ENTREVISTA A ENRIC ALBERO Y JAVIER H. ESTRADA

“Es clave traer a la gente que hace las películas a que dialogue con el público.”/”Un festival de cine tiene que ser reinvención constante.”

Habitualmente desconocida para el gran público, la figura del programador suele pasar desapercibida pero lo cierto es que su labor es absolutamente esencial en el panorama cinematográfico actual. Ellos y (cada vez más) ellas son los expertos que deciden qué autor y qué obras merecen ser exhibidas en centros de arte, filmotecas y festivales. Son, precisamente, los encargados de estos últimos las figuras clave en el devenir de obras y autores. Ellos son los primeros en ver la obra de un cineasta y, si así lo deciden, la crítica podrá disfrutar de su estreno para juzgarla más adelante, la distribuidora pensar en exhibirla y el espectador, quizá, verla. ¿Qué sería de todo el cine japonés si Venecia no hubiese incluido Rashomon (Akira Kurosowa) en su edición de 1951? ¿Podríamos comprar hoy en día en España la Trilogía de Apu de Satyajit Ray si Cannes no hubiese traído su primera entrega desde la India? Más recientemente, ¿qué sería del llamado “otro cine español”, por no hablar del latinoamericano, sin el IBAFF, Punto de Vista, Filmadrid, Márgenes y un largo etcétera?

Después de dos años sin un equipo de programación visible, si la novena edición del IBAFF tenía un recobrado interés era por observar el trabajo de su nuevo programador, Enric Albero. Crítico miembro del consejo de redacción de Caimán cuadernos de cine que, además, se estrena en el oficio. Aprovechamos esta edición para entrevistarle junto con Javier H. Estrada, miembro de la misma revista y programador de Filmadrid y el Festival de cine europeo de Sevilla, durante su paso fugaz por el certamen. El objetivo no es otro que conocer un poco más lo que hay detrás de su labor, plantear los problemas y esbozar las, quizás, soluciones de una profesión en crecimiento que hace latir al cine contemporáneo.

Nota: Recuerda consultar nuestras completas coberturas del IBAFF 2018 y Filmadrid 2017.


Javier H. Estrada y Enric Albero
Javier H. Estrada (izq.) y Enric Albero (der.).

Programar un festival es, en cierto modo, hacer una obra personal a partir de la unión de otras muchas. ¿Cuál es la intención de vuestra “obra” en el IBAFF, Filmadrid y Sevilla?

Enric Albero: La idea básica es ofrecer una ventana a un determinado tipo de cine que no llega a salas comerciales y que, por tanto, no se podría ver si no fuese por los festivales.  Un tipo de cine que busca otras maneras de acercarse a la realidad, que propone otros acercamientos estéticos diferentes al mainstream. Nos estamos convirtiendo en un circuito de exhibición alternativo aunque no contabilice para nadie ni para nada a nivel estadístico. Creo que es algo que deberíamos plantear entre todos a ver qué podemos hacer al respecto. Es casi una obligación, intentar rastrear por dónde van los tiros, las tendencias que hay, que es lo que se puede hacer y, sobre todo, hacerlo sin prejuicios intentando ampliar el marco lo máximo posible.

Javier Estrada: Hay algo muy bonito en esta profesión. Para mí el catálogo, el programa del festival, es la película del programador. Estamos todo un año pensando para proponer un viaje. Igual que en el que propone un cineasta con su película,  hay contrapuntos, tiene que haber matices. Me parece que eso convierte esta labor en algo apasionante. También lo es la diferente concepción de un programa dependiendo de donde estás. Soy responsable de programación del Festival de cine europeo de Sevilla y de Filmadrid, que son dos festivales separados en el año y tienen un carácter hasta cierto punto diferente. Entonces, te vas dando cuenta tanto de lo que necesita cada uno como de las cosas donde quieres romper las estructuras. Por eso, la programación es un mundo infinito en el que constantemente tienes que estar reinventándote pero siempre siendo consciente del lugar donde estás y qué tienes delante. Cómo cambias e impulsas cosas sin necesidad de derrumbar toda la estructura que se  ha ido creando previamente.

¿Cómo veis esa división de circuitos cinematográficos, el tradicional y el “festivalero” (cada vez más extenso y numeroso en España)?

