MÁRGENES 2020: SECCIÓN OFICIAL

Un diálogo entre el cine español e iberoamericano

Impulsado por instituciones tan importantes como Filmoteca Española, la Casa Encendida o Cineteca, la sección oficial del Festival de cine Márgenes 2020 celebra su décimo aniversario con un importante programa de cine español e iberoamericano. En concreto su Sección Oficial ha contado con un total de 16 películas seleccionadas, a cada cual más diferente e interesante.

La primera propuesta, 1982 (2019), representa la ópera prima de Lucas Gallo, cuya temática aborda el proceso de la Guerra de las Malvinas entre Argentina y Reino Unido. La forma en que este episodio histórico queda descrito se vale de la técnica narrativa del found footage, recuperado los testimonios audiovisuales de la época, en concreto las retransmisiones llevadas a cabo por parte de los medios de comunicación argentinos, al servicio de la dictadura militar del país. En este sentido, podría referirse al carácter invisible del montaje, encadenando diferentes materiales preexistentes con el fin de generar un discurso acerca del poder de impacto y manipulación de las imágenes frente al espectador. En este sentido, cabe destacar que tan sólo algunos fundidos o zooms informan de la posible manipulación de las imágenes por parte de quienes han llevado a cabo este trabajo meticuloso e historiográfico que nunca deja de lado su pulso crítico y cuestionador, a pesar del aparente tratamiento objetivo de los documentos audiovisuales.

Festival Márgenes 2020

Bicentenario (Pablo Álvarez-Mesa, 2020) es una rompedora propuesta documental cuyo tema principal gira en torno a la celebración de los doscientos años como país soberano de la República de Colombia. Un hito cuyo discurso oficial queda salpicado por diferentes imágenes contrapuestas, a modo de diálogo crítico con el que distanciar al espectador del carácter patriótico, legendario y épico de los actos. Los discursos, marchas, desfiles y monumentos se entrelazan con transiciones encarnadas, voces que buscan contactar con el espíritu de Simón Bolívar o hallar los caminos por los que transitó en sus hazañas, así como fragmentos televisivos del momento en el que el Palacio de Justicia fue tomado por la guerrilla del Movimiento 19 de abril, en 1985. Los planos fijos y de detalle predominan en un montaje donde el sonido tendrá una gran importancia en la creación de esta atmósfera tan peculiar.

Mezcla de la fábula de la Torre de Babel y pesadilla kafkiana, Cuando cierro los ojos (Sergio Blanco y Michelle Ibaven, 2019) representa un doloroso aspecto de la cultura mejicana contemporánea, donde algunos de sus habitantes son encarcelados a pesar de su inocencia e incapacidad para la autodefensa, al no ser capaces de comunicarse en español por sólo comprender como único idioma la lengua indígena. El relato testimonial de sus historias, narrando los hechos sin restar un ápice de su dramatismo, es contrarrestado con diferentes imágenes que acompañan a dichas voces, a fin de suavizar los duros relatos. Así, se observan escenas de la vida tranquila en el presidio donde estas personas se encuentran cumpliendo sus penas, los hábitos diarios, la naturaleza de México en sus paisajes y detalles íntimos, las festividades tradicionales como la de Todos los Santos (donde la población se disfraza de espíritus), así como la presencia de sus familiares desde sus residencias en la distancia. Escenas de verdadera belleza que contrarrestan las historias de los entrevistados, cuyos rostros vemos en contadas ocasiones, mirando a cámara en plano americano, respetándose el formato tradicional de entrevista.

El espacio interior (Agustina Grillo y Pío Filgueira, 2020) nos ofrece una visión bien particular del campo de la investigación astronómica. Tres son los componentes de esta fórmula: el paisaje de la provincia argentina de San Juan -que por momentos nos recuerda al de un planeta todavía virgen-, el observatorio astronómico que se encuentra allí ubicado -de un diseño tan funcional que puede llegar a resultarnos futurista- y los profesionales que allí desempeñan su labor. Todo ello, queda recogido y presentado por los cineastas de tal manera que la estética del film puede llegar a ser asociada por el espectador con la de las películas de ciencia ficción. Los planos fijos, el silencio reinante, el somero o sintético diseño de los espacios, la inclusión de rótulos que nos recuerda al de los datos técnicos recogidos por cualquiera de las máquinas que en este espacio desempeñan su labor científica. Una misteriosa atmósfera (y a la par sencilla en su pretensión) que atrapará al espectador, sumiéndole en una especie de hipnotismo inevitable.

