ENTREVISTA A MARINA LAMEIRO Y GORKA URBIZU (DARDARA)

“Un concierto no se puede sustituir por nada”

Vienen de mundos distintos, aunque en realidad vinieran juntos desde Pamplona para hacer la promoción de rigor en Madrid antes de estrenar en cines Dardara (2021). Durante la entrevista se palpa entre ambos esa incertidumbre e impaciencia por el estreno, deseosos por conocer la reacción del público, también temiéndola, pero en cuanto comienzan a hablar afloran los puntos en común y la complicidad. Entre el músico Gorka Urbizu y la directora Marina Lameiro prevalece esa idea de hacer una película que rompiera todas las expectativas, tanto las de los seguidores del grupo como las de la propia cineasta, que tras su debut con Young & Beautiful (2018) se enfrenta a un reto, el encargo de documentar la gira de despedida de Berri Txarrak.

«Orekak ez du balio lurrean zaudenean, orekak ez du balio aspaldi jausi zarenean» («El equilibrio no sirve de nada cuando estás en el suelo, el equilibrio no sirve de nada cuando hace mucho que has caído»), canta Gorka en uno de los temas que suenan en Dardara. Esa renuncia al equilibrio, a lo preestablecido, hace que este no sea un documental musical al uso. En un giro copernicano, Marina Lameiro se baja del escenario y sitúa su cámara entre el público. Filma las canciones a través de sus rostros y da cuenta de la trascendencia de Berri Txarrak no por el número de discos ni de entradas vendidas, no por los éxitos a lo largo de 25 años de trayectoria, sino por el impacto que han producido entre sus seguidores. Por la conexión con una serie de personas a las que sigue mediante un estilo observacional que remite más a La leyenda del tiempo (Isaki Lacuesta, 2006) que a cualquier otro concierto filmado que nos venga a la cabeza.

No en vano, antes de apagar la grabadora, Marina Lameiro reconoce que Isaki Lacuesta fue un referente para ella por su forma de introducir componentes de ficción dentro de lo que entendemos por documental. E insiste la importancia de la labor de Diana Toucedo, montadora pero a su vez guionista, en cierto modo, de Dardara. ¿Y cómo se escribe un punto y final? Sobre esa incógnita, la que abre Gorka Urbizu con su decisión de parar Berri Txarrak y la que continúa Marina con su película, conversamos a continuación.

Marina Lameiro y Gorka Urbizu en Dardara (2021)
Marina Lameiro y Gorka Urbizu

Marina, desde un punto de vista personal, aparte de que probablemente Berri Txarrak fuera un grupo muy importante en tu adolescencia, cuando te propusieron el proyecto de Dardara, ¿qué te atrajo de Berri Txarrak? Y vosotros, ¿qué visteis en Marina para confiar en ella? 

Marina Lameiro: Más que centrarme en el grupo, al principio la idea para Dardara era que ellos casi ni salieran. Pero a mí lo que me cautivó de esta oportunidad, aparte de acompañarlos, de estar en una gira y tal, cinematográficamente hablando, sucedió en el primer concierto al que fui, en Lekunberri. Fue la primera vez que en lugar de ver un concierto me fijé en las reacciones de las personas. Verlos vivir el concierto, cantar y emocionarse. Eso me cautivó por completo.

Gorka Urbizu: Después de presentar la gira de despedida se preveía que los sentimientos iban a estar a flor de piel. Y alguien dijo, “hostia, dentro de todo el marrón que tenéis molaría documentar la última gira y que quede constancia de lo que va a ocurrir en el siguiente año”. Desde un primer momento no queríamos sacar el típico DVD de un directo al uso, sino ser más creativos, con miras en el cine. Algo que no solo pudiera gustar a quien siguiera a Berri Txarrak. Queríamos crear una obra que se mantuviera por sí sola, que no fuera simplemente la última gira de Berri Txarrak.

Llegamos a Marina por una recomendación. Para nosotros lo importante era contar con alguien que estuviera empezando, que no tuviera un estilo demasiado marcado. Me gustaba también esa incógnita de qué podía suceder. Veníamos de dos mundos bastante distintos y ya solo la premisa de no hacer un docu al uso podía dar resultados interesantes.

