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ENTREVISTA A MARTA LALLANA (MUYERES)


 “Los recuerdos, aunque no los hayan vivido juntas los comparten de algún modo, porque van más allá de las experiencias individuales, son una experiencia colectiva”

 

Hablamos con Marta Lallana, directora de Muyeres (2023), un híbrido entre documental y ficción en forma de poema visual que busca rescatar y dar luz a la transmisión de las voces y saberes populares que rodean la canción tradicional asturiana.

¿Por qué elegiste hacer un híbrido entre documental y ficción, jugando con dos líneas narrativas entre Raúl Refree (línea onírica) y las Muyeres (documental) para contar la historia?

Yo sabía que quería contar unos temas muy concretos antes incluso de conocer a las protagonistas. Temas como el cuidado entre mujeres, la pérdida de la memoria o la permanencia del paisaje. Antes de conocerlas ya sabía que quería que las actrices fueran ellas de verdad, porque para mí no tenía sentido coger actrices que interpretaran a las mujeres y tuvieran que aprenderse esos saberes, entonces el híbrido estaba un poco en la esencia cuando empecé a pensar en el proyecto. En la parte onírica tenía muy claro que quería trazar esos momentos más poéticos, porque yo creo que la historia, lo que se retrata y lo que tiene que ver con el paisaje, la naturaleza y las cosas más ambiguas o poéticas sí que venían muy escritas desde el propio guión.

¿Cómo fue el proceso de trabajar tanto con las muyeres como con Raúl para lograr esa naturalidad y enfrentarse a la cámara?

Con ellas fue un trabajo de conocerse durante mucho tiempo, durante muchos meses antes de rodar. Fueron muchas visitas, pasar mucho tiempo juntas y también con las familias, era importante que nos vieran como gente cercana. En ese sentido funcionó muy bien, porque toda la preparación y todo el acceso se ha hecho con mucho cariño y éramos muy bien recibidos en sus vidas. 

Ellas sabían que quería hacer una peli así que, cuando empezábamos a rodar, las dirigía desde un punto de juego, de prueba, sabiendo yo a dónde quería ir con cada escena, pero sin darles a ellas la información hasta que no nos pusiéramos a rodar. Fue un rodaje también bastante invisible, por así decirlo, no éramos un equipo muy grande. Con Raúl fue más técnico, un rodaje más estándar. A pesar de no haberse puesto nunca delante de la cámara era más sencillo poder dirigirlo, porque al final él era plenamente consciente del proyecto. Se había leído el guión, por lo que tenía una consciencia que las muyeres protagonistas no tenían, porque todo les pillaba por otro lado pero Raúl está acostumbrado, tiene esa preconcepción de lo que es hacer una peli y de lo que estaba haciendo, además su personaje es una mezcla, porque en parte se interpreta a sí mismo. Esta línea que mezcla la realidad y la ficción me interesa también porque crea doble capa narrativa, si tú conoces esta faceta que tiene Raúl y le sigues puedes pensar que está haciendo esto para su próximo disco, y sino, es simplemente un chico que va a recoger las cintas de su abuelo y se obsesiona con ello, así que tampoco fue del todo difícil. También había confianza entre nosotros porque nos conocíamos desde que hizo la BSO de Ojos negros (2019).

La película se construye en torno a la música y el sonido, ¿cómo planificáis y trabajáis esto desde la construcción de la idea?

Algunas escenas estaban claramente musicalizadas desde el guión, en que yo ya sabía que ahí quería meter música, en otros casos lo encontramos a través del montaje, viendo cómo iba la peli había momentos en que sentía que necesitaba aportar algo musicalmente. Hemos estado mucho tiempo montando porque el rodaje fue en dos fases, por lo tanto el montaje también fue en dos fases. Esto nos permitió tener tiempo para jugar, para probar cosas en sala que no venían dadas por guión, o que estaban únicamente apuntadas, pero las que son secuencias más musicales muchas se encontraron también allí porque tuvimos el tiempo de poder probar y jugar con el material.

Marta Lallana Muyeres

El momento clímax de la película es el momento en que la mujer canta frente a la ventana, es un momento muy poderoso, que además al final cabalga con la banda sonora y al que le sigue un momento de ensoñación en el que también juegas con el tiempo. ¿Cómo nace la construcción de este momento?, ¿estaba planificado o llegó en el momento del montaje?

Esa secuencia estaba en el guión, es una peli en la que hay gente, periodistas, que hablan de documental, pero esta peli está construida en base a un guión, entonces lo de la nieve no es casual, lo del viento, lo de que se acerque la tempestad, son cosas que ya venían buscadas y entonces ese momento justo de traspaso, que es cuando la tormenta está más álgida, estaba ya escrito previamente. Había otras cosas que sí que fueron más casuales, por ejemplo, que de repente aparecen animales en la carretera y lo usas en unas escenas que no estaban escritas. Al final al tener esta parte documental y el equipo que estaba muy alerta de todo lo que queríamos conseguir, nos ha dado mucha flexibilidad para grabar elementos porque la esencia de la peli está ahí, en ese momento que parece muy mágico aunque no estuviera planificado. En ese sentido sí que fue un trabajo muy exigente a nivel del equipo de rodaje de tener que adaptarse, tener un plan de rodaje A, un plan rodaje B por si nieva, un plan de rodaje C por si hace viento. Además estábamos grabando en tres sitios distintos por lo que todo tenía que estar muy planificado.

