CUTRECON 2021 – CRÓNICA

Disfrutando del mejor-peor cine

La CutreCon 2021 ha luchado contra la pandemia y contra todas las restricciones impuestas por las autoridades sanitarias para celebrar su décimo aniversario, retrasando su fecha un mes para garantizar, eso sí, que se respetaban todas las medidas necesarias para garantizar la seguridad y la salud de sus asistentes. Con aforo reducido, mascarilla y distancia social obligatorias y cambio de sede, los cines mk2 del Palacio de Hielo de Madrid han acogido una versión reducida en días (3 en lugar de los habituales 5) y en sesiones del festival de cine más gamberro y a contracorriente del panorama nacional. Una muestra del peor-mejor cine, de esas películas hechas sin un duro que son tan malas que se terminan disfrutando (con amigos y cervezas mediante, mejor) más que cualquier blockbuster multimillonario. Aunque siempre hay excepciones. Hay veces que una película barata termina siendo una pequeña obra maestra del séptimo arte, y otras que una producción de gran presupuesto se convierte en una fuente sin fin de vergüenza ajena. Este último sería el caso de Campo de batalla: La Tierra (Roger Christian, 2000), la encargada de inaugurar el festival.

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Campo de batalla: La Tierra. Travolta, más perdido que en el meme de Pulp Fiction

Que uno de sus guionistas, JD Shapiro, esté viviendo temporalmente en Madrid, ha solucionado el gran problema de traer invitados internacionales al que se enfrentaba CutreCon este año. Shapiro, que afirma que su guion fue masacrado y que solamente es culpable de aproximadamente un 5% de lo que aparece en pantalla, nos estuvo relatando los entresijos de esta desastrosa producción de gran presupuesto avalada por la Iglesia de la Cienciología, ya que la historia adapta una de las novelas de ciencia ficción de su fundador, L. Ron Hubbard. Escenas inconexas, y sin mucho sentido narrativo de por sí solas, nos dejan entrever que estamos en el año 3000, en el que una raza alienígena de rastafaris gigantes (Psychlos) liderada, en cierta medida, por John Travolta y Forest Whitaker, tienen esclavizada a la humanidad. La resistencia, encabezada por Barry Pepper, luchará contra ellos gracias a… La suerte, básicamente. Porque su plan no tiene ni pies ni cabeza. Como nada en esta película. Además de las pintas de Travolta, que como buen cienciólogo fue también productor de esta bazofia, lo más característico de la proyección son los planos rodados en ángulos imposibles, como si el trípode de la cámara (o el propio cámara) estuviera borracho. Ante la pregunta de por qué el director tomó esta decisión, Shapiro contestó con sorprendente sinceridad: “Porque era un puto gilipollas”.

La otra producción con presupuesto decente que pudimos disfrutar en CutreCon fue Masters del universo (1987), de Gary Goddard (El Godard bueno, lo llamaron algunos). Pero claro, estamos hablando de la Cannon de Menahem Golan y Yoram Globus, por lo que decir “presupuesto decente” es aventurarse demasiado. La mítica productora tomó los derechos del universo animado de He-Man, Skeletor y el castillo de Grayskull para convertir sus aventuras en una space opera situada en el planeta… Tierra. Por si esto no fuera suficiente para abaratar costes, a un villano (Frank Langella, que sorprendentemente guarda un buen recuerdo de la experiencia según nos relató en Sitges hace un par de años) más que inspirado en Darth Vader le pusieron una máscara de esqueleto del chino, y como protagonista escogieron al inexpresivo y nada carismático Dolph Lundgren, con su acento sueco característico de Eternia. Sin embargo, y a pesar de sus carencias, Masters del universo es una película que es disfrutable más allá de su posible lado cutreconesco, bien sea por nostalgia o por inocencia, y fue la película más respetada por el público asistente.

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Birdemic. El horror, el horror…

Las que no recibieron absolutamente nada de respeto (y menos mal) fueron las integrantes de las dos sesiones dobles y la maratón final de 3 películas del domingo. La caspa y la indecencia salpicaron la pantalla en numerosas ocasiones, aunque quizá con más frecuencia de lo habitual con Birdemic: Shock and Terror (James Nguyen, 2010), la gran sorpresa de la edición. Una especie de revisión de Los pájaros de Hitchcock si la hubiera realizado un niño de 3 años jugando con los gráficos del Paint. Errores garrafales de sonido, sobreactuaciones lamentables, guion de novela Fotolog pre-adolescente… Birdemic es el sueño húmedo del asistente promedio de CutreCon, es todo lo que podríamos imaginar y más, a la altura del Olimpo que integran las cimas del cine de mierda como The Room o Troll 2. Todo lo que diga de ella se queda corto, tan solo puedo aportar que, si os quedáis con ganas de más, el equipo repitió 3 años después en Birdemic 2: The Resurrection. Y no, no es de esas secuelas conscientes que arruinan la magia del original. Al menos no del todo. Es una digna sucesora de la cutrez extrema que desprende la primera.

Además de Birdemic, por la sala 10 de los mk2 pasaron Terminators con bigotón (R.O.T.O.R., Cullen Blaine, 1987), Robocops de cartón contra vampiros chinos saltarines (RoboVampire, Tommy Cheng y Chalong Pakdeevijit, 1988), cyberpunk de todo a cien con eróticas consecuencias (Robotrix, Jamie Luk, 1991) y una maratón de cine de acción en la que 3 películas – Raw Force (Edward D. Murphy, 1982), Presa Mortal (David A. Prior, 1987) y Grupo Asesino (Patrick G. Donahue, 1982) – compartieron testosterona, explosiones, desnudos femeninos gratuitos y al prolífico (y no muy bueno eligiendo guiones al final de su carrera) Cameron Mitchell. Eso sin olvidarnos de la magnífica Psycho Goreman (Steven Kostanski, 2020), de la que ya os hablamos en el pasado festival de Sitges.

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Psycho Goreman (es el de la derecha)

El año que viene, esperemos que ya sin restricciones de aforo ni de horarios, el festival promete grandes sorpresas en forma de invitados, la proyección en estreno mundial de una serie española inédita con 2 temporadas de 10 capítulos cada una en su haber (LJ Detective) y ya ha avanzado su leitmotiv: Dinosaurios. Allí nos veremos.


 

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