CURTOCIRCUÍTO 2020: DENNIS HOPPER

El artista fatal

En la última edición de Curtocircuito, festival de cine internacional de Santiago de Compostela, se le dedicó una sección especial a Dennis Hopper. En ella, se pudo disfrutar en los cines de la ciudad de películas como La última película (Hopper, 1971) o Out of the Blue (Hopper, 1980). Extendiendo su catálogo y dando forma a lo que supuso la figura del director en el cine, esta vez de manera online a través de la plataforma Filmin, se incluyeron títulos como The Trip (Corman, 1967) o The American Dreamer (Carson y Schiller, 1971).

Dennis Hopper es una de las caras más conocidas de Hollywood sobre todo gracias a su faceta actoral. Ha participado en más de doscientas películas, interpretando grandes personajes de la historia del cine como Goon en Rebelde sin causa (Ray, 1955), Jordan Benedict III en Gigante (Stevens, 1956), el fotógrafo de Apocalypse Now (Coppola, 1979), Frank Booth en Blue Velvet (Lynch, 1986), Shooter en Hoosiers (Anspaugh, 1986), o Howard Payne en Speed (de Bont, 1994). Sin embargo, Hopper tuvo desde el principio intereses culturales más allá de la interpretación. Fotógrafo, interesado en pintura, guionista, y director en última estancia. El estadounidense se codeó con importantes artistas de su época, siendo él mismo una de las figuras claves del Nuevo Hollywood y del movimiento de contracultura que lo motivó.

Rebelde sin causa - REVISTA MUTACIONES
Rebelde sin causa, de Nicholas Ray.

Nacido en Kansas en el año 1936, Hopper se crio en un ambiente sureño, el cual marcaría en cierta manera su carácter y estilo. Empezó en la actuación en el instituto interesándose por el teatro. Pronto vinieron pequeños papeles, pero su gran salto al cine fue con Rebelde sin causa junto James Dean. Esta película marcaría a Hopper por la conexión con Dean, a quien admiraba. Sin embargo, el gran momento que marca su carrera fue Easy Rider. Respaldados por Bert Schneider pero con pocas expectativas de lo que podrían llegar a conseguir, Peter Fonda y Dennis Hopper, ambos con malas reputaciones ya, se lanzaron en el rodaje de su película, de la que solo tenían claro los nombres de sus personajes y la implicación de las drogas en la historia. La película acabó costando menos de 500.000 dólares y recaudó millones, y supuso el éxito que el estudio necesitaba para volver a retomar la conexión con el espectador puesto que habían logrado conectar con un nuevo público y se habían alcanzado unos beneficios asombrosos. Esto hizo que Hollywood diera el paso y comenzara a confiar en nuevos y jóvenes directores, y en proyectos más pequeños pero que arrasaran en las salas.

Easy Rider se convirtió en la road movie que cambió para siempre el paradigma de Hollywood, por entonces estancado en el cine clásico. Dos moteros que recorrían el país deteniéndose en distintos lugares junto a las personas más dispares sirvieron para visibilizar a aquellos colectivos que comenzaban a surgir y a dibujar en Estados Unidos una nueva sociedad rodeada de música, drogas, espíritu de pacifismo, desencantados con el sueño americano y envuelta en una revolución sexual. Con una narración lineal y con secuencias cercanas al cine experimental.

Easy Rider. Revista Mutaciones
Easy Rider, de Dennis Hooper.

Debido a su éxito, sobre todo entre la juventud estadounidense que se sentía identificada en los valores de la película, pero también a nivel internacional, puesto que fue galardonada en el Festival de Cannes con el premio a mejor ópera prima y fue candidata a los Oscar en las categorías de mejor guion (Fonda, Southern y Hopper) y mejor actor de reparto (Nicholson), Hopper ganó puntos en la industria y le dieron vía libre para su próxima película. El director fue a Perú, a un pequeño pueblo llamado Chinchero y comenzó a grabar la película que ya había empezado a desarrollar durante el rodaje de Los cuatro hijos de Katie Elder en 1965 junto a Steward Stern, guionista de Rebelde sin causa. La idea de La última película estaba llena de temas interesantes, pero la vida desenfrenada que llevaba en su momento Hopper hizo que el rodaje no fuera precisamente sobre ruedas y el resultado distó de lo esperado y se tradujo en 40 horas de metraje que editar. Tras un largo proceso de montaje, se finalizó el filme, pero no a gusto de todos. El estudio exigió a Hopper una serie cortes que éste no consintió, y a pesar de que la película ganó el premio CIDALC en el Festival de Cine de Venecia de 1971, Universal Pictures se negó a distribuir la cinta.

