ENTREVISTA A TSAI MING-LIANG

“Mi trabajo normalmente es un reflejo de mis sentimientos, de mis vivencias, no hay mucha diferencia con la vida real porque es parte de mi vida real” (Tsai Ming-liang)

Tsai Ming-liang, entrevistaTsai Ming-liang (Malasia, 1957) es un director poco convencional y por ello inaccesible para una gran parte del público. El director malayo-taiwanés produce sus obras en Taiwán pero las exhibe principalmente en Occidente, donde, según el propio director, el público está acostumbrado y entrenado para enfrentar sus películas. Tsai Ming-liang pertenece a la llamada Segunda nueva ola del cine taiwanés, con compañeros de generación como Ang Lee e impulsado por los cineastas de la generación anterior Edward Yang y Hou Hsiao-Hsien. Sin embargo, aunque las influencias de Tsai Ming-liang están ligadas al cine popular y a las corrientes cinematográficas europeas de mediados del siglo XX, el director ha creado a lo largo de 30 años de carrera un estilo muy personal basado en la contemplación, en el silencio, y en la belleza y la desolación de los espacios.

Este año la Filmoteca española ha ofrecido, ofrecido junto al festival Spain Moving Images Festival, la retrospectiva más completa que se ha proyectado en España del director. Incluyendo sus largometrajes y sus cortos y algunas de sus piezas para televisión. Con motivo de este evento hemos podido hablar con Tsai Ming-liang.

 

Los primeros años de su carrera estuvo vinculado al teatro. ¿Ha influido esto a su trabajo en el cine? A nivel de puesta escena, los planos estáticos y los espacios filmados desde el mismo ángulo de alguna forma evocan al teatro.

Yo crecí en una ciudad de Malasia y en esa época había muchos cines. De pequeño iba mucho a ver películas y empecé a enamorarme del cine. Cuando comencé la universidad, pensando que el teatro estaba muy vinculado al cine decidí estudiar la carrera de teatro, aunque luego me di cuenta de que había bastante diferencia entre los dos ámbitos. Entonces al terminar la carrera empecé a trabajar en la tele escribiendo guiones, y así emprendí mi carrera en el cine.

 ¿Entonces hay una influencia directa del teatro?

Por supuesto. Tengo influencia del teatro en cuanto a la escritura del guion y sobre todo en el concepto de la obra. Me interesa mucho la obra del alemán Bertolt Brecht. Me interesa lo absurdo en su obra, en su puesta en escena. En cuanto a las tomas, también hay una influencia al elegir las tomas fijas en lugar de buscar diferentes ángulos. Eso está muy vinculado al teatro.

Ahora que menciona lo absurdo de su obra, sus películas tienen un fondo muy pesimista, pero también encontramos esos momentos absurdos, números musicales o cierta comicidad. ¿Podemos decir abiertamente que en su cine hay comedia? ¿Cuál es la intención de este pastiche de géneros?

A mi parecer mi obra se acerca a la realidad, a la vida real. Y en la vida real también aparecen muchos momentos absurdos. También me interesan mucho distintos géneros de cine, entonces los incorporo libremente dentro de mi obra. Por ejemplo, los números musicales. Me gusta incorporarlos en distintas escenas para que luchen entre ellos. Es un reflejo de la realidad.

Mi trabajo es muy realista, pero se acerca a lo surrealista. Me gusta saltar entre distintos géneros porque siento que hay mucha más libertad y que en el cine es una forma más de creatividad. La creación es muy libre.

 

Tsai Ming-Liang
Tsai Ming-Liang en el set de El sabor de la sandía (2005). Fotografía: Everett Collection Inc/Alamy Stock Photo/Alamy Stock Photo

Aunque la trama no sea lo fundamental en su cine, siempre se centra en un argumento individualista: la soledad del individuo, la alienación, etc. Pero también es inevitable percibir las alusiones al capitalismo, a la sociedad de consumo, incluso una reivindicación de la homosexualidad. ¿Hay una intención política en su cine?

