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FANTASÍAS DE UN ESCRITOR

Sueños de madurez

Entre la ensoñación y la realidad pueden circular múltiples anhelos, deseos ocultos o incluso incertidumbres sobre la propia existencia, sin duda, algo muy del mismísimo Calderón. No se trata de equipararlo con el genio de las letras, ni mucho menos, pero Arnaud Desplechin con su Fantasías de un escritor, adaptación de la novela Engaño de Philip Roth, nos lleva por caminos que se podrían cartografiar en un hipotético metaverso de los ochenteros tiempos en los que el ordenador empezaba a comerle terreno a la máquina de escribir. Una realidad paralela en la que habita el escritor de ficción (Denis Podalydès) y en la que mantiene una relación adúltera con una inglesa acomodada mucho más joven que él (Léa Seydoux).

Fantasías de un escritor-Revista Mutaciones

La película, que pasó por Cannes el pasado año, nos introduce en un universo creador en el que la verdad y la mentira no quedan delimitadas: ¿dónde queda la fantasía y la creatividad de un casi sexagenario escritor? ¿a qué aspira? Es posible que un espectador de condición y edad similar a la del protagonista se pueda ver identificado en los anhelos eróticos que quedan en la superficie. No es cuestión de demostrar una afirmación así, pero sí de hacer notar que las supuestas e imaginadas, o no imaginadas amantes, esconden en sus relatos algo más que la mera creación erótica que incorpora el protagonista a sus libros, más bien confluye en la esencia de estar vivo. Con la llegada a una madurez que se asoma al final del camino el punto de equilibrio entre el sentir de estar y el de no estar se desplaza, e inclina la balanza hacía este último sentir con sus miedos y agradecimientos a las alegrías que todavía pueda dar la vida.

“Hasta mi perro tiene miedo a la muerte”, dice Woody Allen en Todo lo demás. No es casual, sin ánimo de buscar comparaciones, que sean varios los puntos en los que confluye la película con la obra del prolífico director. No solo por una cuestión argumental (nuestro escritor de ficción es un judío neoyorquino en el que la cuestión religiosa y el victimismo semita queda patente desde casi la primera escena, o el temor a la muerte ya enunciado), sino también en una madurez vital de tonos cálidos que usa el realizador francés para su puesta en escena y que inevitablemente recuerdan a la fotografía de Vittorio Storaro en las últimas colaboraciones con el director americano. Y es que, al enfilar la recta final, y queda el otoño como prólogo del invierno, el sexo se constituye como el elemento en bruto de la vida, un agarre al que aferrarse, aunque sea en forma de literatura, ensoñada o no.

Es probable que en la filmografía de Desplechin, La sentinelle (1992,) Reyes y reina (2004) o Un conte de Noël (2008) entre otras, Fantasías de un escritor, producida durante la pandemia, sea una obra menor. Pero por eso no deja de ser un pequeño poliedro que invita no solo a descubrir si las amantes que usa el escritor para sus libros son reales, o si las sospechas de su esposa son ciertas o fruto de la incomunicación que la rutina ha establecido entre ambos, incluso con un ligero toque de misoginia, sino también, pensando de nuevo en Calderón, a adivinar las cadenas de las que el tiempo ya pasado nos carga y que, en definitiva, se traten de sueños o de realidades, sueños son.


Fantasías de un escritor (Tromperie. Francia, 2021)

Dirección: Arnaud Desplechin/ Guion: Arnaud Desplechin y Julie Peyr/ Producción: Why Not Productions/ Montaje: Laurence Briaud/ Fotografía: Yorick Le Saux/ Música: Grégoire Hetzel/ Reparto:  Denis Podalydès, Léa Seydoux, Emmanuelle Devos, Miglen Mirtchev, Anouk Grinberg, Madalina Constantin

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