La película empieza con Raúl entrando en una casa abandonada, va explorando el espacio y a la vez abriendo las ventanas, lo que hace las luces y sombras más llamativas, ¿qué simbolismo tiene la exploración del espacio y de la luz aquí? ¿Tiene algún paralelismo con el final de la historia, con el paso a color?

No lo había pensado como que fuera algo que tuviera que ver con el final. El final fue lo que antes escribí de la película, tenía muy claro que esa era la historia principal y un poco la tesis de la película, de lo que quiere decir el traspase. Al final es lo que yo misma estaba haciendo, siendo una chica joven estoy hablando de algo que por ciencia no me correspondía, no soy asturiana, pero al final hay esperanza porque gente como Nadia, mujer migrante que es la encargada de cuidar al personaje de Constantina se queda con ese legado, porque al final es la que le presta el cuidado y el cariño. Entonces ese final lo tenía muy claro. La parte del inicio de Raúl para mí era como la entrada al universo de sus antepasados que no conocía. Eso es algo que luego me he dado cuenta de que estaba bastante presente también en mi otra peli, en Ojos negros, esa idea de volver a tus raíces y habitar una casa que no es la tuya pero que está llena de lo que te pertenece de algún modo.

¿Por qué elegiste que le sucediera en esta transmisión oral concretamente Nadia, la mujer rumana? ¿Está relacionado con el tema de la inmigración?

Sí, retomando lo que decía antes es eso. Al final nuestros mayores, por el sistema en el que estamos metidos es muy común que sus hijos no les puedan cuidar y acaban recurriendo a contratar personas que vienen de fuera. Me gustaba mucho la historia de la relación entre dos personas tan distintas y cómo se unen a través de la música. Otra cosa que me gustaba mucho era algo que siempre estaba un poco en el aire de todo, es esta idea de que los recuerdos, aunque no se hayan vivido juntas, los comparten de algún modo, porque van más allá de las experiencias individuales, son una experiencia colectiva. El unirse a cantar, todo lo que eso conlleva, sobrepasa la individualidad de dónde es cada una y esa es una cosa que me gustaba mucho de la relación entre estos dos personajes.

Muyeres Marta Lallana

En un momento de la película suena una música y el camino se diluye convirtiéndose en agua, ¿qué significa para ti ese momento? y ¿por qué elegiste el elemento del agua para representarlo?

Cuando me preguntan estas cosas me parece que hay un punto de que los elementos más poéticos no hace falta explicarlos porque cada uno puede recogerlo como quiera y la poesía al explicarla pierde fuerza.

La escena en la que Raúl Refree baja del coche y hay una fiesta en la que aparecen unos seres que aluden al folclore clásico tiene elementos en común con la película Máscaras de Noémia Delgado (Masks, 1976), ¿te sirvió esta u otra película de inspiración para este momento?

No como inspiración directa, pero sí que hay similitudes con una película que se llama El hombre de mimbre (The Wicker Man, Robin Hardy, 1973). Es una peli que tiene un poco de terror pero que no acaba de ser terror al uso, y hay una fiesta de mascaradas. Es un poco este rito, creo que esto pasaba en Escocia, si no me equivoco, pero es muy curioso ver cómo compartía todo el imaginario con los rituales de las mascaradas en Asturias. También Galicia, Portugal, León… todos estos sitios tienen los mismos personajes, y tienen rituales muy similares, entonces es esta idea de algo oscuro y de expiación de los pecados, de liberación, pero sin tratarlo como algo de terror, es esa fina línea, ese tono sí que era algo que buscaba en esa escena.

La película también ha pasado por el festival de Gijón, ¿cómo fue para ti presentarla en Asturias y cómo fue el recibimiento por parte de la gente?

Pues fue muy bonito, tenía muchas ganas de poder presentarla en el lugar que le pertenece, pudieron venir ellas con todos los familiares y fue un momento muy emotivo. Además les sorprendió porque me decían que lo veían como una película muy “de verdad” y ellas no se imaginaban verse en una película así por la relación que teníamos, que era muy de cercanía y confianza, eso les sorprendió, pero estaban muy felices. Luego la gente se les acercaba y les reconocía el valor de todo esto, ellas estaban pletóricas de que por fin se les reconociera. Desde el principio se preguntaban ¿por qué yo? y es ese punto de reconocerlas y poner en valor todos esos saberes a los que se les ha ido quitando peso.

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