Por supuesto. Mi obra se suele centrar en los sentimientos personales de los personajes dentro de la película y de su entorno. No habla de forma directa de la política, sin embargo, hay un trasfondo político. En el fondo hay escondida una temática más social. También, muchas veces entre los personajes hay un contraste de clase: personajes de clase alta o de clase más pobre. O personajes que intentan conseguir algo que es inalcanzable.

Los personajes, aunque pertenezcan a distintas clases, siempre muestran una intimidad muy oscura. A veces resulta incómodo o chocante. ¿qué busca transmitir con estas secuencias, es una forma de intentar conectar con el espectador?

En mis películas muchas veces se habla de la soledad. Los personajes se encuentran muy solos, muy aislados y, aunque haya personajes que estén en la misma escena, hay muy poca conversación entre ellos, porque pienso que dialogando tampoco se soluciona nada. Las cosas permanecen igual. Por eso hablo de la soledad.

En mi trabajo hay muy poco diálogo, los personajes muy pocas veces expresan sus opiniones y de esta forma el espectador cuando lo está viendo puede sentirse como si estuviera mirándose en el espejo. Mirándose a través de un espejo donde se ve reflejada su soledad o su espiritualidad.

 ¿Entonces busca la identificación con sus personajes?

Quiero y espero que el espectador pueda verse a sí mismo, pero lo que es por dentro.

Stray Dogs (2013)
Stray Dogs (Tsai Ming-liang, 2013)

 Para expresar esta intimidad hay varios elementos que resultan útiles, como la fruta o la verdura. Funcionan como una herramienta que da pie a que los personajes se desahoguen o expresen sus emociones. Recuerdo la escena de Stray Dogs (Tsai Ming-liang, 2013) en la que el protagonista, a través de una col, revela todo lo que siente.

Todas estas verduras y frutas son elementos que forman parte de la vida cotidiana, cosas que vemos en el día a día. El espectador, al verlo, también puede ver sus emociones reflejadas en estas herramientas. Por ejemplo, muchas veces los personajes beben agua, y eso es el reflejo de una sed interna, de su insatisfacción.

 Precisamente, además de las verduras, otro elemento fundamental es el agua. En su cine siempre hay sequía, lluvias torrenciales o inundaciones. El agua siempre está presente como algo incontrolable. ¿Qué representa el agua en su cine?

Lo que hace el agua es crear el ambiente de la historia. Por ejemplo, los días nublados o de lluvia reflejan los sentimientos de los personajes, y las inundaciones en los pisos reflejarían situaciones muy absurdas dentro de la película. Entonces, aparte del impacto visual también añade esta capa un poco más sentimental de la obra.

Tal vez el agua también represente un poco los problemas que nos encontramos en la vida, los extremos. Tenemos demasiada abundancia de algunas cosas, como ocurre con las lluvias torrenciales o las inundaciones, o tenemos carencia, como en las sequías.

 Con respecto a las localizaciones, que tienen mucho peso en sus películas, ¿qué criterios usa para buscarlas?

Para empezar me tienen que atraer estéticamente. Tiene que ser un lugar bonito. Sobre todo busco los espacios en ruinas, que, aunque estén en ruinas, también son muy bellos. Son lugares que están en mi vida cotidiana, en mi día a día. Muchas veces paso al lado de una ruina y empiezo a investigar y a explorar para mi próxima producción. Son ruinas que están normalmente en zonas urbanas, por donde yo paso. Trato los lugares como si fueran un personaje más. Primero busco la localización y luego coloco a los personajes dentro de este espacio.

Good Bye, Dragon Inn (2003)
Good Bye, Dragon Inn (Tsai Ming-liang, 2003)

Esos espacios de alguna forma condicionan a los personajes. Pero, entonces, ¿también traspasan la pantalla y condicionan al propio director?

La verdad es que yo no trabajo mucho los guiones, no los escribo al detalle. La película más bien la conceptualizo en la mente y solo voy anotando unas pautas para el guion. Por tanto, el guion y la película en sí muchas veces no tienen nada que ver. La película va cambiando, se va adaptando al proceso, y muchas veces la localización es tan importante que afecta al guion. Por ejemplo, cuando estábamos en esa ruina rodando Stray Dogs nos encontramos una pintura, un mural en la pared. Ese mural cobró mucha importancia en la película, tanta que le dediqué la última escena.