Sobre la idea de llegar a otro público diría que esa transmisión también está presente en la propia película, en Dardara, en cómo las canciones pueden llegar a rincones insospechados del planeta. Dardara responde al fin de una etapa, pero al mismo tiempo abre otro camino. El grupo, pese a dejar de estar en activo, va a seguir vivo de muchas otras formas, esta es una de ellas.

M: Eso estaba en la idea inicial, para mí lo más importante era que Dardara no fuera el making of de la gira. Era importante que Dardara no se quedase ahí porque si no al final solo iba a llegar a los fans, que es un público muy importante, que me produce mucho respeto y que es al que más temo, por decirlo así. Pero quería que en la película hubiera exploración, que hablara de otras cosas. Que Berri Txarrak y esta gira fueran el telón de fondo.

En mi opinión un concierto no se puede sustituir por nada, por lo que me preguntaba cuál era la mejor manera de grabar cada directo para que fuera un retrato fiel de esa experiencia. Para mí lo interesante era intentar ver a través del rostro de una persona. Que sea el espejo de lo que está viendo en el escenario. Que tú no veas eso pero que lo sepas a través de esa emoción que te da esa persona. Y luego me importaba que los temas de Dardara no se quedaran en el grupo, sino que tuvieran algo universal. Que tú, seas quien seas, sientas que esta película habla de ti también.

Gorka, parece como si las letras de las canciones que suenan en Dardara anticiparan el momento vital en el que te encontrabas. A lo largo de vuestra carrera ya meditabas sobre los peligros del éxito, te hacías esa serie de preguntas…

G: Es lo curioso que ocurre con las letras, sobre todo si son letras que las tiene que terminar el oyente. Siempre pongo el ejemplo de que yo soy el que pone las piedras en el río, pero eres tú el que tienes que saltar a la otra orilla. Las letras son algo abierto, una canción no acaba cuando la grabas, luego tiene que hacer un recorrido que a lo mejor es muy distinto, eso es lo bonito. En Dardara se ve por ejemplo con “Zertaraku amestu”. Recuerdo mucho cómo surgió esa canción. Ver que una mujer se emociona tantísimo con algo que has escrito, una canción que dura un minuto, es el mayor privilegio que te puede pasar.

Y entiendo lo que dices, porque hay canciones en las que hay mucha duda, hay bastante fragilidad. Sobre todo comparado con el muro sónico que siempre tenemos detrás. Pero si rascas un poco, detrás de esa distorsión hay letras más introspectivas y de mucha duda. Ahora todo toma otro cariz, ¿no? Ves que el grupo se va a parar e incluso con letras a las que antes no les habías sacado ese jugo, empiezas a atar cabos. Y bueno, también es fácil caer en interpretaciones, no erróneas, porque para mí todas son válidas, pero sí es verdad que existe la duda. Tenemos muchas canciones sobre el mundo de la música, sobre la creatividad, sobre qué significa estar en la carretera, el éxito o a qué llamamos éxito. Y creo que Marina ha hecho una selección de letras que ayudan muy bien al hilo narrativo de Dardara.

Gorka Urbizu

¿La selección de canciones para Dardara la tuvisteis muy en cuenta durante el montaje?

M: Sí, con Diana Toucedo trabajé en dos momentos. Uno fue a la mitad de la gira. Nos reunimos para trabajar dos días y ella no conocía nada de la banda, por lo que tuve que hacerle un resumen rápido. De un día para otro clasificamos las canciones de Berri Txarrak en tres niveles. Uno era más existencial, otro más político y luego había algunas de identidad, no recuerdo bien cómo era. También había de amor, pero esas las dejamos fuera (risas).

Ese fue un momento en el que pude parar a pensar. Hasta entonces todo lo que había hecho era seguir la vorágine de la gira. Después de ver el material, sabiendo mejor cómo eran los conciertos, porque igual yo no había ido a un concierto de Berri Txarrak desde los 16 años, con ese bagaje hice una lista de canciones del repertorio que solían tocar. Creo que solo había alguna que no habían tocado. Se la pasé, las miramos y luego de esa lista tenía que encontrar las canciones entre el material, que hubiera algo interesante. Ya fuera porque estaba bien grabado el grupo, porque había algo que enganchase o porque alguno de los fans se emocionaba. Cada concierto duraba dos horas de media y no todo el material puede ser bueno. Teniendo eso en cuenta, era un trabajo de destilar, de extraer de cada canción aquello con lo que construir el discurso de Dardara.