Hablar de El otro (Francisco Bermejo, 2020) supone referir la vida de un personaje a camino entre Robinson Crusoe y el Capitán Ahab: una especie de eremita que vive de lo que la naturaleza le puede ofrecer (ballenas, conejos, plantas) en una especie de choza construida por él mismo. Como un Thoreau moderno, presenta una incesante actividad intelectual, releyendo sus desgastados libros y expresando ciertas reflexiones filosóficas ante otro que no es sino él mismo, con quien dialoga y conversa en una especie de ejercicio de ficción en el que no se sabe bien qué es artificio y qué necesidad de compañía, aunque sea creada. Bermejo realiza un extraordinario ejercicio documental y narrativo, mostrando siempre imágenes sugerentes de su personaje, mitad real y mitad ficcionado, en un enclave compuesto de lluvia, mar y flora y fauna terrestre, mediante imágenes intimistas que refuerzan los tonos cálidos y los reflejos especulares, aprovechando toda la tramoya disponible y dispuesta por este constructor de hábitats al que filma.

El viaje espacial (Carlos Araya, 2019), es un fresco de Chile retratado desde diferentes paradas de autobús de enclaves tan diversos como las propias urbes o los desiertos. En estos apeaderos para viajeros se muestran multitudes pero también individuos con sus biografías propias, que parecen sorprendidos por la cámara a través de diferentes planos fijos distanciados. El sonido actúa de focalizador entre los grupos de personas, animales e incluso objetos que van de un lugar a otro, sirviendo de hilo conductor para los diferentes testimonios que conforman la geografía chilena contemporánea.

El visionado de Fordlandia Malaise (Susana de Sousa Dias, 2019), que antes de aterrizar en Márgenes 2020 pudo verse en DocumentaMadrid 2019, supone para el espectador un viaje espacial y temporal a través de la arqueología visual, geográfica y memorialística de una parte interesante de Brasil: aquella que Henry Ford escogió para la explotación de caucha en favor de sus fábricas de automóviles. Denominada como Fordlandia, este paraje es todo un paisaje en ruinas, un hábitat cuasi fantasma donde tuvo lugar uno de los momentos clave del colonialismo del pasado siglo XX. Dias reconstruye su historia realizando un ejemplo maestro de documentación. Una memoria audiovisual montada mediante antiguas fotografías, documentos, breves películas históricas, tomas aéreas mediante dron o relatos de aquellos que actualmente habitan las cercanías de estos parajes. La música constituirá una auténtica cartografía sonora que hará danzar las imágenes, fijas o no, al compás de proyecciones emuladas de diapositivas, parpadeos lentos o un in crescendo de instantáneas (generando lo que se conoce como “efecto Phi”, a caballo entre el cine y la fotografía), constituyendo todo un espectáculo para el espectador, sea o no conocedor de esta historia de su Historia más reciente.

Para Las cuatro esquinas y Madrid (2020) Kikol Grau acomete todo un recuento gráfico, fílmico y sonoro con el que configurar una mixtura histórica del punk ibérico: desde imágenes y secuencias pertenecientes a la Guerra civil y transición españolas, pasando por films del género de terror o iconos culturales de los años ochenta del pasado siglo. Un compendio cultural amasado bajo una banda sonora con la que se rinde tributo al género musical que centra la pieza, siempre desde su mismo tono desenfadado, gamberro, denunciador, guerrero o agitador.

Toca ahora mencionar dos películas que ya han sido abordadas previamente en dos artículos específicos por el autor: Las poetas visitan a Juana Bignozzi (Laura Citarella y Mercedes Halfon, 2019) y Transoceánicas (Meritxell Collell y Lucía Vasallo, 2020). En la primera, sus autoras proponen un viaje al centro de la escritora argentina que da título a la película, partiendo de la propia herencia que ésta legó a una de ellas. Mediante el inventario de sus obras, pertenencias personales o testimonios fílmicos, sonoros o escritos, poco a poco se va reconstruyendo su imagen mediante una especie de investigación policiaca, en la que el espectador se convertirá en una de las piezas activas más decisivas. En la segunda, se nos presenta una correspondencia fílmica entre dos creadoras distanciadas por los continentes que sirven de temática para este Márgenes 2020. Sustituyendo la botella por el correo, los mensajes enviados no sólo buscan mantener el contacto profesional y personal, sino también fortalecerlo, yendo más allá del primer encuentro físico. Las palabras sonoras se sustituyen por las escritas en esta interesante propuesta audiovisual, acompañada de un fondo audiovisual de grabaciones realizadas por una y otra autora, que dialogan con estas cartas.

Las razones del lobo (Marta Hincapié Uribe, 2019) representa la historia reciente de Colombia a través del testimonio biográfico de la creadora del film. Hincapié narra la historia de su vida y de su país con voz decidida y serena, entre la espada y la pared: su padre, gobernador conservador, y su madre, socióloga progresista, son en realidad los dos polos enfrentados de la sociedad colombiana. El escenario, un club selecto donde se desarrollará parte de la vida de esta cineasta, y que servirá de marco visual para el relato. Tras un a voz en off, se presentan los edificios y espacios naturales del enclave, apoyados con otros materiales como las filmaciones caseras de las fiestas que allí tuvieron lugar. Un testimonio valiente, narrado con pulso y lucidez, contraponiendo la fuerza de los episodios recordados con las escenas sencillas y cotidianas que tienen lugar en la pantalla y que ilustran lo argumentado sin quererlo.

