ENTREVISTA A NATXO LEUZA (EL DROGAS)

“El Drogas mira la vida torcido, tiene un punto de vista diferente a los demás. Un personaje único”

Si uno nombra a Enrique Villarreal Armendáriz probablemente nadie sepa de quién estamos hablando. Pero es mencionar a El Drogas y asociar su nombre al de una época turbulenta y apasionante del rock nacional. Legendario líder de Barricada, con los que publicó más de una veintena de discos y recorrió toda nuestra geografía llenando desde garitos a estadios de fútbol, la música de los ochenta no podría entenderse sin su reconocible voz y presencia sobre el escenario. Esa influencia y el interés que despierta quedan patente con el éxito de un documental que está siendo una de los sopresas más felices de la cartelera. Después de su estreno en la sección Zinemira del Festival de San Sebastián, tras dos semanas en cines y con solo 16 copias, la película distribuida por Golem se encuentra entre las 20 películas más taquilleras del momento.

¿Qué tiene El Drogas para seguir moviendo masas con más de sesenta años? Se lo preguntamos durante la pasada edición del Zinemaldia a su director, Natxo Leuza, que con El Drogas plantea un recorrido cronológico a lo largo de su trayectoria, en base a entrevistas con artistas como Rosendo o Cristina Rosenvinge, con el que nos descubre su lado más personal. Por fin conocemos a Enrique Villarreal.

El Drogas, líder de Barricada

 

La primera pregunta es tan obvia como obligada. ¿Por qué El Drogas?

Es un personaje del que me parecía increíble no existiera ya un documental sobre su figura. Creo que es una de las personas más influyentes en la escena del rock de los últimos cuarenta años. El legado que ha dejado con Barricada es incalculable. Y todo el mundo disfruta de sus temas hoy en día. Yo venía de hacer otro documental más social, que requiere de una carga emocional muy grande, quise descargarme con el siguiente proyecto. Además, la vida de un artista siempre tiene algo que te atrae y que quieres contar, son personajes insuales. Y la vida de Enrique es interesantísima. Con Andrés de la Riva, el director de comunicación de la película, hablamos sobre la posibilidad de hacerle un documental y fuimos a proponérselo. Creo que si llegamos a ir otro día nos hubiese dicho que no, pero justo ese día le pillamos en su mejor momento. Nos dijo que la película era un chute de autoestima para él, salimos de allí súper contentos. Pero volviendo un poco al por qué, es que el propio personaje es muy atractivo. Le ves su caminar característico, su actitud, esa mirada, sus pintas de pirata… Es el protagonista perfecto de una película. Su vida tiene muchas historias y creíamos que juntando todas esas historias podía salir una buena película.

Supongo que el hecho de ser navarro te haría sentir cierta afinidad, habrás crecido con sus canciones sonando de fondo. En ese sentido me parece fundamental la importancia que se concede a sus orígenes en el barrio pamplonés de la Txantrea. ¿Era imposible desligar el origen de El Drogas de las movilizaciones sociales de la época?

Una referencia que tuve muy clara eran los documentales de Julien Temple, que encima estrena en el festival una película sobre el cantante de The Pogues, que tuvo una vida muy paralela a la de Enrique. Pero en concreto me fijé en La mugre y la furia (2002), que es una obra maestra por cómo retrata esa efervescencia del punk en los 70. Un contexto histórico del que sale un grupo de enorme influencia para el resto de bandas. Los Sex Pistols nacen por la situación política y social que había en ese momento. Yo quise trasladar eso a El Drogas. Él siempre ha estado vinculado a la política, a lo social. Era inevitable situarlo en el contexto historíco que le ha tocado vivir, el de una España que se estaba transformando. Enrique nació en el 59 y desde entonces el país ha sufrido una transformación a la vez que él ha seguido evolucionando como artista. Me parecía muy lógico situarlo en ese contexto para que la gente comprendiera por qué El Drogas es de esta manera.

Uno de los aciertos de la película, que la diferencia de otros documentales musicales, es que en cierto modo el propio Enrique guía la narración. Aunque el montaje se apoye en numerosas voces que ofrecen distintos puntos de vista de su vida, al final su voz en off se adueña la película.