Esto me lleva a la estructura de la narración, el seguimiento a una serie de personas que tienen una relación muy especial con el grupo. De la gira mundial a la intimidad de las casas, tratas de encontrar esa cercanía, ese vínculo, para que esas canciones que hablaban de Gorka también hablen por ellas. ¿Cómo fuiste hilando todas estas historias?

M: Fue un trabajo muy de poco a poco. Para Dardara yo tenía hitos en la película de diferente tipo. Para mí uno, el más gordo, era el momento de la fan japonesa. Sabía que toda la película tenía que construirse para llegar a ese momento. Es EL momento. Todo fue un trabajo de tejer, también con la ayuda de Diana. Yo fui avanzando hasta que llegué a un punto en el que no podía más, estaba muy apegada a cómo habían sucedido las cosas y ahí entró ella a montarla. A nivel de grabación tenía claro que aunque fueran pocos los momentos que pudiéramos compartir con estos fans, debían tener profundidad. Quería alejarme totalmente de otras películas que he visto, que van a las colas de los conciertos y buscan al más friki. Y también alejarme de tratar al fan como una masa loca. Quería buscar al final lo humano. Tú puedes tener pasión por una banda o por otra cosa, pero la pasión es un sentimiento muy humano con el que cualquier persona puede conectar.

Es verdad que el término fan se suele utilizar de forma peyorativa, pero aquí es al contrario. De hecho, no pienso en ese concepto que tenemos de fan, sino en personas que están conectando con un grupo que forma parte de su vida. Además, con solo unas pocas escenas los cuidas como si fueran personajes de ficción. Incluso el propio Gorka podría ser otro personaje más.

M: Sí, para mí lo importante es que nadie pensara que esa persona estaba loca. Aunque luego te encuentras con testimonios impresionantes. Xabi, el chico que se tatúa, me dijo que estaba vivo gracias a Berri Txarrak, que es una cosa fuerte de decir. Pero tampoco quería construirlo desde ese lugar. El grupo es una dimensión de su vida, pero tienen muchas otras. Por eso para mí también era importante dignificar la palabra fan.

Dardara (Marina Lameiro, 2021)

Hablabas del primer plano de la fan japonesa, que es uno de los grandes hallazgos formales de tu propuesta, en la que juegas mucho con los planos largos. Pero hay otro plano maravilloso que es el de la madre y la hija en la cama, en el que se preguntan por la herida interior. No sé cómo surge algo así, porque habitualmente ni en las ficciones encuentro diálogos tan bellos. Y menos que parezcan algo natural.

M: Pues tiene un poco de truco, no sé si debería contarlo o no. Esta secuencia en realidad la grabó Maddi Barber (592 metroz goiti, Urpean lurra, Gorria). Yo estaba confinada con COVID, la tuvo que hacer ella. Y le pedí que la niña preguntara eso a su madre. Ese tipo de pregunta no le surge a Jare, no es algo espontáneo, pero la contestación de su madre en cambio es la que le daría si le hubiera preguntado eso. Es una respuesta real a una pregunta provocada. Pero yo aquí me acojo a lo que aprendí de Marcel Lozinski, que fue mi profesor en el Máster de Documental de Creación de la UPF. Él hablaba del concepto de densificar la realidad. Es decir, que si tú estás durante un tiempo esperando a que algo suceda y sabes que podría suceder, es lícito provocarlo. Yo no sé si Jare haría esta pregunta, pero quería mostrar esta forma de aprender a entender el mundo a través de la música, a través de un grupo que te gusta.

Además, y esto es la primera vez que lo cuento, aunque ella no se hiciera esa pregunta, yo sí me la hacía. Recuerdo un momento en mi niñez, algo más mayor, en el que mi madre estaba hablando con una amiga de “heridas internas”, que son más difíciles de curar. Y yo me acuerdo de estar pensando en las heridas internas, visualizando una herida dentro del cuerpo y preguntándome por qué era más difícil de curar. Con los años entendí que hablaban de otro tipo de heridas, pero no sé por qué, se me quedó muy grabado ese momento de mi vida.

