EL ARBOL DE LA SANGRE

Las heridas se ramifican

Con la firme intención de desmembrar el pasado, Marc (Álvaro Cervantes) y Rebeca (Úrsula Corberó) comienzan a escribir un relato sobre todos sus recuerdos bajo dos únicas condiciones; nada de mentiras y nada de política. El objetivo de esta joven pareja es desvelar el misterio que envuelve a su familia para despegar las sombras de su relación. Para ello, se alojan en un caserío que pertenecía a la familia de Marc, liderado por un gran árbol que está lleno de cicatrices que se soliviantan a medida que se hace espacio en el camino de la verdad. Este gran árbol genealógico (simbólico y metafórico) es el epicentro de esta historia que se ramifica en diversas subtramas. El espectador conoce al resto de personajes a través de los protagonistas que narran la trama introduciendo a más de una decena de familiares que serán las piezas clave para la comprensión del argumento. Los padres de ambos están conectados entre sí mediante dos bodas (quizá repletas de sangre) y diversos vínculos personales. El universo medemiano (levemente fantasioso) nos embriaga con su gran contenido de elementos naturales, simbolismos casi lorquianos que aparecen encarnando la pasión, los cuerpos y el sexo (siempre presente en el cine del director). El mar, la luna y animales bravos como toros y vacas aparecen cuando un secreto está apunto de desvelarse, como un torrente que arrasa con todas las emociones de los personajes. Son tantos los saltos de trama en El árbol de la sangre, que a veces es difícil situarse en la cronología de la historia y en la temporalidad de los personajes, ya que cada uno de ellos lleva consigo una herida interna y más de un objetivo que involucra a los demás. Las drogas, el sufrimiento y la oscuridad empañan la historia de una agonía que va in crescendo, hasta que descubrimos la verdad y todo se destensa.

El arbol de la sangre

Son muchos los elementos musicales que destacan en El árbol de la sangre, la composición de Lucas Vidal se hace tangible cada vez que un personaje se sienta frente a un gran piano de cola e interpreta una pieza musical. Al igual que Asier Etxeandia en ma ma (2015), Nawja Nimri endulza la película con su voz semirasgada. Probablemente el personaje interpretado por Nimri, La Maca (madre de Rebeca), sea el más entrañable y uno de los más apoteósicos. Su destacable interpretación se basa en elaborar difícilmente el papel de esta madre esquizofrénica no desde  la obviedad, sino con el miedo y la vulnerabilidad que expresan sus ojos.

La genialidad de Medem nos ha vuelto a sorprender con esta historia de amor que tiene la templanza de Los Amantes del Círculo Polar (1998), el deseo de Lucía y el sexo y la nostalgia de su cine más primigenio como cortometrajista. Es especialista en enredar las relaciones humanas y llevarlas hasta los extremos de punta a punta y es (sin duda alguna) un orfebre en la elaboración de celos, rabia y miedo en sus obras.


El árbol de la sangre (España, 2018)

Dirección: Julio Medem / Guion: Julio Medem / Producción: Arcadia Motion Pictures, Diamond Films España, Galatea Films, Noodles Productions / Música: Lucas Vidal / Montaje: Elena Ruiz / Reparto: Úrsula Corberó, Álvaro Cervantes, Najwa Nimri, Patricia López Arnaiz, María molins, Daniel Grao, Joaquin Furriel, Emilio Gutiérrez Caba, Luisa Gavasa, José María Pou, Ángela Molina.

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