FINCH

¿Los mejores amigos del hombre? Un perro y un robot

La plataforma Apple TV+ y el estudio ImageMovers del cineasta Robert Zemeckis, han apostado por la producción de una nueva (aunque no tan original) película de ciencia-ficción, enmarcada en un futuro postapocalíptico: Finch (Miguel Sapochnik, 2021). La propuesta invita a disfrutar de los ya conocidos, pero estimulantes, códigos propios de las distopías comerciales que han llegado a nuestros cines en los últimos años. En esta ocasión, la ficticia amenaza proviene de una llamarada solar que ha conducido a nuestro planeta hasta límites extremos. Bajo esta premisa, un enfermo y solitario inventor, Finch (Tom Hanks), consigue crear a Jeff, un forzudo e inteligente robot, para que lo sustituya en el cuidado de Goodyear, su amado canino y única familia.

Finch. Revista Mutaciones

La introducción de estos elementos fantasiosos, surgidos de la furia imprevisible de la naturaleza, consigue deformar nuestra realidad hacia la amenaza y la supervivencia. Estas claves conceptuales ofrecen el diseño de un estructurado y progresivo desarrollo mediante escasos, pero muy vinculados, personajes, y de manera muy similar a Soy Leyenda (Francis Lawrence, 2007). Las semejanzas con esta película no están únicamente reservadas a la compañía canina del personaje principal, sino en la medida presentación del espacio devastado, los frustrantes hábitos adquiridos para sobrevivir y la soledad no deseada como un personaje intangible.

Este supone el segundo largometraje de Sapochnik tras Repo Men (2010), otra historia de ciencia ficción distópica, pero con mayores dosis de acción, por lo que esta opción temática no pilla desprevenido a su realizador. Sin embargo, es mucho más conocido por su increíble trabajo en varios episodios de la serie Juego de Tronos (Game of Thrones, 2011-2019), en especial por el episodio La batalla de los bastardos en que se encuentra una fascinante y rigurosa set piece que denota su buen hacer tras las cámaras. Y ese control narrativo, junto a un notable gusto técnico y estético, queda impreso sobre esta película hasta elevarla por encima de una simple aventura que se aferra a los efectos visuales y las sensiblerías que tanto suelen explotarse para enganchar al público. Si bien es cierto que dichas sensiblerías, incluso los clichés, pueden reconocerse con facilidad durante la travesía en caravana de Finch, Jeff y Goodyear hacia nuevos territorios más habitables, el viaje ofrece variedad de secuencias destinadas a describir varias facetas de la condición humana, siendo su principal protagonista la única referencia que ilustra las enseñanzas al ingenuo, pero inteligente robot.

Precisamente, el núcleo didáctico constituye un arma de doble filo. Si bien los personajes secundarios suelen escribirse con el fin de dimensionar a los personajes principales, el film de Sapochnik abusa de este recurso narrativo. 

Finch. Revista Mutaciones

La soledad que envuelve a Finch reduce las posibilidades para descubrirlo más allá de las diferentes secuencias compartidas con Jeff. Así, observamos una rápida adaptación del robot para que la trama principal no decaiga; aparecen diferentes desengaños por parte del protagonista a consecuencia de los humanizados errores de Jeff; e incluso, añade una intimista escena en que Finch comparte determinadas emociones y reflexiones bajo un manto estrellado. En definitiva, la película construye una relación de maestro-aprendiz. Y si bien esto nos permite descubrir a Finch como un hombre inteligente y bondadoso, pero al mismo tiempo frustrado y temeroso por el trauma del pasado y el incierto devenir, la narración queda cargada de una falta de verosimilitud por las acciones/reacciones del robótico personaje, extrañamente humano.

A pesar de que la simpatía e inocencia de Jeff pueden ser virtudes fácilmente aceptadas por cualquier espectador, no están casi desarrolladas ni mucho menos justificadas, y se integran inherentemente a la esencia de su naturaleza. De hecho, se realiza un repentino guiño a la autoconciencia del robot frente a su reflejo, y se le arma de una rápida empatía hacia las necesidades emocionales de Finch y Goodyear, así como de continuas expresiones de culpa o vergüenza ante las regañinas de su inventor. Pero todo, al servicio de una narrativa que, al fin y al cabo, pretende ser distópica, humana y divertida a partes iguales.

Por tanto, Jeff es un robot programado para funciones específicas, pero al mismo tiempo está dotado de una humanidad demasiado conveniente para este viaje emocional. De ahí, la mencionada arma de doble filo, una fina línea entre lo narrativamente verosímil y lo gratuitamente conveniente.

Sin embargo, la nueva apuesta de Apple juega las cartas que mejor funcionan en una película destinada a un público extenso. Es decir, la narración apela a la protección de los seres queridos, a los peligros inseparables de la supervivencia extrema y a la forja de una particular amistad. Para ello, se sirve de un buen pulso narrativo que no decae en ritmo y cada secuencia está consistentemente elaborada para ofrecer (o desarrollar) nuevas dimensiones de los personajes y/o del entorno. Además, la progresión narrativa queda correctamente articulada con tintes de la buddy film, exponiendo una nueva perspectiva del planeta Tierra, así como un continuo y gradual descubrimiento acerca de quién es Finch.


Finch (Estados Unidos, 2021)

Dirección: Miguel Sapochnik / Guion: Craig Luck, Ivor Powell / Producción: ImageMovers, Amblin Entertainment, Dutch Angle, Misher Films. Productor: Robert Zemeckis / Música: Gustavo Santaolalla / Fotografía: Jo Willems / Montaje: Tim Porter / Diseño de producción: Tom Meyer / Reparto: Tom Hanks, Marie Wagenman. Voz: Caleb Landry Jones.

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