EL ARTE DE VOLVER

Como en casa, ¿en ningún sitio?

El arte de volver es, como su protagonista, una película difícil de comprender. Para empezar, todo tiene un aire falso, como de cuento de un solo día con menos verosimilitud de la que se pretende. Ni siquiera en esos largos paseos que podrían recordar al cine de Richard Linklater se puede vislumbrar un escenario real, una Madrid auténtica como la nocturna de Stockholm (Rodrigo Sorogoyen, 2013) o la diurna del cine de Jonás Trueba. Pero al cabo de un rato es fácil comprender por qué todo parece tan distorsionado, tan artificial como la propia exposición que realiza el personaje de Ingrid García Johnsson en el ecuador del film: es el escenario que quiere ver la protagonista en su vuelta relámpago a Madrid, no algo real.

Macarena García en El arte de volver

Solo desde este prisma se puede entender la ópera prima del realizador madrileño Pedro Collantes, que debutó en la pasada Mostra de Venecia. Como le sucedía al protagonista de La banda (Roberto Bueso, 2019) o a los de Las distancias (Elena Trapé), El arte de volver habla del gran problema del español que vive fuera y regresa al hogar o de alguna manera se reencuentra con su pasado: la desconexión. Noemí (Macarena García) es una chica que ya no se siente tan joven y segura de sí misma en el momento que deja de ser la primera opción para un casting. Ni se siente tan joven ni se siente tan realizada por el hecho de vivir en Nueva York, por eso decide volver después de seis años a “casa”, si es que se le puede llamar así. Y este regreso, como sucede comúnmente en las historias del nostos (ver lo que sucedía de la misma forma en Motherland), le provoca varias cosas. Enfrentarse a la enfermedad de su abuelo, quizá el único personaje realmente empático del film, darse cuenta de que no conoce a su hermana ni su hermana a ella, y que sus amigos ya no la soportan porque, a diferencia de Noemí, ellos sí han sabido pasar página.

El problema de toda esta desconexión es que la película está tan ligada a esa deformada y hasta cierto punto egoísta  visión de Noemí, que impide ver al resto de personajes en su esencia, quedando como caricaturas puntuales en este minirelato de madurez y superación. La escena en la exposición de Ana (Ingrid García Johnsson), aun rozando en todo momento lo patético, es quizá la primera que deja respirar algo los sentimientos que flotan, porque es cuando vemos a Noemí comenzar a despojarse de esa máscara de buenrollismo que tan bien transmite Macarena García. 

Toda esa pose y falsedad se resquebraja en el último encuentro de Noemí, una especie epifanía como si del Señor Scrooge y el fantasma de las navidades futuras se tratara. Y es un encuentro que se produce, precisamente, con otra persona que se siente fuera de lugar y se acaba de reencontrar con su pasado. Un momento de catarsis previsible pero no por ello innecesario, en el que por fin Collantes deja a un lado los juegos de palabras, las ironías y demás elementos entre líneas para mostrarnos a la verdadera Noemí. Un poco tarde para la película, quizá, aunque no tanto para su protagonista en su camino hacia descubrir dónde está su verdadero hogar.


El arte de volver (España, 2020)

Dirección: Pedro Collantes / Guion: Pedro Collantes, Daniel Remón / Producción: Tourmalet Films / Fotografía: Diego Cabezas / Música: Yuri Méndez / Diseño de producción: Lorena Puerto / Montaje: Pedro Collantes / Reparto: Macarena García, Nacho Sánchez, Ingrid García Jonsson, Mireia Oriol, Luka Peros

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