DOSSIER PESADILLA EN ELM STREET (2/4)

Freddy Superstar

 Pesadilla en Elm Street 4: El señor de los sueños (Renny Harlin, 1988)

Pesadilla en Elm Street 2: La venganza de Freddy (1985) llegó a las pantallas de cine solo un año después del estreno del título original. El guión, escrito dentro de New Line, no satisfizo en absoluto a Wes Craven, que rechazó inmediatamente la dirección del proyecto. El elegido fue Jack Sholder. El resultado: una de esas extrañas secuelas aparecidas en los años 70 y 80, como El exorcista 2: El hereje de John Boorman, o el tercer Halloween, cuya continuidad temática y formal con la obra original se quedaban en el título y poco más. Aquí, la endeble unidad se producía al situarse la acción de nuevo en la casa de Nancy, la protagonista del original, habitada por una nueva familia. Pero la atmósfera, el tono y el horror primigenio del trabajo de Wes Craven brillaba por su ausencia. La dirección de Sholder, sumado a un presupuesto algo exiguo, entrega un trabajo tosco y mal acabado, pero cuyo subtexto es más que interesante. Digamos que como entrega de terror y continuación de la saga de Freddy Krueger puede considerarse la peor de toda la franquicia. Pero como ensayo acerca de la homosexualidad reprimida, aunque burda y tosca, es más que interesante.

Jack Sholder no fue consciente del subtexto del guion original, pero sus decisiones de casting, más sus decisiones formales y de puesta en escena no hacen más que reforzarlo. Desde el entrenador del equipo de la escuela y sus escarceos con el BDSM, a la relación y química sexual entre el actor protagonista y su rival/amigo en el equipo de futbol de la escuela, pasando por las dificultades del protagonista para entablar una relación heteronormativa con su supuesto partenaire amoroso femenino reflejan las intenciones del guion original. Un trabajo donde la aparición de un Freddy Krueger que quiere entrar al mundo real a través de Jesse, protagonista y víctima del asesino de los sueños, puede entenderse como el fruto de una mente que no acepta la aparición de un deseo sexual considerado no normativo en la conservadora América de Ronald Reagan, donde el fantasma del sida sobrevolaba la psique de la nación.

Pesadilla en Elm Street 2: La venganza de Freddy (Jack Sholder, 1985)

Pero más allá de consideraciones sociológicas, La venganza de Freddy comete amplios errores en la mitología creada por Craven. En primer lugar, sacarle del entorno de los sueños y convertirle en un asesino más en la larga tradición del slasher -esa escena en la fiesta en la piscina- pero sobre todo el primer paso en la conversión de una figura atemorizante en un maestro de pista circense, en un showman con una verborrea basada en el uso de one-liners a veces algo sonrojantes. Pero entre los aspectos positivos, habría que destacar la llegada de un nuevo maquillador a la saga, Kevin Yaegher, que tras la negativa de David Miller -el maquillador original del personaje- ofreció una nueva interpretación del personaje, más cercana, en palabras del propio creador, a la apariencia de una bruja masculina de rasgos más afilados, que se convertiría en mucho más icónico y representativo del personaje que el de la propia obra original y que Kevin Yaegher iría puliendo y perfeccionando en la tercera y cuarta entrega.

Y aunque esta secuela hizo más dinero en la taquilla que su primera entrega -motivado sobre todo por el éxito del original- el recibimiento del público y la crítica fue mucho menos entusiasta, aunque la crítica europea, gracias a su subtexto de represión homosexual, fue más considerada con la misma y en la actualidad se podría considerar una pieza tan menor como interesante desde el punto de vista sociológico.

Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño (Chuck Russell, 1987)

Para que llegara la tercera entrega tuvieron que pasar un par de años, en concreto, 1987. New Line y Robert Shaye, preocupados por el recibimiento de la secuela, pretendían recuperar aquello que había hecho única a la obra original. Por ello, contactaron con un reacio Wes Craven que les entregó un nuevo guion en el que recuperaba a Nancy. El guion no fue del gusto de la productora debido a que Craven pretendía llevar el concepto de la obra original aún más al extremo. Es ahí donde entrarían a la palestra dos jóvenes guionistas, Frank Darabont y Chuck Russell con una propuesta que se acercaba más al fantástico que al terror. El guion fue aceptado e incluso Chuck Russell, sin experiencia en la dirección, fue el encargado de dirigirla.

Pesadilla en Elm Street 3: Guerreros del sueño, es, quizá, la cinta más influyente de toda la franquicia, incluso más que la obra original. Porque, aunque continuación directa de la cinta original y ejemplo perfecto de lo que tiene que ser una buena secuela -evolución del original, introducción de nuevos elementos sin negar lo contado previamente y presentación de nuevos personajes junto a algunos de los ya existentes- su tono más cercano al fantastique que al horror de la obra original sería lo que acabaría definiendo, pero también destruyendo, la saga en el proceso.

