DESTROYER

Discurso de género con neo-noir de fondo

 

La carrera de la cineasta Karyn Kusama ha sido tan ecléctica en su elección de géneros como irregular en sus resultados globales. Solo hace falta recordar Aeon Flux (2005) -su versión de la serie de animación producida por la MTV con influencia anime- o su colaboración con la guionista Diablo Cody, Jennifer’s Body (2009), que fue lapidada en el momento de su estreno (aunque reevaluada en los últimos años), con su peculiar fusión de comedia, terror y manifiesto feminista. En el otro lado de la balanza tenemos trabajos tan estimables como su ópera prima, titulada Girl Fight (2000), o el que quizá sea su trabajo más laureado, La invitación (2015), irregular pero interesante artefacto donde en la subversión de los códigos del sub-género home invasion y en su inteligente uso tanto del espacio cerrado como de la comedia negra ya tanteada en la mencionada Jennifer’s Body, encontraba sus mejores bazas.

Pero si hay algo (exceptuando curiosamente La invitación) que une una obra en apariencia dispersa es la preponderancia del protagonismo femenino y el análisis tanto de la figura de la mujer como de su lugar estereotipado en el cine de género made in Hollywood. Y quizás no había encontrado una plataforma y un trabajo tan logrado como Destroyer (2018), un thriller policial protagonizado por una intensa y poderosa Nicole Kidman, que oscila entre el relato detectivesco/noir con propensión al hard boiled, y heredero tanto de los falibles y corruptibles anti-héroes de las novelas de James Ellroy como sobre todo de Angel Dare, la anti-heroína poderosa y carismática de la dupla conformada por Money Shot (2008) y Choke Hold (2011), dos novelas de Christa Faust, una las escritoras imprescindibles del neo-noir contemporáneo.

A partir de una atmósfera cruda, orgánica y purulenta, donde la degradación moral del relato y sus personajes toma forma física en los entornos en los que estos representan el drama, la puesta en escena se centra en dos aspectos fundamentales. Por un lado, el punto de vista único del relato a partir de la mirada de Nicole Kidman, que sirve para conformar la estructura narrativa de la obra a partir de una elipsis total, que provoca una reinterpretación global de lo observado a lo largo de la proyección. Por otro, un planteamiento formal basado en el plano general de amplísima profundidad de campo, que sirve para reflejar tanto la distancia emocional como profesional del personaje interpretado por Kidman, y en unos primeros planos que sirven para intentar adentrarse en la mente fracturada e inexpugnable de la protagonista Erin Bell. Todo esto reforzado por una interpretación basada en una mirada intensa y vaciada de vida, que es ojos y espejo del relato.

Con todos estos elementos Karyn Kusama construye tanto su poderoso discurso como los mejores momentos del filme. Colocando los códigos y las situaciones del noir clásico y del propio neo-noir encima de la mesa, la directora de Aeon Flux entrega un afilado e inteligente alegato feminista, rompiendo las convenciones del relato noir, así como el pacto tácito y silencioso que existe entre este y sus seguidores. Todo ello a través de resoluciones inesperadas, donde la resolución convencional de las escenas clásicas y previsibles del género se dan la vuelta e invierten. Estas decisiones arriesgadas le sirven para demostrar los prejuicios sociales y culturales intrínsecos tanto por la decisión de feminizar  el sexo de un personaje protagonista habitualmente masculino, como  por la de romper las convenciones del género y las expectativas de sus fans. En su contra, y al igual que en La invitación, Karyn Kusama abusa quizá de los giros argumentales del relato. Una lástima, ya que la cinta, apoyada en un inteligente discurso de género, su tono y en gran medida en la intensa interpretación de Kidman, no necesitaba de efectismos estructurales y argumentales para entregar un trabajo ya de por si más que notable, que quizá se vea levemente afectado por la tendencia al golpe en la mesa y a la trampa inmediata del cine de la directora.


Destroyer: Una mujer herida (Destroyer, EEUU, 2018)

Dirección: Karyn Kusama Guion: Phil Hay, Matt Manfredi Producción: Fred Berger / Música: Theodore Shapiro / Fotografía: Julie Kirkwood / Montaje: Plummy Tucker / Diseño de producción: Kay Lee / Reparto: Nicole Kidman, Toby Kebbell, Tatiana Maslany, Sebastian Stan, Scoot Mcnairy, Bradley Whitford, Toby Huss, James Jordan, Beau Knapp

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