Exactamente. Por eso era muy importante ese último mensaje. Después de recorrer toda la vida de El Drogas, pasando por situaciones violentas, emotivas, decidimos dejarle ese peso al final. En el paisaje, con la música que casi no se oye, tirando una piedra al río y haciendo esa reflexión sobre qué es la vida para él… Después de todo lo que has visto en la película a mí me parece que es un momento muy de Enrique, muy íntimo. Porque aunque no lo parezca él es alguien muy introvertido, tiene un mundo interior que yo mismo no he llegado a comprender del todo. Abarca demasiadas cosas, el pensamiento de Enrique cambia constantemente. Pero esa reflexión de vida que hace Enrique en la soledad, porque él ama la soledad, se transmite en esos espacios cerca del río, un lugar muy vinculado a su persona. Que haga su reflexión final tirando una piedra, asociando su vida a ello, me parecía muy bonito.

¿Cómo planteaste la estructura? Desde su nacimiento hasta la actualidad hay un seguimiento cronológico desde el que organizas la narración.

Sí, aunque tampoco quería que fuera cronológico del todo. Por eso al inicio saltamos pronto al presente y luego vamos hacia atrás. La parte más cronológica de su trayectoria la he querido explicar así para que se siga de forma de natural. Hay tantas cosas por contar de su vida que de otro modo nos podríamos despistar. Pero aparte de la estructura teníamos una decisión clara, y es que el presente lo quería contar de una manera cinematográfica, con una fotografía más cuidada, con ralentizados, voces en off… Quería escuchar ese interior de Enrique tan personal. Y luego sí que al volver la vista atrás al pasado quise romper con todo. Decidí no respetar ningún tipo de reglas y usar todo el archivo que tenía en mis manos, fuera de la calidad que fuera. Y usarlo como esas cápsulas de memoria que todavía le quedan a Enrique en la cabeza de aquellos años. Ŕáfagas muy violentas porque como él mismo reconoce, de lo que vivió en los años 80 se acuerda de muy poco. Por eso creo que esos fragmentos que van apareciendo de manera un poco fugaz son como esos trozos de memoria que aún perduran en la cabeza de Enrique.

El Drogas (2020)

Mencionabas antes el documental de Julien Temple presente en la Sección Oficial, que parte de la ocurrencia de tomar unas cervezas con Shane MacGowan. Cabría imaginar que en algún momento esta película podría también consistir en salir de juerga con El Drogas, pero el tiempo ha pasado y en cambio accedemos a su lado más personal. La cámara entra en su casa, conocemos a su familia y al auténtico Enrique Villarreal. ¿Cómo fue ese proceso?

Lo principal para contar la vida de alguien en el cine es ganarte su confianza y respeto. Esta película nos ha costado hacerla tres años porque el primero fue simplemente para estar con él. Queríamos que nos conociera, adaptarnos con mucho respeto a su día a día, sin entrometernos en su agenda. Desde el principio nos recibió de una manera muy generosa, pero con el paso del tiempo nos fue conociendo, se dio cuenta de que no queríamos molestarle ni aprovecharnos de él, que nos interesaba conocerle de verdad. Y al segundo año creamos una círculo muy unido entre la familia y el propio equipo, estábamos de constantes bromas.

¿Y con qué te quedas de tu relación con él?

