EL JILGUERO

Otra adaptación que no cumple las expectativas

En 2014 la escritora estadounidense Donna Tartt ganaba el premio Pulitzer de literatura a la mejor obra de ficción por su novela The Goldfinch. Años después, Warner Bros., junto con Color Force y Amazon Studios, invierte una gran cantidad de dinero para llevar esta historia a la gran pantalla y cosechar un éxito similar al de la novela. Al igual que el libro, la adaptación cinematográfica hace referencia al cuadro El jilguero (Fabritius, 1654), el cual juega un papel determinante en la historia. El jilguero (The Goldfinch, John Crowley, 2019) tiene como protagonista a un niño que pierde a su madre en una explosión en un museo de la que él sale ileso y con un cuadro bajo el brazo que lo acompañará el resto de su vida. Theo, convencido de ser el culpable de la muerte de su madre, se enfrenta a la soledad y va encontrando su lugar en el mundo mientras carga con la sombra del trauma sufrido. A través de dos líneas temporales en las que Theo es interpretado por dos actores diferentes (Ansel Elgort como adulto y Oakes Fegley de niño), se relata el efecto en la vida del protagonista de la explosión en el museo.

El jilguero - REVISTA MUTACIONES

Tras el accidente que todo lo desencadena, Theo comienza a cruzarse con personas que tienen determinada influencia en él y van dejando su huella. Estos personajes secundarios, a primera vista interesantes, tienen un desarrollo general insuficiente debido al poco tiempo en pantalla que le corresponde a cada uno. El gran nivel del equipo actoral queda desaprovechado en personajes que van y vienen y aportan poco más que continuidad a la historia. Si bien los interpretados por Nicole Kidman y Finn Wolfhard (la Sra. Barbour y el joven Boris respectivamente) no sufren tanto este defecto y consiguen ser trascendentes en la historia, otros personajes como el de Sarah Paulson (Xandra) se quedan en estereotipos sin fondo.

El filme se presenta como un thriller dramático, pero tiene problemas para combinar estos dos géneros. Ambos fracasan por la exageración y la falta de transición o equilibrio, de forma que no se consigue unidad en el filme. A través de una iluminación y fotografía con una constante oscuridad y sombras, y una banda sonora demasiado estridente, el tono del filme se pierde en un intento de retratar el conflicto del protagonista a través de imágenes que se basan en la belleza estética pero que quedan vacías de contenido. Aquí, el peor parado es Ansel Elgort, el Theo adulto, quien se encarga de interpretar las escenas más indigeribles de la película. Sin duda, la parte de la historia que se desarrolla en Las Vegas cuando Theo (Fegley) se muda con su padre reaparecido y conoce a Boris (Finn Wolfhard) es la más disfrutable. Con aspecto de coming-of-age, la película se desentiende un poco del dramatismo empedernido para centrarse en el desarrollo adolescente de Theo y convierte al dúo que forma con Boris en lo más disfrutable de todo el filme.

Después de su visualización, queda en el espectador una sensación amarga y confusa. La historia parece una mezcla extraña aderezada con un elenco lleno de estrellas para llamar la atención del público, pero cuyos personajes pasan desapercibidos en el filme. La falta de tiempo o mejor desarrollo de la historia y personajes pasa factura a esta adaptación de una novela cuyo éxito se encuentra en la reflexión y la percepción de los personajes de sus propias vivencias.


El jilguero (The Goldfinch, Estados Unidos, 2019).

Dirección: John Crowley / Guion: Peter Straughan (Novela: Donna Tartt) / Producción: Nina Jacobson y Brad Simpson / Fotografía: Roger Deakins / Montaje: Elísabet Ronalds / Reparto: Ansel Elgort, Oakes Fegley, Nicole Kidman, Sarah Paulson, Luke Wilson, Jeffrey Wright, Finn Wolfhard.

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