EA: Desde que empecé soy muy defensor de la fraternidad entre festivales, de intentar hacer cosas juntos. Sería importante que de vez en cuando nos reuniéramos para intentar crear una especie de estructura. Al menos para ver qué podemos hacer conjuntamente porque en el fondo hay una serie de películas que si no fuera por los festivales no se verían y que nadie sabe cuántos espectadores tiene. Por ejemplo, me gustaría saber cuántos espectadores han visto Baronesa (Juliana Antunes) este año después de haber estado en tantos festivales con salas llenas y ganar tantos premios. La otra asignatura pendiente es un nivel de difusión mayor y de intentar acercar más los festivales a la gente. Acercarnos a la universidad en la medida de lo posible creo que es fundamental. Hacer que las instituciones o las administraciones, porque al fin y al cabo la mayoría de los festivales dependen de ellas, se involucren en la mayor medida posible a la hora de difundir. No me refiero solo publicitariamente (poner carteles en la calle), sino de involucrarse de verdad. Que las concejalías de educación y cultura trabajasen juntas en esa difusión. Que a todos los niveles de la propia ciudad, el festival se convierta en algo vivo, en algo que circule. Por eso creo que otra cosa importante es que el festival no solo se circunscriba a la semana en la que dura sino que durante el año pueda tener actividad. Sé que es muy difícil y complicado, el dinero es el que es y los presupuestos son los que son pero es importante que tenga un poco de vida durante el año.

JE: Sí, suscribo todo lo que ha dicho Enric.

Primer año en el IBAFF, primer año en Sevilla… ¿Cómo se adapta el gusto del programador a la personalidad del festival y viceversa?

EA: Cuando me hicieron la propuesta, lo primero que hice fue estudiar lo que se había hecho en el festival y claro, te asustas un poco. Por aquí han pasado Kiarostami, Pedro Costa, Rosales, Marc Recha, Bill Viola, en fin… Te da un poco de vértigo pero como decía Javier antes, no hay que perder de vista lo que se ha hecho, intentar aportarle tu personalidad, crecer en la medida de las posibilidades sin volvernos locos. Todo no puede ser el crecimiento por el crecimiento, eso es una obsesión insana. En definitiva, es darle tu toque sin perder de vista el trabajo de muchos años. Al final es muy ilusionante porque tienes la posibilidad de poner algo de tu parte para intentar mejorar.

José Luis Cienfuegos (izq) junto con Pascale Ramonda y Petar Mitric en el Festival de Linz
José Luis Cienfuegos (izq) junto con Pascale Ramonda y Petar Mitric en el Festival de Linz.

JE: Yo creo que la clave de esto está mucho en el equipo. Para mí, llegar al festival de Sevilla fue algo tremendo en cuanto a la calidad humana y profesional de la gente que está trabajando. Tener como director a alguien como José Luis Cienfuegos, que es historia viva de los festivales en España es fundamental. Hay que ser sinceros, cuando Cienfuegos empieza en Gijón se rompe el paradigma, todos los que estamos en festivales como el IBAFF o Filmadrid somos hijos del Gijón que creó Cienfuegos. De hecho, el Gijón de hoy es también herencia de todo el esquema de línea de programación que él había creado. Para mí fue encontrar a una figura que era un referente y empezar a trabajar con él día a día, ver que era una persona muy abierta y que realmente lo que busca es que le des la vuelta a todos los paradigmas que él ha creado. En un proyecto tan establecido es clave encontrarte a alguien que lo que quiere es avanzar, que quiere cambios, incluso profundos. Todo porque el evento sea cada vez más estimulante. Eso es lo que yo me he encontrado.

¿Qué es, para vosotros, lo que da prestigio y calidad a la programación de un festival de cine?

EA: Creo que cuando ves una programación, lo importante es que percibas que las cabezas que la han pensado tienen muy claro donde están y donde quieren ir. Eso te lo dice la programación. Hay muchos festivales o muestras en las que vez un batiburrillo de propuestas, de cosas que a veces no tienen demasiado sentido o al menos tu no se lo encuentras. Sin embargo, cuando hay alguien detrás que tiene una idea clara de lo que quiere mostrar se nota enseguida. También es fundamental el hecho de que esa persona que coordina todo esa idea sea un polo de atracción para que la gente que plantea esas películas quiera estar ahí. Eso es lo que da un punto de calidad a un festival. Que la gente que hace esas películas pueda hablar con el público, que el cine salga de la sala, que haya diálogos, que se discuta y se pueda hablar. Podemos ver películas en casa, no nos hace falta un festival  para ello y hoy en día con la oferta que hay, más tarde o más pronto se pueden encontrar incluso las películas alejadas del circuito comercial. Por eso, es clave traer a la gente que hace las películas o que participa en ellas a que dialogue con el público.