Lo que sucedió en este rodaje es lo más bonito que he vivido en todos los rodajes en los que he estado. Estar al lado de un creador, de un artista supone estar en un lugar privilegiado. Y así me he sentido en muchas ocasiones al lado de Enrique. He vivido momentos únicos, como por ejemplo acompañarle junto a su madre, enferma de Alzheimer. Ese día de rodaje, el primero visitando a su madre, íbamos un poco temiendo lo que nos íbamos a encontrar, pero Enrique lo normaliza todo muchísimo. Nos explicó el proceso tan duro de su enfermedad. Y en ese fragmento que está paseando con su madre, que la está acariciando, hay un momento que no sale en la película y que fue de lo más especial que he vivido a su lado. Enrique lee constamente poemas a su madre. Cogió un libro de Eduardo Galeano, lo abrió al azar y se titulaba “Allí en la infancia”, con lo que supone por el tema del Alzheimer. Ese momento fue precioso, se me pone la piel de gallina al recordarlo. Y momentos así nos ha regalado muchísimos. Estar a un palmo suyo, grabándole en un concierto durante horas fue impresionante. La fuerza que transmite, cómo conecta con la gente, ver que está ahí en el nivel en el que está porque se lo trabaja y porque es alguien especial… Al final un artista es alguien que mira las cosas diferentes a los demás. Y como se explica en la película al inicio, Enrique ya mira la vida torcido. La mira diferente a los demás. Tiene un punto de vista de cualquier tema diferente al resto. Eso lo convierte en un personaje único.

El Drogas, un documental de Natxo Leuza

De hecho, aunque todos los artistas, amigos y familiares que participan insisten en coincidir en su generosidad, tampoco se ocultan sus conflictos ni malas rachas. Como el consumo de estupefacientes o su marcha de Barricada.

Para contar una película necesitas esos conflictos, no todo pueden ser halagos, sería un reportaje. Tenemos la suerte de que esta vida de Enrique tuvo muchos conflictos y quizás el más grande sea la patada que le dieron de Barricada, que le sumió en una depresión grande, donde a la vez tenía que lidiar con la enfermedad de su madre. Incluso llegó a pensar en dejar la música, fue su momento más bajo. Pero enseguida supo salir de ese bache. Se acercó a su familia, se dejó apoyar y se unió a una gran banda que le acompaña ahora mismo. Como dice ahora, “fue uno de los peores finales en mi vida pero fue el mejor inicio de algo”. Enrique está mucho más cómodo que en Barricada, solo tiene que defender sus propias propuestas, no las de un grupo que ya no comulgaba con sus ideas. Era el paso lógico que saliera de Barricada, pero fue triste que la salida fuera traumática.

Me gusta que saques el tema de su banda, que son uno de sus grandes apoyos, porque esta película también se ha hecho de forma colectiva. Sois un grupo muy pequeño de personas que gracias a un crowdfunding habéis hecho crecer el proyecto hasta el punto de llegar al festival y de estrenar la película en cines con Golem.

Ayer mismo fue el estreno en el festival y el núcleo del equipo, Rosa, María, Andrés y yo, no nos lo creíamos. Este es mi primer largometraje y el suyo también. Ha sido un camino tortuoso, fue muy difícil sacar esta película adelante entre los cuatro. Entre nuestra inexperiencia y lo que supone hacer una película de esta dimensión, hemos sufrido muchísimos problemas. Cada uno tenía que hacer lo suyo y muchas cosas más. Pero también es verdad que esta película se ha construido a base de favores, de empujones de la gente, del propio Enrique. Nos han ido empujando hasta llegar aquí. Ayer en el estreno lloramos todos. Y en San Sebastián encima. Soltamos esas emociones y dificultades que hemos ido superando.

Como toda la emoción que se suelta en el final tras el concierto, camino del backstage Sabemos hacia donde se dirige El Drogas, ¿pero hacia dónde va Natxo Leuza? ¿Cuáles son tus siguientes proyectos?

Dedicarme solo a hacer documentales musicales o biográficos no me gusta nada, quiero ir cambiando con mis trabajos. Tengo un proyecto para hacer una película del que ya he me han dado subvención. Va a ser en Nigeria y hablará del apartheid climático. Me pregunto qué sucede en el mundo con el cambio climático y quiénes sufren las consecuencias, que son siempre los más pobres y necesitados. Esta película me ha puesto en el foco de muchos medios gracias a Enrique. Hablaba de empujones antes, pero el empujón que ha supuesto para mí ha sido increíble, yo mismo me estoy dando cuenta ahora, no me lo podía imaginar. Y de eso me he aprovechado porque nadie me conocía. Hoy estoy aquí y me están haciendo entrevistas. No sabía que Enrique arrastraba tanto al público, a tantos medios, que era tan querido.

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