Todo esto me lleva a pensar que en Dardara has logrado continuar esa forma tan íntima de entender el cine que desarrollaste en Young & Beautiful. Y por qué no, me hace ver a Gorka como uno de aquellos jóvenes que se asomaban a la incertidumbre. ¿Te has sentido viendo Dardara como un personaje de ficción? ¿Has descubierto algo de ti que no sabías? ¿Has respondido algunas de tus preguntas?

G: Hostia (risas). En principio la idea era que nosotros no salíamos, éramos la excusa para poder entrar en las vidas del resto de personas. A mí se me hace muy duro verme. Necesito un poco de tiempo. Tengo mucha relación de amor-odio con cualquier vídeo mío, de Berri o lo que sea. Pero bueno, creo que sí aparece la idea de que al final la creatividad es algo que fluye. Como tú decías, esto es el final de una etapa, pero significa el comienzo de algo nuevo. Y ahora estoy en ese momento, tan jodido y a la vez interesante, que es la adrenalina de enfrentarte al folio en blanco, siguiendo ese espíritu de que mis mejores canciones están por llegar.

Para mí Berri siempre será mi proyecto vital dentro de la música. Y a pesar de haber dado la vuelta al mundo con la banda, algo de lo que estoy muy orgulloso, ahora creo que necesito quitarme esa mochila del… no sé si llamarlo éxito o cómo. Necesito empezar una nueva etapa, una reinvención. De alguna manera sentía que todo esto ya lo he vivido. Y engancha mucho, podríamos seguir con esta inercia otros 25 años y probablemente sería lo más fácil, pero creo que había que pulsar el pause y enfrentarse al futuro.

Es muy valiente esa decisión. Y también lo es hacer una película en la que no se glorifica vuestra trayectoria, no se hace un recorrido por vuestros éxitos. Aunque sí hay algunos apuntes, momentos que nos dan la perspectiva de que al final lo que deja la música son estas conexiones, estas relaciones.

G: Sí, eso es lo que te queda al final cuando termina.

Dardara (Marina Lameiro, 2021)

Habladme precisamente de este fotógrafo japonés. Imagino que la forma de conocerle fue a través de la banda. Es alguien que transmite algo muy zen, relacionado con la cultura japonesa, en contraste con vuestra música.

M: Koichi era un viejo conocido del grupo. Antes de viajar a Japón era la persona a la que teníamos pensado grabar.

G: Sí, porque encima es un musicófilo brutal.

M: A cada persona le hacía al final del rodaje una entrevista en audio, solo la voz. No quería vídeo porque mi idea era ni siquiera usarlo. Y de hecho, no lo he usado. Pero fue una recomendación que me hicieron desde la productora de Dardara, desde Arena Comunicación, que siempre han estado todo el tiempo detrás. Un: por si acaso, por tener una entrevista más en profundidad. Y es verdad que salían cosas que eran muy reveladoras. Koichi nos contó que una vez se iba a suicidar, pero una canción que escuchó justo antes de suicidarse le hizo cambiar de opinión.

G: Muy japo todo. (risas)

M: Es un señor mayor, súper melómano, que nos dijo que se fue con 18 años de Japón a Inglaterra, a vivir a lo hippy y tal. Es una persona bastante curiosa. Y la relación con él también lo fue. Le conocimos y nos fuimos de viaje juntos porque pinchaba en Niigata. Allí grabamos varias cosas, la mayoría se han quedado fuera del montaje. Pero estuvo bien, porque al final es una película en la que pasas todo el tiempo con gente más joven, por lo que de repente tener la perspectiva de una persona mayor, desde otro ángulo y en otro momento vital, también fue inspirador. Luego aunque es cierto que transmite esta serenidad de la que hablas, diría que fue algo más de montaje. Porque sí que tiene esta cosa japonesa, pero derrochaba vitalidad, se pegaba unas borracheras bastante serias (risas). Yo al rodar le decía que caminara por aquí, que se sentara, pero por ejemplo el momento de sentarse y comenzar a silbar a los pájaros es completamente suyo.

G: Nos tenía mucho respeto a Berri. A él le gustan otro tipo de sonidos, se le ve editando con otro tipo de música que a él le gusta más, aunque controla de todo. Pero siempre nos respetaba porque aunque no entendía nada del idioma y no era su estilo favorito, percibía una energía en el escenario que le hacía sentir que estaba allí. Pues eso, el poder de la música. Me gusta mucho la jugada que ha hecho Marina con las fotos. Me parece muy inteligente. Te llegas a emocionar y ves el poder del directo, del rock, pero a través de unas fotos estáticas, que se están editando encima. Ha quedado muy guay.