La última película. Revista Mutaciones
La última película, de Dennis Hopper.

La idea del filme se le ocurrió a Hopper al reflexionar sobre qué sucedía en los pueblos donde iban a filmar cuando las cámaras se iban y dejaban abandonados los sets de rodaje. De ahí surgió la trama principal de cómo los nativos de un pueblo de Latinoamérica se apropian del material dejado por unos cineastas estadounidenses y se dedican a simular que filman películas, construyendo cámaras y todo tipo de equipamiento que no poseían con ramas, piedras o cuerdas. En La última película impera el caos. Hasta cierto punto hay momentos en que ficción y ficción dentro de la ficción (rodajes) no se diferencian, y la trama se va complicando de tal manera que el filme resulta en última instancia una reflexión sobre la industria del cine y su impactó en la cultura. Es decir, cómo todo lo que en ese momento parece llevar consigo el cine (alcohol, drogas, sexo, etc.) afecta a los lugares que en general viven ajenos a ese mundo. Aquí, el estilo de Hopper conserva los rasgos de Easy Rider como el poco cuidado técnico de las imágenes, insertos de escenas aleatorias entre la trama, secuencias oníricas, presencia de la sexualidad o diálogos extensos y trascendentales.

De este arduo montaje, sale el documental The American Dreamer, dirigido por L.M. Kit Carson y Lawrence Schiller, y escrito por el propio Hopper. El filme inmortaliza las vicisitudes a las que se tuvo que imponer el director además de mostrar su perspectiva del proceso y una exposición de sus ideas acerca del cine, la industria, la sociedad o el país.

The American Dreamer. Revista Mutaciones.
The American Dreamer, de L.M. Kit Carson y Lawrence Schiller.

El documental conserva en cierta manera el estilo que utilizaba Hopper en sus trabajos. En tono desenfadado, la cámara sigue a Hopper, lo observa en su día a día y le sirve como altavoz para expresar sus inquietudes sobre todo tipo de temas. Asimismo, debido al motivo del documental, se entremezclan partes de grabaciones del propio Hopper en otros proyectos en el que se le ve ante la cámara. Rodado en México, la imagen del filme adquiere el tono arenoso que le proporciona la ambientación natural y su clima, similar al de La última película, y que acaba completando Hopper con su estilismo de cowboy.

Después del batacazo de La última película, las puertas de Hollywood estuvieron cerradas para Hopper durante un largo tiempo. Su próxima película no llegaría hasta Kid Blue (Frawley, 1973), y más tiempo tendría que esperar para dirigir una nueva obra. Esta se demoró hasta 1980, año en el que Hopper volvió a estar detrás de las cámaras con Caído del cielo.

Caido del cielo. Revista Mutaciones
Caído del cielo, de Dennis Hooper.

En su tercer largometraje, Hopper vuelve a los temas que siempre le han fascinado pero esta vez con unos matices que lo separan de su época de Easy Rider y La última película. Aun en un entorno sureño, la historia tiene como protagonista a una adolescente de un pequeño pueblo con una familia desestructurada y una pasión sin límites por Elvis Presley y el punk. En este filme, Hopper llega a ser más explícito en la insinuación de situaciones subversivas y explora la corrupción del amor fraternal y los límites de la violencia. Aun así, residen en ella rasgos del autor como la importante presencia de la música (en Easy Rider introdujo el rock en las bandas sonoras), esta vez tanto la diegética, que envuelve la vida de la joven, como la extradiegética que contextualiza culturalmente la historia y tanto gusta a Hopper incorporar a sus películas.

Su carrera seguiría este sendero por el resto de su vida. Director incomprendido, alabado u odiado, actor popular con pésima reputación, Dennis Hopper firmó trabajos que quedan en la memoria de la historia del cine, su legado es rico en matices e ideas y su aportación al cine estadounidense nunca podrá negarse. En 2010, tras una lucha con el cáncer, fallecía en Los Ángeles. Un cuerpo que aguantó más de lo esperado, un artista que no dejó de dar aun cuando se le creía acabado, Dennis Hopper fue sin duda uno de los nombres del cine.

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