Cierto es que Russell consigue un equilibrio asombroso entre terror y cine fantástico. Consciente de que conseguir el mismo impacto que el original es una tarea imposible, usa los elementos de Craven pero dándoles una pátina de cine de aventuras fantástico y macabro, casi una producción Amblin pasada por el exploitation de William Castle, convirtiéndose en precursor de las fantasías macabras del futuro Tim Burton. Así, Russell se apoya en tres aspectos fundamentales para el éxito de la propuesta: el primero, un inmenso Robert Englund, equilibrado como amenaza y como maestro de ceremonias, en una delgada línea que posteriores entregas no conseguirán emular. Segundo, el revolucionario trabajo de efectos, maquillaje y prostéticos de Kevin Yaegher que convierten al título en el Star Wars -desde el punto de vista técnico- del terror de los 80. Y en tercer lugar, su traspase del terror a la acción, en una extraña pero eficaz propuesta que convirtió a la saga en su propio género, el Freddy Action Horror. Y así, de ese trasvase del horror a la acción, la cinta muda de los entornos industriales y metalizados del original al terror gótico, siendo ejemplo de esta transformación la escena inicial protagonizada por una jovencísima Patricia Arquette. Aunque la secuencia bebe superficialmente en las formas del arranque de la cinta original, va progresivamente haciendo entender al espectador que esta es una secuela que se nutre del espíritu del original pero también una experiencia completamente diferente. Una experiencia que basa su éxito en la mezcla de tonos y estilos, del horror urbano del original, al relato gótico representado con el origen de Krueger, cambiando las fábricas industrializadas por iglesias de imaginería gótica y el horror de lo desconocido y lo inmaterial por la aventura de rol heredera del Dungeons and Dragons de Gary Gigax con elevados toques de un excesivo gore macabro y juguetón.

Pesadilla en Elm Street 4: El señor de los sueños (Renny Harlin, 1988)

El resultado, un éxito monumental del verano de 1987 que refrendó a Freddy Krueger como icono de la cultura de masas, sacando a la saga del nicho del slasher per se y llevándola a un público más amplio gracias a su equilibrado mash up de géneros. Un híbrido más que interesante que transformó tanto a la franquicia como al propio género. El problema, que New Line no supo entender el porqué del éxito de la propuesta, el endeble equilibrio en el que se movía el título y lo difícil que era llevar la saga un paso más sin caer en el ridículo.

Cegados por el éxito de la tercera entrega, New Line puso fecha de estreno a la cuarta parte de la franquicia para el año siguiente sin tener un guion terminado. A ello se le sumó la huelga de guionistas que asoló a la industria. Por lo que lo único que les quedaba era una figura del mass media como Freddy Krueger y un nuevo director sueco que quería abrirse paso en la industria, Renny Harlin. De esa combinación surgió Pesadilla en Elm Street 4: El señor de los sueños (1988). El resultado, una cinta donde el guion escrito y re-escrito sobre la marcha y la falta de tiempo de producción es palpable en cada minuto del metraje. La endeble propuesta se salva por el arrojo y poderío visual de un esteta como Renny Harlin que a través de tiros de cámara imposibles y el culmen del trabajo técnico de Kevin Yaegher, más la entrada del estudio KNB da como resultado algunas de las escenas más emblemáticas desde el punto de vista técnico y de casquería, pero también más ridículas de la saga.

Para entender el resultado final de esta entrega hay que entender también quién y qué era Freddy Krueger en la cultura popular. De asesino y abusador de niños en sus orígenes, a disfraz y personaje que tocaba todos y cada uno de los estratos de la sociedad, tanto de edad como de condición social. Es difícil provocar el terror con un personaje que es adorado hasta por niños de tierna edad. Tanto es así que la manera que tiene de representar Harlin a Freddy es la de un héroe del oeste -ese plano contrapicado para presentarle tras su resurrección que emula al Gary Cooper de Solo ante el peligro– o incluso un precursor del antihéroe del cómic contemporáneo a este título, ya sea Venom, El castigador o los futuros Spawn o Youngblood del sello Image Comics. Y es que en el fondo, Renny Harlin es al cine lo que Todd McFarlane o Rob Liefeld al mundo del cómic. Todo estilo -atronador, efectista y escasamente narrativo- pero nada de sustancia. Por lo que más allá de escenas formal y estéticamente atractivas -la sala de cine y su uso de la pantalla 2D para introducir a Alice, la nueva heroína del serial, en el mundo de las pesadillas o la superheróica batalla de la secuencia final dentro de la iglesia gótica con ecos de las portadas de los LP de grupos de heavy metal– poco más se puede decir de un título que se hundía ya en el humor grueso y pretendidamente provocador, con una atmósfera de videoclip que ya nada se parecía a la pesadilla pegajosa y del subconsciente del original de Craven. Con todo ello, la cinta se convirtió en un éxito aun mayor que sus tres precedentes. Es lo que tiene haberse convertido en un ídolo de masas.


Pesadilla en Elm Street 2: La venganza de Freddy (A Nightmare on Elm Street 2: Freddy’s Revenge, EEUU, 1985)

Dirección: Jack Sholder Guion: David Chaskin Producción: Robert Shaye  / Música: Christopher Young / Fotografía: Jacques Haitkin, Christopher Tufty / Montaje: Bob Brady, Arline Garson / Reparto: Mark Patton, Kim Myers, Robert Rusler, Marshall Bell, Robert Englund

Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño (A Nightmare on Elm Street 3: Dream Warriors, EEUU, 1987)

Dirección: Chuck Russell Guion: Wes Craven, Bruce Wagner, Chuck Russell, Frank Darabont Producción: Robert Shaye  / Música: Angelo Badalamenti / Fotografía: Roy H. Wagner / Montaje: Terry Stokes, Chuck Weiss / Reparto: Heather Langenkamp, Craig Wasson, Patricia Arquette, Robert Englund, Ken Sagoes, Rodney Eastman

Pesadilla en Elm Street 4: El señor de los sueños (A Nightmare on Elm Street 4: The Dream Master, EEUU, 1988)

Dirección: Renny Harlin Guion: Brian Helgeland, Jim Wheat, Ken Wheat Producción: Robert Shaye, Rachel Talalay  / Música: Craig Safan / Fotografía: Steven Fierberg / Montaje: Michael N. Knue, Jack Tucker, Chris Weiss / Reparto: Robert Englund, Lisa Wilcox, Rodney Eastman, Tuesday Knight, Andras Jones, Danny Hassel, Ken Sagoes, Brooke Theiss

 


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