M: Lo de las fotos surge porque, a la vez que yo seguía la gira, también iban dos fotógrafos, Ibai Arreta y Eider Iturriaga Testuak. Cuando veía sus fotos echaba de menos tener esas imágenes. Capturar el fotón, el momento. En un instante puedes proyectar todo, pero ese mismo instante cuando le das tiempo se diluye, porque no tiene esa energía. Me gustaba este momento con Koichi para tener la oportunidad de ver todo lo que no has visto en la película. Todos esos momentos más explosivos. Y luego respeto a sus gustos, le preguntamos qué música escuchaba y él todo el tiempo decía que le gustaba la buena música, que le da igual el género. Le gusta la buena música y por eso le gusta Berri Txarrak.

Hablando del idioma, vuestra decisión de cantar en euskera es un tema presente en Dardara. Gorka lanza ese mensaje de ser oyentes activos. Supongo que al final uno no se lo cuestiona, pero en el fondo es una decisión política.

G: En realidad siempre le hemos quitado hierro porque es mi lengua madre. Cuando teníamos 14 años y empezamos a flipar con el rock ya había una escena cantando en euskera. Esa labor de ruptura la hicieron generaciones anteriores y siempre creo que hay que reivindicarlas. Nosotros queríamos formar parte de esa escena. Es verdad que una vez que decides cantar en un idioma minoritario entras directamente a la resistencia y a tener que responder esto toda tu puta vida, como si tuvieras que justificar por qué estás cantando en tu idioma. Queda todavía mucha labor de pedagogía con eso. Y, bueno, obviamente partes desde ahí. El último disco se llama Infrasoinuak (Infrasonidos), por el hecho de ver las cosas desde abajo de alguna manera. Y eso al final tiene su efecto también, lo condiciona todo. Pero yo no le veo más mérito que ese, estás cantando en tu idioma y ya está. Sigue habiendo mucho prejuicio, para muchos es como cerrarse puertas. Para mí significa todo lo contrario.

También hablas de la fuerza que dan los directos, que son un motivo por el que seguir. Y eso es algo que transmite la cámara de Marina. Persigue más la emoción que esa realización clásica del documental musical, que continúa vigente desde The Last Waltz de Scorsese hasta hoy. ¿Cómo fue la planificación de los conciertos en el Navarra Arena?

M: Yo tampoco soy muy fan de los documentales musicales, aunque vi algunos. Para mí, si el plano no aporta algo o no me transmite energía, no me sirve. De hecho, no acabé la peli de Scorsese, no me transmitía nada. Estoy viendo a esta gente y las imágenes me gustan, pero luego me cortas el rollo con esas entrevistas… Yo no quería hacer eso en Dardara. La película de Talking Heads, que se supone que es el mejor directo, está muy guay, pero tampoco me provoca nada. Sin embargo, viendo A Spell To Ward Off the Darkness, de Ben Rivers y Ben Russell, durante el concierto de death metal estaba en la sala alucinando. Yo tengo otros referentes, como el corto Ten Minutes Older. Referentes que a mí me hacen vibrar, no las típicas imágenes de concierto en las que la experiencia no se puede sustituir.

Respecto a la preparación para Dardara, fue poco a poco, viendo conciertos, investigando. El descubrimiento de grabar a la gente y sus reacciones me encantaba y comencé a aplicarlo también a la banda. Intentaba hacer planos super cércanos tirando de teleobjetivo. Algo que también dependía de lo grande que fuera el escenario. El que más me gusta es el concierto de México, porque estaba muy pegada. Sin embargo en el Resurrection o en el concierto del Kobetamendi estaba muy lejos. Y esa fue la aproximación. En este concierto del Kobetamendi me interesaba mucho darle la vuelta, no fijarme solo en la primera fila, en la banda. Me preguntaba qué pasaba cuando veías un concierto desde atrás. ¿Desde atrás habrá esa pasión? Porque Jare, la niña, insistió mucho en que quería ir a primera fila, pero su madre le dijo que no podía.

