FAMILIA SUMERGIDA

La danza de los vivos

Familia sumergida - Revista Mutaciones

Entre halos de luz que llenan de textura el interior de un departamento en Buenos Aires; entre cortinas que parecen bailar suspendidas en una vibración oceánica; entre melodías y susurros, entre todos esos elementos vivos, presencias orgánicas como plantas flotantes que parecen planetas, por ahí se mueve Marcela, una mujer adulta que tras la muerte de su hermana habita su hogar como si se tratase de una mansión embrujada, de un álbum de recuerdos, de una pecera flotando invertida en la superficie del mar, en un estado alterado que se produce por el duelo que deja un ser querido al desaparecer.

La ópera prima de la actriz que encarnaría en 2004 a La niña santa de Lucrecia Martel, María Alché, contiene en 91 minutos un arsenal de sensaciones que viajan ágilmente de su protagonista al espectador, deteniendo su claridad solo en algunos episodios en los que la confusión aparece para luego desenredarse y volverse evidente, al comprender que los ojos que cuentan esta historia son los de Marcela, empañados de toda su subjetividad. La libertad con la que Alché construye su relato marca el debut de una realizadora que encuentra su voz permitiéndose dar cabida a la confusión a través de una belleza enigmática que proviene de los recuerdos más difusos de la protagonista. La fotografía de Hélène Louvart, que solo el año pasado deslumbró con su trabajo en Lazzaro feliz (Alice Rohrwacher) y Petra (Jaime Rosales), entrega a través de colores que parecen acuarelas y fuentes de luz difuminadas al puro estilo de un Robert Richardson que cambió el rock por el tango, una sensación que nace en un extrañamiento y que aterriza finalmente en un misterio que se justifica en lo que dejan aquellos que ya no están. Una presencia que aún revolotea alrededor de los vivos como polvo en suspensión, como micro-partículas cósmicas que se hinchan de luz y casi sin profundidad de campo, invaden los espacios creando un efecto de sumersión acuática que da razón al título del film.

Familia sumergida - Revista Mutaciones

Si en la ficción de La niña santa Mercedes Morán interpretaría a la madre de María Alché, esta vez la célebre actriz argentina se reúne con la joven convertida en realizadora para protagonizar su film en el papel de Marcela, habitando cada uno de los planos tal como su figura abraza, baila, besa, fuma y ríe sin nunca abandonar un sentimiento de melancolía por el paso el tiempo, un matiz que una actriz de la talla de Morán mantiene constante durante todo el metraje. Sus hijos de la ficción cocinan, estudian, se accidentan, entran y salen del departamento con una independencia que indica que ya no son sólo niños, de la misma forma que Alché ya no es una niña santa sino que una directora de cine. El marido de Marcela está ausente. Y con los abrigos de piel de su hermana fallecida ventilándose en la azotea, como si fuera mejor airear al pasado para que éste no se pudra, Marcela se conecta con un nuevo amor, una brisa de aire fresco que inyectará de vida terrenos comprados en el pasado que nadie quiere y sonrisas contagiosas que dan ganas de abrazar; un nuevo amor que en realidad es también un fantasma, un espectro que iba a viajar pero nunca partió.

Citando al cineasta experimental Nathaniel Dorsky, «en el cine existen dos formas de introducir al ser humano. Una es representándolo. La otra es que estén presentes todas sus cualidades: sensibilidad, observación, miedo, curiosidad, el sentido de entrar en el mundo, interrupciones repentinas y corrientes subterráneas, expansión, retracción, contracción, relajación, revelación sublime». Si María Alché ha citado a Dorsky como una de sus influencias principales, sobre todo en su trabajo del color y de las texturas, los vaivenes emocionales de la protagonista de Familia sumergida corresponden quizás a una voluntad de presentar más bien sus cualidades, en toda su complejidad y diversidad, que sólo atenerse a su representación. Los sucesos que vive Marcela son una mezcla de dimensiones que funciona de manera tan enigmática como fascinante a la vez: el encuentro de lo real con lo imaginario, o con lo recordado, o con lo sentido. La diferencia no tiene importancia, porque todos estos universos convergen al perder a un ser querido, al naufragar entre sus posesiones materiales abandonadas, al intentar reparar una lavadora averiada. Y si el encuentro con un nuevo amor permite a la protagonista salir de su pecera y aventurarse a la amplitud del exterior, es porque ella sí está viva y al bailar, la danza de los vivos no parece tan diferente a la de los muertos.

Familia sumergida - Revista Mutaciones


Familia sumergida (Argentina, Noruega, Alemania, Brasil, 2018)

Dirección: María Alché Guion: María Alché Producción: Bárbara Francisco para 4 1/2 Fiksjon, Bubbles Project, Pandora Filmproduktion y Pasto / Música: Luciano Azzigotti / Fotografía: Hélène Louvart / Montaje: Livia Serpa / Dirección artística: Mariela Rípodas / Reparto: Mercedes Morán, Esteban Bigliardi, Marcelo Subiotto, Ia Arteta, Laila Maltz, Federico Sack, Diego Velázquez, Claudia Cantero

2 comentarios en «FAMILIA SUMERGIDA»

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