Con respecto a Los continentes (Pedro Kanblue, 2020), el tipo de mensaje se extiende de lo concreto (la biografía) a lo general, esto es, su contexto (la posmodernidad). Un tiempo del presente donde los diferentes documentos de una vida pueden caber en un proyecto de película montado a tiempo real: los recuerdos se convierten en documentos, archivos, carpetas, videos, fotografías, audios, notas, llamadas por whatsapp, editados, rebobinados, detenidos, contrapuestos y remezclados con pistas de música o llamadas telefónicas. Sobre una pantalla de ordenador todo tiene lugar, se entremezcla y separa, conformando un atlas digitalizado, presencia y ausencia del pasado y del presente, hecha cine y experimento.

Mediante una arriesgada propuesta fílmica que ha pasado por los fetivales D’A y Curtocircuito, Los páramos (Jaime Puertas, 2019) demuestra su autenticidad desde los títulos de crédito iniciales (expuestos a modo de texto literario constreñido), su cromatismo pictórico, los lentos y poéticos travellings y fundidos o el efecto de deterioro ejercido sobre el propio celuloide, a modo de estética vintage. El paisaje, mitad real mitad mágico, será uno de los protagonistas en esta historia. Un pueblo que parece únicamente habitado por la protagonista de la película y sus contados conocidos y allegados, todos ellos actores no profesionales que aportan fuerza en la supuesta veracidad del relato. Una trama llena de cierta violencia, desamparo, descontextualización e inquietud, ingredientes que quedan tamizados por la aparente normalidad de las imágenes. Extrañas como la calma durante la contemplación de una casa en llamas, descontextualizadas como la presencia de un burro en una discoteca o increíbles como la declamación de un relato ancestral por parte de quienes descansan sobre una montaña.

Panquiaco (Ana Elena Tejera, 2020) es la historia de un retorno: el de Cebaldo, un indígena de Panamá que vive en Portugal, donde trabaja como pescadero, a su tierra natal. Un regreso a los orígenes, a las raíces, a modo de fábula, de metáfora vital, salpicada de relatos ancestrales y fabulosos, de imágenes deslumbrantes de un paraíso perdido y recuperado, donde la ficción se imbrica con el documento, difuminándose hasta el punto de no sin importar dónde empieza uno y termina el otro.

 Con su sugerente título, Shangai brillaba entre líneas (2020) es un documental dirigido a ocho manos por cuatro creadores (Didac Alcaraz, Albert Badia, Patrícia Tamayo, Jeffrey Frígula) con la intención de mostrar el perfil más completo del artista Dídac Alcaraz, a través de su proceso creativo, sus conversaciones, sus pensamientos y discusiones. Su particular y multifacético trabajo va desde la pintura hasta la performance, pero son tal vez sus ideas constantes y fugitivas las que empapan la escena de diferentes matices y atmósferas, ciudades dibujadas y papeles manchados, músicas perdidas, palabras en mensajes de texto y proyecciones de imágenes sobre cuerpos. Toda una experiencia única e irrepetible.

Como colofón, la historia que presenta Sirena (Carlos Piñeiro, 2019) parece por momentos quedar olvidada, dando preponderancia antes al continente que al contenido. Su mecanismo ficcional no impide que cada una de sus escenas se mantenga engarzada a una estética de un pulcro blanco y negro, de una planificación medida donde ni un sólo plano queda sin medir, en el que los protagonistas obedecen a la historia pero sin renunciar a su modo de expresarla. Cuatro personajes que parten a una isla en busca de recuperar el cuerpo sin vida de un hombre. Los habitantes de esa isla, sus custodios, se niegan a devolverlo por miedo a represalias divinas. Todo un alegato a la cultura indígena americana y su confrontación con la razón pragmática, más europea por ajena.

Como conclusión o recuento, cabe destacar cómo las distintas perspectivas e historias expuestas ponen de relieve la vitalidad de las narrativas audiovisuales contemporáneas de lugares geográficos tan distantes y cercanos a la vez como España, Latinoamérica o Portugal. Una oportunidad para exponer sus culturas, su historia, su presente y todo lo que ello conlleva: la memoria, la reflexión, la política o las relaciones humanas. De todo ello puede hacer acopio el público que acceda al festival Márgenes 2020, saliendo del mismo más que satisfecho.

Transoceánicas, de Meritxell Colell y Lucía Vasallo
Transoceánicas, de Meritxell Colell y Lucía Vasallo

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