G: No puedes ir a primera fila, ni podrás nunca. (risas)

M: Y luego lo del Navarra Arena fue diferente porque eran los últimos conciertos. Sabíamos que no la podíamos cagar porque no iba a haber después otros, esto era el final. Ahí sí que había más producción, desde Arena Comunicación se encargaron. Pablo Iraburu, que es el productor, me preguntaba cómo quería rodar los conciertos, me ofrecía todos los medios que quisiera. Y yo no sabía que responderle porque tampoco estoy acostumbrada a rodar con tantos medios. Así que lo que pensé fue, vale, voy a hacer lo que yo haría si me pudiera dividir en cuatro personas, para así seguir a todos los fans que quería grabar.

Yo suelo tender más a grabar a Gorka, así que me centré en él. Migueltxo Molina estaba grabando a Galder. Maddi un día siguió a Xabier Erkizia y Tamara Iglesias, que estaban grabando sonidos. Cosas así muy locas que es una pena no hayan entrado en Dardara. Al día siguiente ella estuvo con Pauline y Oihane. Y luego Álvaro García creo que el primer día graba a Jare y a Ziortza, la madre y la niña. Y el segundo graba imágenes del público, más de registro del lugar. Y ahí sí que fue genial poder tener material para editar, porque en los demás conciertos estoy yo sola grabando con una cámara. Montarlo luego es complicado.

Me encantaría escuchar lo que grabaron Erkizia y Tamara Iglesias, de ahí podría salir otra película.

M: Sí, querían hacer un disco. El concierto desde el subsuelo, desde el baño de no sé dónde…

G: Desde el parking. (risas)

Recapitulando, diría que hay dos grandes hallazgos en la aportación de Dardara al documental musical. Primero, por supuesto, el plano de la fan japonesa. La cantidad de emociones que atraviesan su rostro es algo impresionante. Y luego el montaje de Oreka, porque aquí es la canción la que se transforma. Primero la tocan unos fans en México, después Berri en el Kobetamendi y por último en la sala de ensayo.

M: Me gustaba la idea de empezar con el grupo de Juan, el grupo que les versiona. Debo decir que nos mintieron. Los conocimos unos días antes en el concierto de México y nos dijeron que tenían un grupo que hacía versiones de Berri Txarrak. Luego nos confesaron que no habían ensayado la canción, quedaron tres horas antes para ensayarla porque les hacía ilusión que les grabáramos para la película. De hecho, están en la casa del padre de uno de ellos porque el sitio donde ellos ensayan les parecía muy cutre. Un amigo del padre no creía que fuéramos a grabarles, nos agradecieron mucho haber ido. Y nosotros en plan, ¿pero cómo no vamos a venir? ¡Si esto es oro!

Así que lo de Oreka fue probando cosas en el montaje. Quería tener varios niveles de la canción, los diferentes estados de ánimo. Había un plano de unas chicas en Lekunberri que se cayó al final. Y me gustaba lo de pasar de Kobetamendi, que es el concierto más grande que han hecho, a una sala pequeña. Porque siempre parece que tienes que ir de menos a más, quería romper con esa épica. Igual a mí me parece más emocionante que haya cuatro chavales en México que estén haciendo una versión de tu canción.

Y luego, lo del primer plano es un poco lo que te he contado. Con estos referentes que tenía yo, con la investigación que hice, sentía que necesitaba filmar durante un largo tiempo las reacciones de estas personas. Hay muchas más cosas que dejé fuera, tengo miles de planos así. Me encantaría hacer otra película paralela que sea diez planos de diferentes personas escuchando diez canciones.

¿Un James Benning?

M: Eso es (risas). Porque es que además yo me inventaba historias alrededor de estas personas. Siempre eran todos como amantes. Había dos chicas de Lekunberri que yo me inventé que tenían algo entre ellas, que no lo sé. Luego había dos chicos en el Apolo de Barcelona en los que yo sentía amor, pero uno era mayor y el otro más chavalín. Al final me acerqué a ellos y resulta que eran hermanos. Me interesan todas estas historias que puedes ver, sin oír nada, mientras la gente canta. Eso es algo que he disfrutado mucho y que me gustaría llevarlo un poco más al extremo.

Ojalá hubieras estado en el concierto que se menciona en Dardara, en el que solo hubo un espectador, lo habrías tenido muy fácil. Es curiosa esa anécdota por el contraste que produce sobre la dimensión que tenéis como banda. ¿Cómo la recuerdas?

