraquí a manos de agentes de la CIA con sombrero tirolés.

Guerra de mentiras (Johannes Naber, 2020)

Para la fotografía, Guerra de mentiras elige colores pardos y verdosos, apagados, que remiten a la Stasi de la RDA de los años ochenta retratada en La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006). Reuniones en grandes despachos en las que los escasos asistentes guardan las distancias. Despachos y funcionarios que parecen cubiertos del polvo del desierto de Irak. Si la burocracia tuviera un color, sin duda sería este.

Una comedia dramática, negra e incómoda, basada en hechos reales, con un guion bien documentado. El tono de la película mantiene un difícil equilibrio entre el humor y la seriedad con situaciones que se mueven del absurdo a la farsa. Guerra de mentiras incluye varios fragmentos documentales que nos recuerdan que, aunque la trama se ha ficcionado, los sucesos narrados ocurrieron en realidad. Los insertos muestran el ataque al World Trade Center, el discurso posterior de George Bush, declaraciones de Rumsfeld y el canciller Gerhard Schröder y la intervención final de Colin Powell ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Una selección de personas reales nada casual. Merece la pena, para terminar, citar otras dos frases usadas por los protagonistas del film: «La palabra verificar siempre me ha entristecido» y «Nosotros escribimos los hechos». Dos tentativas de respuesta a la pregunta inicial.


Guerra de mentiras (Curveball, Alemania, 2020)

Dirección: Johannes Naber / Guion: Oliver Keidel, Johannes Naber / Producción: ARRI Media Productions, Bon Voyage Films/ Fotografía: Sten Mende/ Música: Johannes Naber / Reparto: Virginia Kull, Dar Salim, Thorsten Merten, Sebastian Blomberg, Michael Wittenborn, Marcus Calvin

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