DIVINO AMOR

Acto de fe

La llegada al gobierno de Brasil de Jair Bolsonaro ha condicionado las preocupaciones artísticas del país carioca. Las declaraciones de su presidente hacia una sociedad más militarizada, las constantes alusiones al presidente Trump o su permanente referencia a Dios como protector de sus decisiones han constituido un terremoto que ha afectado a la manera en la que los cineastas proyectan el futuro de su país. La política nacional, la globalización y la fe han sido los puntos de partida para reflexionar.

Este mismo año, Bacurau (Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles, 2019) imaginaba el declive político y moral de Brasil en un futuro cercano, cuando los habitantes de un pequeño pueblo se defendían con cuchillos de la invasión de unos turistas estadounidenses equipados con drones y armas de fuego. La amenaza al pueblo provenía de los Estados Unidos y la gestionaba un desalmado alemán junto con un gobernante populista brasileño que se encargaba de entregar libros, medicinas y ataúdes a la población antes de las elecciones. Bacurau imponía una visión un tanto gruesa de la frontera entre el interior (Brasil) y el exterior (la amenaza del imperio), (lo popular y lo moderno) para instaurar un juego de identificación con el espectador que le servía para armar un discurso sobre el presente de Brasil.

En Divino amor (Gabriel Mascaro, 2019) se produce otro juego de identificación, en este caso basado en las creencias y la fe. Sin embargo, mientras que el discurso de la película de Mendonça Filho y Dornelles pretendía dignificar la tradición popular, la película de Mascaro apunta hacia la modernidad para dinamitar las nuevas doctrinas religiosas. Ambas películas tienen un halo pesimista sobre las consecuencias de las políticas actuales, pero ambas guardan espacio para la esperanza: en forma de unidad popular en Bacurau, y con el advenimiento de un nuevo Mesías en Divino amor.

Divino amor - Revista mutaciones

Divino amor se ambienta en 2027, en un Brasil en el que la fe se vive fervorosamente tanto en macrodiscotecas como en intercambios de pareja que operan dentro de la iglesia del Divino amor bajo el marco de una sociedad tecnológica que dispone de arcos de seguridad que detectan el estado de gestación de las mujeres. Joana y Danilo forman un matrimonio que vive en armonía con la palabra divina del señor y bajo la esperanza de que Dios conceda descendencia a su unión. A pesar de su fe, Joana y Danilo recurren a cualquier artilugio tecnológico que pueda favorecer el embarazo: una extraña máquina que asegura mejorar la fertilidad sostiene a Danilo en posición invertida a la par que una lámpara proyecta rayos rojizos sobre su pene. Su fe en la palabra de Dios ordena toda su vida. Así, Joana, que trabaja como empleada pública, se toma las licencias de interceder en los trámites de divorcio que gestiona para convencer a las parejas de que mantengan su estado conyugal. Sin embargo, sus vidas dan un giro cuando Joana, al descubrir que está embarazada, no consigue que el sistema informático nacional identifique quien es el padre.

El amor y la fe se traducen en la película de Mascaro mediante una paleta de colores en la que predomina el color purpura y violeta, un abuso del neón y de los destellos que transmite el resplandor celestial con que vive Joana su relación con Dios y una música electrónica que predispone desde el comienzo para entrar en el juego de una futura religiosidad en el que la forma ha cambiado completamente y el fondo sigue igual de vacío. La puesta en escena es totalmente consecuente con el objetivo que se impone Mascaro. Una puesta en escena que se contrapone con las visiones más naturalistas y de ambientación rural de sus anteriores ficciones Vientos de agosto (2014) y Boi neon (2015).

La sensación de extrañeza que rodea a la película es plausible desde el comienzo, cuando una voz en off dice: “Era 2027, Brasil había cambiado. La fiesta más importante de Brasil no era más el carnaval, era la fiesta de amor supremo. La redención del cuerpo, el sentimiento más puro, la jura de amor eterno, la larga espera del regreso del Mesías”. La llegada del ser mesiánico queda presente desde el comienzo y es a esa esperanza a la que se aferra Mascaro para imaginar el futuro de Brasil.

 

Divino amor (Brasil, 2019)

Dirección: Gabriel Mascaro / Guion: Esdras Bezerra, Rachel Ellis, Gabriel Mascaro, Lucas Paraizo / Reparto: Dira Paes, Júlio Machado, Emílio de Melo, Teca Pereira, Mariana Nunes, Thalita Carauta / Producción: Desvia / Malbicho Cine / Snowglobe Films / Bord Cadre Films / Fotografía: Diego García / Montaje: George Cragg, Fernando Epstein, Lívia Serpa, Eduardo Serrano / Música: Juan Campodónico, DJ Dolores, Santiago Marrero, Cláudio N., Otavio Santos / Diseño de producción: Thales Junqueira

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