G: Recuerdo que se nos fue de las manos, se hizo viral. Tuvimos un mini debate en la furgoneta sobre si teníamos que publicarlo. Los grupos siempre estamos intentando que parezca que en un concierto con diez personas hay cien, pero aquello fue muy cruel. Estábamos cenando, quedaban veinte minutos, subo y pregunto ¿cuánta gente hay? Hay uno, me dicen. Hostia. Luego se sumaron los del bar para hacer bulto, serían cinco o así al final. Pero lo que es venir, vino uno. Y compró dos camis (risas).

Luego aquello, increíblemente, se hizo viral. Salimos en el Marca, ese tipo de cosas. Nos llamaron medios muy tochos, que no nos habían hecho ni puto caso en la vida. Nos agobiamos un poco porque vale, en Nantes vino solo una persona, pero mañana tocamos en Pamplona e igual vienen diez mil. Para muchas bandas todos los días es Nantes. Para mí hacer bandera de esa anécdota tenía un poco de peligro, por lo que no hicimos ninguna entrevista ni lo comentamos más.

Pero cuando descubres que gente como Juan te conoció gracias a esa noticia te das cuenta de que fue la mejor promoción de la vida. A veces te gastas un dineral para nada y luego resulta que esto se estudiará en las escuelas de marketing (risas). Pero como te digo, nos llegó a incomodar porque parecía que hacíamos bandera de lo guay que éramos. Es verdad que mucha gente habría suspendido aquel concierto, no habría tocado y ya está. Pero si algo destaca la gente de Berri es que da igual dónde sea el concierto. Si estás tocando en el Primavera Sound o en una sala para uno. Se dejan la piel siempre. Para mí ese es el mérito.

Esto también se vio en la que repercusión que tuvo el anuncio de vuestra gira de despedida. Quizás es cuando uno comprueba las consecuencias de lo que era una decisión personal.

G: Hubo mucho debate. ¿Hacemos un bolo de despedida o nos pasamos un año dando la vuelta al mundo? Al final esto es lo que nos gusta. Y así también nos despedíamos de todos los fans, para que la anterior vez que nos vieron no fuera la última. Y fue un locurón. Lo pasé fatal. A mí hasta me tocó el timbre gente que se había quedado sin entrada. Pero a la vez qué guay lo que significa. Lo que se ve también en Dardara, al final has formado una parte importante de la vida de mucha gente. Y eso es la hostia. Luego está la responsabilidad que te entra. Yo tengo mucho apuro, no tengo ni un tatuaje porque es para siempre. No sé ni qué ponerme. Y cuando veo que se tatúan frases de mis canciones me da vergüenza porque igual luego hago una mierda de concierto. Esa responsabilidad es muy agobiante y a la vez súper bonita.

Por último, Dardara se estrena inaugurando Punto de Vista, donde Marina ganó el premio del público con su anterior película. Un público que, al tratarse de un festival de cine, a priori puede ser muy distinto al fan de Berri Txarrak. ¿Qué expectativas tenéis de su respuesta?

M: A mí me encantaría que el público la haga suya. Que canten en el cine, que la vivan. Yo creo que algo así va a suceder. Es una pena, pero creo las medidas de seguridad dan un poco de bajón. Cuando nos sentamos juntos se hace más piña. Pero estoy muy expectante por ver qué pasa. Además, me hace mucha ilusión volver a Punto de Vista porque es mi festival favorito. Y luego aparte, que Berri Txarrak siendo un grupo navarro esté en el festival más importante de Navarra me parece una forma bonita de cerrar el círculo, volver a Pamplona.

G: Sí, a mí me gusta esa fusión, que no sea todo A+B. Creo que mucha gente no se la va a esperar así, para mí es una incógnita muy grande. Hay mil formas de sentir Berri. Hay gente que se engancha por los directos, por los discos, por las letras, de casualidad, porque le gusta a tu hermano mayor… (risas). Y ese punto generacional o nostálgico que pueda tener, porque lo tiene, porque ya la banda no existe, también importa. Habrá gente que la vea y eche de menos esto, porque además era otra vida. ¿Va a volver? ¿Y cómo va a volver? Lo sucedido ha dado un valor añadido sin quererlo a este tipo de imágenes.

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