Jonas Mekas by Karolina Krinickaite
Jonas Mekas firmando autógrafos en Filmadrid. (fotografía de Karolina Krinickaite)

JE: Es exactamente lo que comenta Enric, es algo que hemos peleado siempre mucho en Filmadrid y que por ejemplo este año fue la sublimación de esa idea. La gente me decía que en vez de Jonas Mekas parecía que estaba Mick Jagger. Era tremendo. Como decía Enric, la clave es acercar los cineastas a la gente. Otro de mis recuerdos imborrables fue estar con Lav Díaz en una terraza de Madrid tomando unas cañas rodeado de chicos de veintipocos años rodeándolo como un oráculo. Con cosas como esa se me caen las lágrimas. Creo que ese el objetivo. Con Pedro Costa nos ha pasado lo mismo, son gente muy generosa que lo que quiere es un diálogo con la gente que ama el cine. No quieren alfombras rojas, no quieren masas. Quieren gente que les escuche y dialogar con ello y si es gente joven aun mejor. Por otro lado, en cuanto al concepto de la programación, para mí el ideal es “heterodoxia consciente”. Un festival que tenga muchas vertientes, que se abra sobre todo a nivel geográfico lo más posible pero bajo un concepto sólido y bien pensado. Sin embargo, hay que ser capaz de innovar constantemente, reformularse y no hacer el mismo festival cada año. Creo que eso conlleva a la rutina y un festival de cine tiene que  ser reinvención constante.

Todo el mundo concibe que los festivales de música están asociados al ocio y a la fiesta además de a la misma música. En los de cine parecen dos cosas separadas. Desde la organización, ¿hasta qué punto conviene preocuparse de que el festival tenga vida fuera de la sala?

EA: Lo importante es romper esa barrera entre el tótem del director y el espectador. El hecho de que estén aquí ya conlleva esa vida fuera de la sala. Cuando vino la actriz Patricia López que viene de algo tan grande como Movistar + con La peste (Alberto Rodríguez) estuvo  con el público como si estuviera con sus amigos. También los directores noveles que toman cervezas o como con todo el mundo. Creo que una cosa lleva a la otra, la barrera se rompe, el festival se abre y todo el mundo dialoga. Al fin y al cabo es para eso para lo que estamos aquí.

Lav Díaz Olga Atance
Lav Díaz junto con jóvenes espectadores. (fotografía de Olga Atance)

JE: Creo que la vida fuera de la sala es fundamental. La idea es crear comunidad. Por ejemplo, Filmadrid es en junio y con la temperatura que hace siempre acabamos tomando algo en la calle todas las noches. Y se generan unas masas de gente tremendas. Ir por Lavapiés con João Pedro Rodrigues, Lav Díaz, Roger Koza, Fred Kelemen, etc, más un montón de chavales tomando una cerveza, aunque suene muy punkie, es una idea de comunidad, la que se genera en ese festival en concreto. En Sevilla este año, el llegar a la Sala X y encontrarte a Mathieu Amalric bailando como un loco es el logro de que la proyección de Barbara fue maravillosa, que el Q&A posterior fue magnífico y el tipo estaba encantado. Si no, se hubiese quedado en la habitación. Es como un río que fluye, esa cercanía es en base a un trabajo bien hecho. Por eso, la idea de la experiencia que se expande fuera de la sala y de la comunidad que integra a estos artistas que adoramos y que programamos con tanto cariño junto al público al que nos dirigimos es, en una cuestión personal, llegar a lo más alto.

¿Creéis que en la programación de festivales sobra rivalidad y falta colaboración entre unos y otros?  Por ejemplo, para combinar fechas o invitados.

EA: Absolutamente, una de las cosas por las que estoy contento es que aquí no tenemos que tener premieres aunque luego te acaban llegando porque hay mucha película que no se distribuye. Entiendo que haya algunos festivales que las tienen que tener pero los de nuestro tamaño no, vería absurdo que estuviésemos peleando por una película con DocumentaMadrid, con Ourense, etc. No es el mismo público y es cerrar la ventana a una película por el simple hecho de que ya se ha puesto en otro sitio cuando el espectador no es el mismo. Si somos un circuito de exhibición paralelo lo lógico es que si creemos que hay películas interesantes las exhibamos hayan estado donde hayan estado. Ya está. Además, insisto mucho en eso, la mayoría dependemos de la administración pública, estar juntos y colaborar nos ayuda a optimizar recursos, a ahorrar dinero, a poder mover invitados, a poder mover películas. Para mi es fundamental.