¿La decisión de contar siempre con los mismos actores de dónde viene? Después de tantos años debe haber un vínculo muy fuerte.

En el cine de autor muchas veces ocurre esto de que se trabaje con los mismos actores de forma repetida. La relación que se establece entre el director y el actor es muy estrecha, tenemos tanta confianza por haber estado trabajando tanto tiempo juntos que ya somos como de la familia. Mi trabajo normalmente es un reflejo de mis sentimientos, de mis vivencias, no hay mucha diferencia con la vida real porque es parte de mi vida real. Y en la vida sucede esto. Siempre nos encontramos con los mismos personajes, las mismas personas y eso se ve reflejado en mi trabajo. Por eso no suelo crear personajes nuevos, suelen ser los mismos personajes en diferentes películas. No me baso en novelas, siempre son vivencias propias y la vida es repetición, por eso hay tanta repetición. Llevo trabajando sobre todo con Lee Kang-Sheng muchos años, desde mi primera película, y proyecto mis sentimientos en él.

Sus películas comparten actores, personajes, tramas y espacios, por lo que es inevitable ver su obra como un conjunto, pero, ¿hay alguna película a la que le tenga especial cariño?

Para mí cada una de mis obras, cada una de mis películas, es un hijo mío. Les tengo a todas mucho cariño porque siempre he podido filmar lo que he querido y no he tenido que regirme por el mercado, así que he tenido mucha libertad en cuanto a mi producción y he podido expresar mi creatividad. Sin embargo, durante estos 30 años trabajando como cineasta tal vez haya varios puntos de inflexión, varias películas que hayan marcado un cambio en mi trayectoria. Dentro de esas destacaría la película Good Bye, Dragon Inn (Tsai Ming-liang, 2003) donde hubo un gran cambio. Antes de esa película mi obra estaba más basada en la trama, en la historia, y a partir de ese momento empecé a dar más importancia al espacio. Supuso un gran cambio.

Days. Revista Mutaciones
Days (Rizi) (Tsai Ming-liang, 2020)

Con respecto al último largometraje, Days (Tsai Ming-liang, 2020), presentado en la Berlinale y en San Sebastián, da la impresión de que es uno de los largos más sencillos en su trama, y eso sumado a sus especificaciones de no subtitular el poco dialogo que hay, parece que estamos ante otro punto de inflexión, ¿estamos viendo una evolución a un cine aún más contemplativo?

En el pasado, aunque hubiera muy poco dialogo, las películas estaban tal vez más enmarcadas dentro de la industria del cine, seguía algunas pautas. Tal vez seguía un guion. Pero este último largometraje, la película Days, está muy basado en la vida real y es más bien un documental. No tiene nada de guion, solo un proyecto que tenía en mente. Iba documentando a Lee Kang-sheng durante su enfermedad, durante su día a día. En el rodaje no tenía un equipo grande a mi disposición, solo tres o cuatro personas. Por tanto, es una película más artesanal que las anteriores, con un tema muy sencillo. Sí, es un gran cambio.

Y por último, conocemos sus referentes e influencias más destacadas: La Nouvelle vague o el neorrealismo italiano. Pero, ¿hay directores o directoras actuales a los que siga de cerca y que quizás funcionen como una inspiración para su trabajo?

Por supuesto. También me intereso por los nuevos directores, aunque no conozca a muchos. Uno que tal vez me parezca más interesante es Apichatpong Weerasethakul de Tailandia, aunque la verdad es que no conozco mucho el cine nuevo. Me gusta ver clásicos, películas más antiguas. Vuelvo a ver las películas francesas de la Nouvelle Vague y descubro que hay cosas que no había visto. Sobre todo me interesa el impulso creativo que tenían en esa época, que ahora tal vez no sea tan evidente.

Tsai Ming-liang en Filmoteca Española

 

3 comentarios en «ENTREVISTA A TSAI MING-LIANG»

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