JE: Estoy totalmente de acuerdo, ese es el camino, no hay más que añadir.

Entonces ¿Ser los primeros en poner algo o ser los segundos pero poner lo mejor?

EA: Se puede combinar, una cosa no quita la otra.

JE: Más que poner lo mejor, realmente es encontrar tu voz. Pensar en abrir la cabeza también es necesario. A veces también hay cierta aglutinación de títulos en todos lados y, aunque siempre hay películas imprescindibles, otras veces es porque se peca de una falta de visión. Por eso insisto siempre mucho en el tema geográfico, me parece un poco grave que pasen los años y sigamos enquistados en el mismo dominio. Hablo, claro, más desde la cuestión de Filmadrid que de un festival de cine exclusivamente europeo como es Sevilla. Hay una especie de hermetismo en cuanto a la visión europea del cine que subestimamos al público. En Filmadrid hicimos un foco de comedia absurda iraní para el que hubo mucho interés y funcionó muy bien. Es cuestión de ser valientes y no ir a lo fácil o a lo de siempre.

EA: Hay que arriesgar y hay que dudar. Yo he programado películas este año sobre las que tenía dudas pero creo que es importante que estuvieran. Aunque te arriesgaras a que te dieran un tomatazo por programarla, cuando crees que programarla es importante, que le da otra medida al festival, hay que abrir la cabeza. Hay que programar y dudar porque, a veces claro, también nos equivocamos. Si no arriesgamos cogemos lo que ha ganado en Locarno, por aquí y por allá, lo programamos y así es todo muy cómodo. Pero, para eso no hace falta un programador.

Pero este conflicto crea una división entre buscar al público de la ciudad, que no se mueve y quiere ver lo que ha ganado premios en otros sitios, y la prensa que hay que atraer con cosas que no ha visto. ¿Hacía donde hay que tirar?

EA: Yo intento traer cosas que he visto fuera, unas han tenido premios y otras no, pero que me han parecido interesantes. Obras que han estado en otros sitios pero que el público debería ver. Creo que  en un festival como el IBAFF se puede compaginar, otros de un perfil más alto como pueda ser Sevilla juegan en otra liga. Filmadrid, por ejemplo, ha tenido películas con relevancia pero que no habían pasado por Madrid y que era importante que lo hicieran y, además, tiene su línea de búsqueda propia, que es para lo que están los programadores y el equipo, que complementa todo. Si todo esto se integra dentro de esa visión aperturista de buscar por dónde van los tiros, se puede complementar sin ningún tipo de problemas.

¿Cómo se enlaza esa “otra liga” como es la del Festival de Sevilla con este conflicto?

JE: De forma natural, Sevilla tiene esa cuestión del empujón mediático salvaje y la exigencia de las premieres nacionales y algunas mundiales. Algo que también pasa con Donosti, con Sitges… Son también festivales que llevan un rio que todo luego todos los demás recogen. Es interesante y maravilloso. Es el carácter que cada uno tiene. En Filmadrid, tener como ayudantes de programación a Andrea Morán y Gabriel Doménech es para mí fundamental en cuanto a cómo se abre la visión del festival. Lo sano es que toda esa polarización de miradas del equipo actúe bajo un esquema que tenemos muy claro.

EA: Y las sección paralelas que para esto son fundamentales.

JE: Sí, a mí me parecen especialmente importantes las retrospectivas. En Filmadrid desde el año uno ya hicimos una de Lav Díaz y otra de Jan Soldat. El año pasado llegamos hasta a cuatro. Desde entonces intentamos abrir camino con cineastas sin demasiada distribución en España, concretamente en Madrid. Creo que eso, más allá de las competiciones, es lo que enriquece un festival.

EA: Totalmente de acuerdo.

Comiendo durante el IBAFF, de izquierda a derecha: Andrea Franco, Mireia Mullor, Ana Serret, Milagros Mumenthaler, Belen Unzurrunzaga, Ángel Santos, Eulàlia Iglesias y Carla Andrade.
Críticos, programadores y cineastas comiendo juntos durante el IBAFF, de izquierda a derecha: Andrea Franco, Mireia Mullor, Ana Serret, Milagros Mumenthaler, Belen Unzurrunzaga, Ángel Santos, Eulàlia Iglesias y Carla Andrade. (Fotografía de @festivalibaff)

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